¿Por qué no consigues desconectar ni de vacaciones? Los expertos explican el error que impide descansar de verdad
Los especialistas en bienestar de Caldea explican por qué dejar de trabajar no garantiza la desconexión mental y aconsejan reducir progresivamente el ritmo, limitar las pantallas y recurrir a la respiración consciente para descansar mejor
Desconectar durante las vacaciones no siempre es inmediato: los expertos recomiendan bajar progresivamente el ritmo y reducir los estímulos para conseguir un descanso de calidad.
Llegan las vacaciones, empieza el fin de semana o aparecen unas horas libres en la agenda. El ordenador se cierra y las obligaciones quedan aparcadas, pero la cabeza continúa repasando correos, tareas pendientes y todo aquello que habrá que resolver después. Dejar de trabajar no significa necesariamente empezar a descansar. Y esa diferencia puede explicar por qué algunas personas vuelven de unos días libres con la sensación de no haber desconectado realmente.
Los especialistas en bienestar de Caldea, el centro de ocio termal de Escaldes-Engordany (Andorra), sostienen que el problema no reside únicamente en cuánto tiempo dedicamos al descanso, sino en cómo llegamos hasta él y qué hacemos durante esas horas. En una sociedad dominada por la inmediatez, las notificaciones y la sucesión constante de estímulos, pasar de la máxima actividad a la calma no funciona como pulsar un botón.
"Muchas veces llegamos a un momento de descanso con la misma velocidad mental con la que veníamos funcionando hasta entonces. El cuerpo se para, pero la mente necesita un poco más de tiempo", explica María Cortizo, responsable de masajes de Caldea.
La frase resume una situación especialmente reconocible durante las vacaciones. Queremos terminar de trabajar un viernes y sentirnos completamente relajados unas horas después, como si el cerebro pudiera abandonar de inmediato el ritmo mantenido durante semanas o meses.
La solución, según Cortizo, tampoco pasa por convertir la relajación en una obligación más. "No se trata de forzarnos a relajarnos, sino de crear las condiciones para que esta desconexión se produzca progresivamente", señala.
Caldea apuesta por el descanso activo: descansar no es quedarse sin hacer nada
Aquí aparece un concepto que cambia la manera tradicional de entender el tiempo libre: el descanso activo. No significa llenar las vacaciones con planes hasta convertirlas en otra agenda de obligaciones, sino elegir actividades capaces de modificar el ritmo y devolver la atención al presente.
Un paseo tranquilo, escuchar música, respirar conscientemente, entrar en contacto con el agua o disfrutar de un masaje pueden formar parte de esta manera de descansar. La clave no estaría tanto en la actividad concreta como en el cambio de ritmo que consigue generar.
"El descanso no consiste necesariamente en dejar de hacer cosas. Podemos encontrar formas de descanso que implican movimiento, estímulos sensoriales o una actividad determinada, siempre que nos ayuden a salir de la dinámica cotidiana. El objetivo es recuperar un ritmo más sereno y dar espacio tanto al cuerpo como a la mente", explica Cortizo.
Caldea recomienda empezar por algo sencillo: bajar el ritmo poco a poco
Pretender pasar directamente de una jornada de máxima exigencia a un estado de relajación absoluta puede convertirse, paradójicamente, en otra fuente de frustración. Los expertos de Caldea recomiendan concederse un periodo de transición y abandonar la expectativa de tener que sentirse relajado inmediatamente.
La idea es sencilla: la desconexión no funciona como un interruptor. Necesita cierto margen para producirse.
Esto implica también dejar de medir el descanso por su productividad. No hay que aprovechar cada minuto ni cumplir una determinada cantidad de experiencias para considerar que el día libre ha merecido la pena. Precisamente, permitir que el ritmo disminuya puede ser una de las primeras condiciones para empezar a descansar.
Caldea señala las pantallas como uno de los estímulos que conviene limitar
El teléfono móvil tampoco tiene que convertirse necesariamente en el enemigo. La propuesta de los especialistas es más realista: crear determinados momentos sin notificaciones, correos electrónicos o redes sociales.
Retrasar la hora de acostarse para seguir mirando el móvil puede convertirse en una forma de procrastinación del sueño y reducir el descanso noche tras noche.
Reducir esos estímulos durante periodos concretos permite desplazar la atención hacia lo que está ocurriendo alrededor y facilita una pausa mental. Puede ser especialmente útil cuando buena parte de las obligaciones profesionales y personales llegan precisamente a través de una pantalla.
No se trata, por tanto, de plantearse unas vacaciones completamente desconectadas de la tecnología, sino de recuperar el control sobre cuándo se consulta el teléfono y cuándo se decide apartarlo.
Caldea propone la respiración consciente como una herramienta para frenar
No hace falta una técnica complicada. Prestar atención durante unos instantes a la respiración puede convertirse en una forma sencilla de marcar la transición entre la actividad y la pausa.
Los especialistas de Caldea aconsejan realizar varias respiraciones profundas antes de comenzar un momento de descanso o entre distintas actividades. El objetivo es favorecer la calma y preparar el cuerpo para entrar progresivamente en un estado de mayor relajación.
Un gesto mínimo, como respirar profundo con intención, puede ser suficiente para recuperar el equilibrio emocional en medio del caos diario.
Escuchar al cuerpo forma parte de la misma filosofía. Significa olvidarse durante un rato de la necesidad de llegar a todo, alternar actividad y pausa y permitir que cada experiencia dure lo que cada persona necesite.
En un circuito de bienestar, por ejemplo, esto supone evitar recorrer cada espacio con prisas o con la sensación de tener que completar obligatoriamente todo lo disponible. La propuesta pasa precisamente por prestar atención a las sensaciones y dejar que estas evolucionen de manera natural.
El objetivo final va más allá de unas vacaciones. Según los especialistas del centro termal, el descanso activo no debería reservarse exclusivamente para esos momentos en los que el agotamiento ya se ha acumulado.
Incorporar pequeñas pausas de calidad en el día a día puede ayudar a construir una relación diferente con el descanso. De este modo, desconectar deja de ser algo que únicamente ocurre durante una semana de agosto o un fin de semana fuera de casa y empieza a integrarse en la rutina.
Esta filosofía también está detrás de la propuesta de bienestar de Caldea. El agua termal funciona como hilo conductor, pero el centro combina los circuitos acuáticos con zonas destinadas a la relajación y tratamientos corporales que utilizan el tacto y los estímulos sensoriales para dirigir la atención hacia el propio cuerpo.
Entre ellos se encuentran rituales como el Abhyangam, de inspiración ayurvédica, o el Hanakasumi, de inspiración japonesa, además de masajes relajantes y otras experiencias sensoriales. No se plantean como una fórmula universal para desconectar, sino como diferentes recursos con los que experimentar otra manera de dedicarse tiempo.