ESdiario

La medicina hace milagros, pero nosotros seguimos tentando a la suerte

FONENDO

FONENDO

Publicado por

Creado:

Actualizado:

En:

Durante años hemos organizado la medicina con bastante sentido del orden. El cardiólogo, al corazón. El endocrino, al azúcar. El nefrólogo, al riñón. Y cada medicamento, a ser posible, en su cajón correspondiente.

Hasta que llegó la dapagliflozina y decidió ampliar competencias.

Nació como un fármaco para tratar la diabetes tipo 2, pero con el tiempo empezó a demostrar beneficios cardiovasculares y renales. Ahora, el estudio DapaTAVI añade otro capítulo: administrada a determinados pacientes sometidos a una TAVI —el implante de una válvula aórtica mediante catéter— puede reducir el riesgo de muerte o empeoramiento de la insuficiencia cardiaca.

Y hablamos de pacientes con una edad media de 82 años.

Es difícil no maravillarse: llegamos por una arteria hasta el corazón, sustituimos una válvula sin abrir el tórax y después administramos un medicamento para mejorar el pronóstico.

Pero mientras la medicina dedica enormes esfuerzos a conseguir que lleguemos cada vez más lejos y en mejores condiciones, nosotros conservamos una sorprendente capacidad para complicarle el trabajo.

Y para comprobarlo no hace falta entrar en un quirófano. Basta con subir a una estación de esquí.

ILUNION Fisioterapia nos recuerda algunas recomendaciones para evitar lesiones esquiando: calentar, utilizar el equipo adecuado, controlar la velocidad y, sobre todo, elegir pistas acordes con nuestro nivel.

Consejos revolucionarios.

Especialmente ese último, difícil de recordar cuando llevamos tres bajadas, dos cervezas y alguien pronuncia la frase que precede a numerosas visitas a Urgencias:

«Tú sígueme, que esta pista es fácil».

Podemos sustituir una válvula a los 82 años y encontrar nuevas utilidades para medicamentos que nacieron para otra cosa.

Pero todavía no hemos inventado nada contra hacer el idiota.

Aunque, viendo cómo avanza la medicina, démosle tiempo.

Y tampoco hace falta ponerse unos esquís, lanzarse por una pista negra o confiar en ese amigo que siempre dice «sígueme, que es fácil» para poner a prueba nuestra salud.

A veces basta con quedarse tranquilamente en casa, sentarse en el sofá y frotarse los ojos.

Sí, frotarse los ojos. Ese gesto que llevamos haciendo toda la vida y que, por lo visto, tampoco estaba exento de riesgos.

Porque si pensaban que lo de esquiar sin saber era una temeridad, esperen a descubrir que también podemos meternos en problemas sin levantarnos del sofá.

Y lo peor es que nuestras madres ya nos habían avisado.

Hay deportes de riesgo que requieren casco, arnés y un seguro de vida. Y luego está ese gesto tan cotidiano, tan inocente y aparentemente placentero como frotarse los ojos. Resulta que también puede acabar pasándonos factura. Y no precisamente pequeña.

Los oftalmólogos del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, en Tenerife, han lanzado una advertencia que merece abrirnos los ojos, nunca mejor dicho: frotárselos de manera repetida puede favorecer el desarrollo o la progresión del queratocono, una enfermedad que deforma progresivamente la córnea y compromete la visión.

En cinco años han atendido a 281 pacientes con esta patología. Una cifra que invita a tomarse en serio algo que hacemos casi sin pensar, especialmente cuando aparecen las alergias, el polvo o esa calima que convierte el aire en una sopa de arena.

La cuestión es que la córnea no es una alfombra que podamos restregar alegremente. Tiene una estructura delicada y, cuando se debilita, puede adoptar una forma irregular que dificulta la visión. En los casos más graves, incluso puede ser necesario un trasplante.

Por fortuna, existen tratamientos como el crosslinking, que ayuda a frenar su progresión. Pero, como casi siempre en medicina, llegar a tiempo marca la diferencia.

Mi conclusión es sencilla: si nos pican los ojos, mejor consultar al especialista que lanzarnos a una sesión de frotamiento compulsivo. Especialmente si tenemos antecedentes familiares o problemas visuales.

Porque llevamos toda la vida escuchando aquello de «no te frotes los ojos» y pensando que era otra exageración de nuestras madres.

Pues mira tú por dónde, otra vez tenían razón.

Y nosotros, empeñados en no verlo.

Al final, resulta que la medicina es capaz de cambiar una válvula cardiaca sin abrir el pecho, frenar enfermedades de la córnea y conseguir que personas de más de 80 años tengan una mejor calidad de vida.

Pero sigue sin poder evitar que nos lancemos por una pista de esquí sin saber frenar o que nos frotemos los ojos como si estuviéramos sacándole brillo a los cristales del coche.

Quizá el próximo gran avance médico no sea un nuevo fármaco ni una sofisticada técnica quirúrgica.

Quizá sea conseguir que, de vez en cuando, hagamos caso a los médicos.

Y a nuestras madres, que llevan décadas ejerciendo la medicina preventiva sin necesidad de pasar por la facultad.

tracking