Premio Ecología: el reconocimiento justo a la España que cuida
El Instituto Juan Belmonte y Legados reivindicaron en el Senado un modelo de justicia con el sector primario que prioriza la ciencia aplicada y la gestión real frente al ecologismo de eslogan.

Ganadores del Premio Ecologia 2026.
El pasado jueves 26 de marzo se celebró en el Senado de España el acto de entrega del Premio Ecología 2026, una iniciativa impulsada por el Instituto Juan Belmonte y Legados con un claro mensaje político y cultural: el medioambiente no se defiende solo desde el eslogan; se defiende desde la acción en el territorio.
Mi admirado Fernando Gomá, presidente del Instituto Juan Belmonte, lo explicó con mucho atino y claridad en un artículo reciente: el Premio Ecología pretende ser un “acto de justicia” con quienes trabajan en el sector primario. En este caso, el concepto justicia destaca sobremanera, ya que durante demasiado tiempo la conversación ambiental ha tenido una extraña manía: hablar mucho del planeta en términos abstractos y poco de quienes sostienen el territorio.
Lo interesante es que la conversación está cambiando. Y no por iluminación colectiva, sino porque la realidad es tozuda. Las tensiones en el escenario internacional han provocado volatilidad en dos de nuestros pilares esenciales para nuestro bienestar, como son la energía y la alimentación. Todo ello sin perder de vista su impacto en la economía real con el alza de los precios, en la seguridad por la incertidumbre en el suministro y en la necesaria resiliencia que ya no es un atributo diferencial, si no obligado. Digamos que nos hemos dado cuenta de que no podemos ser ingenuos.
Por todo ello, este premio llega en un buen momento y con el foco puesto en la combinación de conocimiento empírico sobre el territorio y, en el caso del primer premiado, su combinación con la ciencia y la investigación. Jaime Olaizola es investigador y fundador de una empresa dedicada a la reforestación inteligente, es decir, ciencia aplicada al terreno, innovación con botas. Palentino, doctor ingeniero de Montes y custodio del territorio, Jaime encarna a la perfección los valores del premio: una investigación puntera en ecologismo y un firme compromiso con la conciliación entre el campo y la conservación.
El Premio Ecología, precisamente, funciona como antídoto a esa desconexión: visibiliza a quienes ya están haciendo. A quienes conservan, no como quien frena, sino como quien mantiene el equilibrio y piensa a largo plazo. A quienes entienden que la sostenibilidad no es un postureo ni un lavado de imagen, sino la plasmación de cambios y mejoras que, aunque en ocasiones puedan parecer pequeñas, son persistentes y medibles.
Donde sí hemos ahondado en la simbología ha sido a la hora de escoger el lugar para la celebración. El Senado, la Cámara Alta, ensalza la representatividad de y desde los territorios, el lugar en el que cada provincia obtiene el mismo peso y, por lo tanto, se presupone, una mayor atención y sensibilidad hacia la España que gestiona, produce y cuida, aunque no necesariamente concentre a la mayor parte de la población.
En esta misma línea, con respecto a iniciativas que ponen en valor la gestión, la producción y el territorio, cabe subrayar “Naturaleza en equilibrio”, un trabajo audiovisual que hemos impulsado con la Real Federación Española de Caza que refleja, desde una perspectiva cercana y real, el papel fundamental de la actividad cinegética en la gestión y sostenibilidad del medio natural.
En el fondo, lo que el Premio Ecología está diciendo es algo muy simple: no hay sostenibilidad sin territorio, ni territorio sin gente que lo trabaje, lo habite, lo gestione y lo ame. Lo demás puede ser una gran teoría, pero no será suficiente.
Deseamos que el Premio Ecología dure muchos años, se consolide como un reconocimiento de prestigio y, sobre todo, provoque menos discusión sobre posiciones y más visibilidad de soluciones. Que proyecte un país donde no hay buenos ni malos, y en caso de que los hubiera, desde luego estos no serían los que cuidan cada día de lo nuestro.