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Energía Termosolar: la renovable que se ha convertido en la gran olvidada

España no parte de cero. Es líder mundial en tecnología, ingeniería y operación en tecnología solar térmica de alta temperatura

La energía termosolar, la gran olvidada

La energía termosolar, la gran olvidadaPROTERMOSOLAR

Armando Paz
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En España hemos construido un sistema energético donde lo importante no es tanto lo que funciona, sino lo que conviene al relato político.

Y en ese sistema, la termosolar tiene un problema: funciona demasiado bien, pero no encaja en el relato. Por eso está estancada desde hace años, perdiendo participación en el mix eléctrico. Como el bombeo reversible, del que hablaremos mañana.

Desde 2018 sólo la fotovoltaica ha incrementado su participación en el mercado eléctrico español de manera relevante; de 4.800 megavatios a los 51.500 actuales, más que multiplicando por diez su potencia instalada. Además de 10.000 megavatios de autoconsumo. Como muy poco se ha hecho con almacenamiento, produce cuando puede y entra en el sistema cuando le dejan, cuando hay espacio en la red para tanta sobreoferta.

Esos “atascos” en horas solares, se regulan por el sistema con “servicios de ajuste”. Estos han incrementado su coste tanto como la fotovoltaica su crecimiento; en 2024, dos mil seiscientos millones; en 2025, cuatro mil millones; y al ritmo que llevamos en 2026, este año alcanzaríamos los seis mil millones. Lo pagamos todos en la factura eléctrica.

Pero mientras la fotovoltaica produce cuando puede, la termosolar produce cuando debe. Genera electricidad a partir del sol, de forma síncrona, como las centrales de siempre, aportando inercia, estabilidad y control de tensión a la red, justo lo que necesita un sistema cada vez más tensionado por renovables intermitentes. Es decir, no solo genera energía, sino sistema.

Además tiene otra mala costumbre: almacenar. Lleva el sol del día a la noche, gracias a sus depósitos de sales fundidas, que almacenan el calor y produce así en días nublados y puede funcionar de manera continua, 24 horas. En un mundo obsesionado ahora con las baterías chinas, conviene recordar que esto ya existe desde hace décadas, liderado por España… y funciona.

Y por si fuera poco, puede aportar energía térmica renovable a los procesos industriales que aún no pueden electrificarse y usan gas.

¿Cuál es el problema? No lo es la lógica económica de sistema. Porque cuando se incorporan todos los costes que integra y que otras externalizan—almacenamiento, respaldo, refuerzos de red— la termosolar deja de ser aparentemente cara para convertirse en una de las opciones más eficientes para aportar energía renovable gestionable.

España, además, no parte de cero. Es líder mundial en tecnología, ingeniería y operación en tecnología solar térmica de alta temperatura. Más del 80% del valor de una planta se queda en el país, genera empleo cualificado y fortalece una cadena industrial propia. Es decir, no solo produce energía, produce progreso e industria española.

Y, sin embargo, ahí está. Al otro lado del muro. Castigada cara a la pared. Donde estaba hace veinte años; 2.300 megavatios. Apenas un 4% de la instalada con fotovoltaica. A la espera, mientras se esfuerza en no desesperar. La Asociación del gremio acaba de publicar un Decálogo con las ventajas de esta tecnología olvidada, para la que reclaman adhesiones con una fe casi religiosa, confiando en que el gobierno escuche. Mucha suerte.

Mientras otros países integran termosolar cuando necesitan renovables firmes y gestionables, nosotros la ignoramos con férrea disciplina. No porque no sirva, sino porque no encaja en el relato. Porque no es inmediata en su ejecución, no es simple en su evaluación, no es fácilmente fragmentable en proyectos rápidos con retornos veloces. No puede “democratizarse”. Exige planificación, capital intensivo, conocimiento técnico y, sobre todo, estabilidad regulatoria.

Demasiadas condiciones para una política energética que prefiere la velocidad que acaba en accidente.

La termosolar, en el fondo, representa todo lo que debería ser la transición energética: tecnología madura sin emisiones, generación con recurso renovable autóctono, operación gestionable, integración natural del almacenamiento, aportación directa a la estabilidad del sistema sin necesidad de refuerzos y capacidad para descarbonizar incluso procesos industriales térmicos, sosteniendo la industria de arraigo en la España despoblada. Es la pieza que permite que el resto funcione sin sobresaltos.

Pero también representa todo lo que el modelo evita: decisiones a largo plazo, retornos diferidos y barreras al “pelotazo”. ¿Por eso no se impulsa?

Las consecuencias del desequilibrio estallaron con el apagón; un sistema cada vez más renovable… y cada vez más inestable. Más barato en apariencia… y más caro cuando se incorporan los costes ocultos. Y con la fotovoltaica tirando el 40% de la nueva generación que instala hoy porque no hay sitio para toda.

Impulsar la termosolar no resolvería todos los problemas. Pero sí resolvería algunos de los más importantes. Y, sobre todo, haría algo imperdonable en el contexto actual: introducir racionalidad en la política energética y poner coto al negocio de los “conseguidores”.

Tal vez por eso sigue esperando.

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