Otra del PSOE: la IA abaratará la luz, pero no en España
Imagen generada por Inteligencia Artificial.
Teresa Ribera acaba de descubrir la inteligencia artificial. No se rían. Es verdad. La Vicepresidenta europea sostiene ahora que la IA puede ahorrar hasta 71.000 millones de euros anuales a los consumidores europeos mediante una gestión más eficiente de las redes eléctricas, una mejor previsión de la demanda y una integración más inteligente de las energías renovables. Nada menos.
La noticia es magnífica. Lo que cabe preguntarse es porque no se aplicó a la labor mientras fue la Ministra del ramo en España. A Ribera le va a pasar con la IA lo mismo que le ha pasado con la nuclear. Fue cruzar la frontera y ampliar la nómina y donde dije digo, digo Diego.
Bienvenido sea el cambio; porque la mandataria de Bruselas parece haber entendido que la transición energética no consiste en aplicar la ideología sino la inteligencia y la tecnología. Natural y artificial.
Y es que mientras Europa debate procedimientos, China y Estados Unidos construyen capacidad computacional. Allí la pregunta es cómo acelerar. Aquí sigue siendo cómo limitar.
Para aprovechar el potencial de la IA en el sector energético no basta con relatos ni hojas de ruta, porque mientras Ribera la predica en Europa, su pupila y heredera política en España, la Vicepresidenta Tercera y Ministra Sara Aagesen, está empeñada en dificultar precisamente aquello que la hace posible.
Porque la inteligencia artificial no vive del aire ni de ruedas de prensa. Necesita centros de datos. Necesita potencia eléctrica. Necesita redes. Necesita inversiones. Y necesita, sobre todo, que los gobiernos no se conviertan en el principal obstáculo para que todo eso ocurra.
Aquí nada de lo que se necesita acabamos de tenerlo. No por falta de recursos y capacidades, sino por la desidia y la obcecación gubernamental. La sensación creciente en el sector es que España corre el riesgo de convertirse en uno de los países más exigentes de Europa para autorizar una infraestructura que ahora nos dice Ribera desde Bruselas que es estratégica.
Exigencias de autoconsumo, aprovechamiento del calor residual, cuotas de suministro renovable… La lista de “innovaciones” regulatorias españolas, que no exige la UE, es amplia. Y las que faltan, porque el Real Decreto-ley 7/2026 anuncia un próximo Real Decreto para la conexión a red de los centros de datos, lo que acrecienta la incertidumbre de los potenciales inversores.
Resulta difícil seguir la lógica del sanchismo energético. Por la mañana nos explican que la inteligencia artificial es estratégica para Europa. Por la tarde anuncian nuevas exigencias regulatorias para los centros de datos. Por la noche nos cuentan que España debe liderar la revolución digital. Es como anunciar un plan para fomentar el turismo mientras dinamitas los aeropuertos.
La contradicción permanente entre sus sucesivos relatos resultaría cómica si no tuviera consecuencias trágicas. Málaga lleva más de dos décadas instalando centros de innovación y empresas digitales, atrayendo en los últimos años multinacionales tecnológicas y proyectos industriales de alto valor, que ven en esa especialización digital una importante ventaja competitiva. Pero acaba de perder una inversión de 1.000 millones de euros porque la compañía estadounidense Diamond Foundry, de diamantes sintéticos para usos industriales, no encuentra suficiente capacidad de acceso y conexión a la red eléctrica allí. Planificación de redes que depende de la semipública Red Eléctrica y que debe aprobar el gobierno. Es solo el ejemplo más reciente.
Europa quiere competir con Estados Unidos y China en inteligencia artificial. Alemania moviliza cientos de millones para desarrollar campeones europeos. China construye centros de datos a velocidad industrial. Estados Unidos directamente compite a escala continental. España, entretanto, debate cómo complicar los permisos, endurecer requisitos y decidir desde un despacho ministerial quién puede conectarse y quién no a la red eléctrica. Naturalmente, todo ello en nombre de la sostenibilidad. La palabra mágica. La misma sostenibilidad que sirve para justificar una cosa y la contraria.
Señora Ribera, si la inteligencia artificial va a permitir reducir costes energéticos, optimizar redes, integrar renovables y mejorar la competitividad europea, ¿por qué la que fue su compañera de gobierno y sostiene su partido pone trabas precisamente a las infraestructuras que serán necesarias para sostenerla? ¿Les importa un poco España o solo es instrumento de paso hacia otros destinos que Vds consideran más gloriosos o jugosos?
Si Europa quiere competir en inteligencia artificial, necesita centros de datos. Si España quiere atraer inversiones tecnológicas, necesita centros de datos. Si queremos que la inteligencia artificial ayude a gestionar mejor nuestro sistema energético, también necesitamos centros de datos. Cuantos más en España, mejor.
Cada centro de datos que no se construya en España acabará construyéndose en otro lugar. Cada inversión que se retrase aquí terminará acelerándose fuera. Y cada oportunidad tecnológica que Europa deje escapar será aprovechada por quienes no tienen ninguna duda sobre la importancia estratégica de la inteligencia artificial.
La IA será capaz de ahorrar decenas de miles de millones de euros a los consumidores europeos. En esto si tenemos que darle la razón a Teresa Ribera. Pero la verdadera incógnita es si cuando llegue ese momento la tecnología estará funcionando en Europa... o si volveremos a comprarla fuera después de haber impedido que se desarrollara dentro.
Porque para los altos dirigentes del PSOE gobernante, la IA es fantástica cuando aparece en una rueda de prensa de Bruselas. Pero un problema cuando necesita acceso y conexión y gran consumo eléctrico en nuestro país. Aparece así otra ocurrencia del PSOE: la IA abaratará la luz en Europa, pero harán todo lo posible para que sea fuera de España. Y a eso le llaman sostenibilidad…