Las islas que unen tres continentes son un gran objetivo estratégico
España y su archipiélago atlántico son escala obligada para conectar algunas de las grandes cadenas de producción manejadas por China.

Vista aérea de un puerto de contenedores, uno de los principales nodos del comercio marítimo internacional.
Canarias es un territorio que atrae grandes cifras de turismo y también, en los últimos años, bastantes líos migratorios. Fuera de populismos, debemos reconocer que es una escala internacional de gran calibre y ahora está, más que nunca, en el foco de las principales potencias. Las islas están volviendo a ganar peso geopolítico por la exponencial demanda de baterías, hidrógeno y minerales, ya que buena parte del tráfico entre Europa, África y América pasa por delante de ellas.
Un archipiélago que ya funciona como plataforma
El Puerto de Las Palmas mantiene conexión marítima regular con 510 puertos de 135 países, con líneas semanales hacia África Occidental. Esto es inigualable para cualquier puerto europeo continental gracias a la proximidad al continente vecino. Entre 2016 y 2025 movieron más de veinte millones de toneladas con origen o destino en Latinoamérica y África, y solo el año pasado el tráfico de mercancías creció un 16,5%.
En infraestructura digital, se acaba de poner en marcha el despliegue del cable submarino Vía África, un consorcio con participación de Orange y Canalink que conectará Reino Unido, Francia, Portugal y Canarias con Mauritania, Senegal y el resto del Sahel, y con intenciones de ampliar hasta Sudáfrica. Este “cablecito” se suma a la decena de cables que amarran las islas y las convierten en uno de los pocos nodos del planeta donde se cruzan datos entre tres continentes con jurisdicción europea.
El Gobierno de Canarias presentó en marzo de 2026 la primera Estrategia Canarias África 2025 2038, elaborada con más de cien entidades y universidades públicas, que articula por primera vez de forma coordinada la relación económica, comercial, energética y formativa con el continente vecino.
Quién más está jugando aquí
Los chinos llevan haciéndolo desde 1980, cuando instaló su base atlántica en el Puerto de Las Palmas. Desde entonces la flota pesquera china opera en el Atlántico africano con Canarias como plataforma, un modelo funcional que ha crecido en silencio durante más de cuatro décadas y que explica muchas cosas del debate actual sobre la sobrepesca frente a Senegal y Mauritania.
Marruecos ha leído ese mismo mapa antes que nosotros y con bastante más ambición política. Tanger Med ha superado ya los diez millones de contenedores anuales y domina más del 47% del tráfico del estrecho, mientras la primera giga factoría china de baterías del continente africano se está construyendo en Kenitra con una inversión inicial de 1.200 millones de euros por parte de Gotion, ampliable hasta 6.500 millones. La ventaja marroquí es demoledora en un aspecto que en Bruselas no quiere ni mencionar: es el único país del entorno con acuerdos de libre comercio simultáneos con la Unión Europea y con Estados Unidos, mientras nosotros estamos subyugados a las condiciones y decisiones de otros.
Qué significa un puente bien negociado
Un puente serio cobra peaje, deja la industria a los lados y decide en qué condiciones se atraviesa. Eso hizo Grecia en 2016 cuando cedió a COSCO el 67% del Puerto del Pireo por 368,5 millones de euros con un compromiso de diez mil empleos verificables en cinco años. Hoy el Pireo es el primer puerto del Mediterráneo oriental porque Atenas puso condiciones concretas sobre la mesa antes de firmar.
España cuenta con tres palancas que no tienen ninguna otra economía europea al mismo tiempo. La primera es su posición geográfica, con el Estrecho al sur, Canarias frente al Sahel y una fachada atlántica que conecta con Latinoamérica de forma natural. La segunda es una red empresarial en América Latina de un tamaño que muy pocos países pueden mostrar, con una posición inversora acumulada superior a 131.500 millones de euros según el Real Instituto Elcano y compañías como Santander, BBVA, Iberdrola, Telefónica, ACS o Repsol operando allí desde hace décadas. La tercera es el idioma, hablado por más de seiscientos millones de personas.
Zaragoza como aviso y como precedente
La giga factoría de baterías que Stellantis y CATL construyen en Figueruelas con una inversión de hasta 4.100 millones de euros siendo la mayor operación industrial china en España. La estructura se firma como joint venture al 50% con un fabricante europeo, lo que asegura codecisión y algo de transferencia de conocimiento. Pero le falta lo esencial de un puente bien negociado, empezando por cláusulas públicas verificables sobre porcentaje mínimo de contenido local, proveedores nacionales obligatorios, traslado de investigación a centros españoles o volúmenes mínimos de exportación desde territorio español hacia terceros mercados. Recibimos la inversión, pero el marco contractual con el país no acaba de blindar el retorno a largo plazo.
Canarias, con su fiscalidad y una posición geográfica única, puede negociar acuerdos con condiciones mucho más exigentes sin ahuyentar la inversión. Precisamente porque la ventaja competitiva del sitio es tan alta, el margen para exigir también lo es.
Lo que se podría hacer
Un plan sensato empezaría por elegir dos sectores donde Canarias tiene una ventaja evidente y concentrar allí la negociación. La energía renovable y el almacenamiento son el primer candidato, porque las islas necesitan actualizar urgentemente su mix eléctrico y porque el continente africano va a demandar tecnología solar y de baterías durante los próximos treinta años. La desalación y la gestión avanzada del agua son el segundo, un terreno donde las empresas españolas llevan décadas exportando proyectos con éxito y donde la demanda africana no va a parar de crecer.
Sobre esa base, cualquier acuerdo con inversores chinos, europeos o americanos debería incorporar exigencias mínimas de participación española real en el capital, con un suelo del 51% en sectores estratégicos, transferencia tecnológica auditable con hitos y sanciones por incumplimiento, y cláusulas de exportación desde Canarias hacia África y América Latina para que la inversión genere volumen y no se limite a servir al mercado local.
Es lo mismo que hace Alemania cuando aprueba una compra industrial extranjera y lo mismo que ha hecho Grecia con el Pireo. La diferencia entre quedarnos como estamos y dar un salto real está en la voluntad política de convertir Canarias en la palanca que puede ser, en lugar de dejarla como pasillo por el que otros circulan pagando lo mínimo.
Sostenibilidad
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Raúl Martínez de Miguel