Entrar al centro de la ciudad por pegatina, no por medio ambiente
Las zonas de bajas emisiones dejan entrar a un todoterreno que gasta once litros si tiene buen filtro, y vetan a un utilitario que consume la mitad porque se matriculó un año antes.

Cartel de zona de emisiones reducidas.
Las zonas de bajas emisiones se han instalado como una herramienta ambiental para restringir el uso de vehículos que emiten “demasiado” CO2. Pero, la etiqueta de la DGT no clasifica por consumo ni por emisiones reales, sino por norma Euro y fecha de matriculación. Un coche gasolina matriculado desde 2006 y un diésel desde septiembre de 2015 reciben la etiqueta C independientemente del consumo de petróleo.
Un diésel que gasta once litros a los cien entra al centro con la misma pegatina que un utilitario que gasta cuatro y medio. Uno tiene un buen filtro de partículas y una cilindrada enorme, y el otro un motor pequeño que apura cada gota, pero para la ordenanza son lo mismo.
No veo el sentido de mantener el consumo de petróleo igual de alto, pero bajar el CO2. Sería mejor bajar el consumo de crudo para exigir menos recursos en el transporte del mismo y producir un ahorro real para los ciudadanos, a la vez que mantienes el CO2 bajo.
Cómo funciona el filtro español
La Ley de Cambio Climático obligó desde 2023 a los 149 municipios de más de 50.000 habitantes a crear su ZBE. Madrid es el caso más avanzado y desde enero de 2025, los coches sin etiqueta no pueden circular por el término municipal, y el acceso a las zonas protegidas queda reservado a las categorías B, C, ECO y Cero.
Las etiquetitas: la B cubre gasolina de 2001 a 2005 y diésel de 2006 a 2015. La C, gasolina desde 2006 y diésel desde septiembre de 2015. La ECO es para híbridos y gas. La Cero, para eléctricos. En ningún paso se mide cuántos litros gasta el coche, solamente miden cuándo se matriculó.
Lo que entra y lo que no cuadra
El todoterreno de once litros con filtro nuevo puede pasar por el centro, un eléctrico entra con etiqueta cero, aunque su batería arrastra toneladas de CO₂ de fabricación y una extracción de litio y cobalto que aquí no toleraríamos. El coche pequeño y austero, que contamina y consume menos recursos, puede quedarse fuera por un año de matriculación.
Si el objetivo fuera ambiental, el criterio sería por consumo de recursos. Un umbral de cuatro litros a los cien sería una medida de eficiencia directa. Cada litro que no se quema es crudo que no se extrae ni se transporta, pero ninguna ciudad del mundo clasifica el acceso así. Todas usan la norma euro o la pegatina, porque una cámara lee una matrícula, pero no lee un consumo.
China aplica otras normas
En China no existe la zona de bajas emisiones europea para turismos. Existe el control de la matrícula en algunas zonas del país. En Pekín, desde 2008, cada coche no puede circular un día laborable a la semana según el último dígito de la placa. En Shanghái, la matrícula de un coche de combustión se subasta y supera los 12.000 euros y la de un eléctrico es gratuita. Los vehículos de nueva energía llevan placa verde y están exentos de las restricciones.
El resultado es que el parque se mueve hacia la industria que fabrica el propio país. Allí no se administra cuánto contamina el que entra, sino que se administra quién tiene derecho a tener coche, y ese derecho se premia cuando la compra es de la tecnología que interesa, consiguiendo que su industria se fortalezca desde su propio país.
A quién le interesa este criterio
Una norma que castiga la antigüedad y premia estrenar coche no empuja a contaminar menos, empuja a comprar más. El que tiene un coche de 2007 que funciona perfectamente se queda fuera del centro y acaba en un concesionario del extrarradio. El que puede permitirse un coche nuevo cada cinco años no nota la ordenanza, pero el que va ajustado de economía, sí.
Los fabricantes necesitan vender coches nuevos, no que duren los viejos. Los fondos que mueven la industria y la financiación del automóvil viven de la renovación constante del parque y no de la reparación. Una etiqueta que caduca por calendario es una campaña de ventas permanente pagada con dinero público y con la coartada del aire limpio.
Si de verdad se quisiera que entrara el que menos daña, la regla mediría lo que el coche gasta y lo que su cadena arrastra, no el año de matriculación. Parece que nos dan un motivo real, pero en realidad estas ordenanzas sirven para mover el mercado y mantener a la gente comprando. Limpiar el aire es solo una excusa para mantenernos en la rueda del hámster. Volvemos a poner parches en lugar de atajar el problema desde la raíz.