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El suspenso del regreso y el olvido del venezolano

Mientras la atención internacional gira en torno al regreso de la líder opositora, los ciudadanos venezolanos continúan soportando salarios insuficientes, servicios públicos precarios y una crisis que no espera desenlaces políticos

La líder opositora y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, en una imagen de archivo.

La líder opositora y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, en una imagen de archivo.David Cruz Sanz

La reactivación de la industria de la telenovela en Venezuela parece estar activándose, pero no precisamente con una producción audiovisual. Con sus dosis calculadas de suspenso, giros dramáticos, héroes trágicos, antagonistas implacables y la promesa constante de un desenlace que nunca termina de llegar, la agenda pública nacional e internacional ha quedado secuestrada por un libreto. El tema estelar de la temporada no es el colapso de los servicios públicos, ni la hiperinflación, ni la especulación por falta de marco jurídico, ni los salarios, ni los mil tipos de cambio que existen; es la campaña de intriga alrededor del dilatado regreso de María Corina Machado a Venezuela.

El elenco principal

Como en toda producción dramática de alto presupuesto, cada personaje cumple un rol minuciosamente asignado. En el centro de la escena, la figura de Machado encarna a la protagonista que desafía al poder. A su alrededor, dirigentes de su propia agrupación política, como Henry Alviarez, operan como los coprotagonistas encargados de mantener encendida la llama de la expectativa, gestionando una narrativa de inminencia que busca mantener a la audiencia en un estado de vilo permanente.

Sin embargo, en el guion se ven las grietas cuando entra en escena el reparto internacional. Desde Washington, la actuación del secretario de Estado, Marco Rubio, y de los voceros de la Casa Blanca oscila entre el respaldo encendido ante los micrófonos y las constantes contradicciones operativas en la práctica. Se envían señales cruzadas, se prometen garantías que luego se condicionan y se mantiene una ambigüedad calculada que responde mucho más al cálculo político interno de Estados Unidos que a la viabilidad real del retorno de la líder opositora.

Los antagonistas

Toda telenovela requiere antagonistas que interpongan obstáculos insuperables en el camino de la protagonista. En este libreto, el papel de los villanos no solo lo ocupa la cúpula del régimen en Caracas, sino también los gobiernos de aquellos países de la región que, según las denuncias y reportes, han negado permisos de sobrevuelo, derechos de aterrizaje o escalas técnicas para impedir que la aeronave continúe su rumbo a territorio venezolano.

El resultado de este dramático, al menos por ahora y en lo personal esperando que sea diferente, es un monopolio absoluto de la atención mediática que se vuelve cansado. En las ruedas de prensa en la Casa Blanca y en los pasillos de las cancillerías continentales, parece existir una sola pregunta en la libreta de los reporteros: ¿Cuándo aterriza María Corina? El morbo del vuelo y la logística aérea han reemplazado al debate político de fondo, convirtiendo un asunto de altísima gravedad institucional en un minuto a minuto de rating periodístico.

Y mientras tanto, ¿Qué pasa en la calle?

Mientras el país entero y la diplomacia internacional permanecen pegados a la pantalla esperando el próximo capítulo, debemos hacernos la pregunta más incómoda y urgente de todas: ¿Qué pasa mientras tanto con el venezolano de a pie?

El ciudadano común no vive en un estudio de televisión ni se alimenta de estrategias comunicacionales. Mientras los titulares se concentran en rutas aéreas y permisos denegados, la gente corriente sigue enfrentando una realidad implacable y deplorable: hospitales desprovistos de insumos básicos, sueldos que no cubren la canasta alimentaria, apagones eléctricos diarios y la desesperación silenciosa de millones de familias fracturadas por el éxodo e incluso siendo perseguidas por el mismo gobierno que dice apoyar el cambio en Venezuela. El contraste entre la épica del discurso político y la miseria cotidiana del ciudadano es tan sangriento como desolador. Sin contar las cantinfléricas declaraciones del presidente Donald Trump, quien repite como un loro lo contento que estamos los venezolanos gracias a él y a nadie más que él.

Preguntas para una audiencia agotada (como yo)

Esta dinámica de espectáculo nos obliga a plantearnos preguntas serias sobre la utilidad de la política actual:

1. ¿Puede la política de la intriga y el suspenso resolver las necesidades materiales inmediatas de una población exhausta?

2. ¿Hasta qué punto el espectáculo mediático de este retorno está sirviendo de cortina de humo para invisibilizar la ausencia de una estrategia real de cambio institucional?

3. ¿Aceptaremos que la dignidad y la supervivencia de millones de personas sigan subordinadas al guion de un melodrama político?

Es obvio que toda esta ola de problemas no los ha causado María Corina Machado, ni su proyecto de país, pero en mi opinión, el seguir jugando constantemente con la expectativa del venezolano, como si su llegada fuera a arreglar los problemas más graves, es sencillamente agotador.

Apagar la pantalla y mirar la realidad

La política no puede ser un melodrama interminable donde los ciudadanos juegan el papel de espectadores sufridos a la espera de un milagroso capítulo final. Venezuela no necesita más campañas de intriga diseñadas para el consumo en redes sociales; necesita soluciones tangibles, coherencia estratégica y, sobre todo, dirigentes que entiendan que el sufrimiento del venezolano de a pie no se detiene mientras se resuelve el suspenso del próximo aterrizaje. Es hora de apagar la telenovela y exigir una política con los pies en la tierra. Actuar como ciudadano, sin esperar que nadie te diga lo que tienes que hacer.

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