Territorio y Prosperidad: crecer no es lo mismo que prosperar
El primer informe del nuevo centro de pensamiento demuestra que una provincia puede mejorar sus cifras mientras se queda sin gente. Hacía falta alguien que lo midiera
Zamora tiene la segunda mayor subida del PIB por habitante de toda España en lo que va de siglo, un 53,5 % entre 2000 y 2024. Cualquier gobierno firmaría ese titular. El problema está en la letra pequeña. Casi la mitad de esa mejora se explica de esa forma tan simple como dramática y es que Zamora ha perdido a uno de cada seis vecinos.
Un indicador que sube mientras una provincia se vacía será crecimiento pero nunca prosperidad. Es una de las conclusiones de del primer informe de Territorio y Prosperidad, que se presentó el martes en el Ateneo de Madrid de la mano de Fundación Independiente. Lo firma su director, el economista Santiago Calvo, y recorre las cincuenta provincias españolas con los últimos datos del INE. Zamora no está sola. Ourense, Palencia, Lugo, León, Salamanca, Asturias, Cáceres, Jaén, Ávila, Soria, Cuenca y Teruel también mejoran su PIB por habitante mientras pierden población. Casi todo el noroeste y buena parte del interior.
Hay más. Las provincias se han acercado entre sí un 14 % en PIB por habitante, pero casi todo ese acercamiento ocurrió antes de 2008 y el orden apenas se ha movido: las primeras siguen arriba y las últimas, abajo. Mientras tanto, España ha pasado del 97,4 % al 91,2 % de la media europea. En León y en Asturias el gasto en pensiones ya triplica lo que se cotiza en la provincia. En Lugo, Ourense y Zamora viven más personas de 83 años o más que de entre 60 y 64. Las pensiones sostienen hoy el consumo, el comercio y el bar del pueblo. La demografía avisa de que no lo harán siempre.
¿Hacía falta otro centro de pensamiento o think tank? Este, sí. Porque este debate llevaba años sin un lugar. Se habla mucho de despoblación, casi siempre con nostalgia o con pancarta y muy poco con datos provincia a provincia. Territorio y Prosperidad nace para comprobar en qué lugares de España todavía se puede vivir, sacar adelante un proyecto de vida y envejecer donde uno elige.
Nace independiente, con un consejo editorial propio - Luis Miller y Diego de la Cruz han revisado este primer trabajo - y con vocación de hablar con todos: universidades, organizaciones agrarias, alcaldes, sindicatos, empresas. En la mesa del martes se sentaron AFAMMER, ASAJA, la Universidad de Alcalá y el alcalde de Gajanejos, un pueblo de Guadalajara de 51 habitantes. Ese elenco de participación no es casual sino metódico.
Desde Legados hemos ayudado a impulsarlo porque creemos en lo que nos trajo hasta aquí: cuidar el territorio y hacerlo prosperar. La conversación pública sobre el campo, el monte, el mar y nuestras comarcas se decide demasiadas veces lejos de quienes los pisan. Lejos físicamente y también, en su mayoría, mentalmente. Faltaba un lugar donde la ciencia, la universidad y la gente del territorio discutieran con las mismas reglas, y donde las soluciones se verificaran antes de proponerlas. Nosotros lo impulsamos, Santiago y su equipo ponen los datos y, como dice una afamado presentador que acaba de lanzar un nuevo canal de televisión en España, las conclusiones son suyas. Así tiene que ser.
En el Ateneo quise detenerme en dos nombres: Urda y Adamuz. Hasta hace muy poco, para la mayoría de los españoles eran puntos sin rostro en una línea de alta velocidad. Reconozco que yo mismo no conocía Urda. Hoy sabemos de ellos por dos tragedias ferroviarias que ojalá nunca hubieran ocurrido y que se llevaron a personas queridas por muchos de los que estaban en esa sala.
Pero Urda también nos enseñó otra cosa. Más de trescientos vecinos se volcaron con los heridos y con sus familias. Eso no aparece en ninguna tabla del INE. Y, sin embargo, es exactamente lo que convierte un lugar de paso en un pueblo, en un lugar de vida, en una comunidad irremplazable.
Ahí está la diferencia que el informe pone en cifras. El crecimiento se mide: el PIB sube o baja, la renta por habitante sube o baja. La prosperidad es otra cosa. Es poder quedarse. Es que haya alguien en Urda cuando hace falta. Son los guardianes del territorio quienes vertebran este país desde cada rincón de la península, sus islas, Ceuta y Melilla. Un gran país no se sostiene ambiental y territorialmente desde una metrópoli. Se sostiene desde todos sus rincones.
A tres semanas de las elecciones, ojalá quien gobierne lea este informe con calma. Y que, la próxima vez que celebre que un territorio ha mejorado su PIB por habitante, se pregunte cuántos vecinos custodios le quedan.
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Enrique Martínez Olmos