| 30 de Noviembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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La Valencia Verde de Rita Barberá

La Valencia segura y saludable que Rita Barberá persiguió y gestionó con acierto, la Valencia Verde que construyó con denuedo y ahora se premia.

| José María Lozano Edición Valencia

La reciente proclamación en Grenoble de la candidatura de Valencia como ganadora del European Green City Award (EGCA por sus siglas), a todos nos congratula e ilusiona. Más cuando el día a día de la convivencia y la calidad de vida -uno de los objetivos principales que valora el reconocimiento de la Comisión Europea- deja ahora mismo mucho que desear y se multiplican las protestas ciudadanas por asuntos como el transporte público, la limpieza, el mantenimiento, la recogida de basuras y el tráfico. (Entre otras cuestiones domésticas y ordinarias de la vida urbana).

No seré yo, sin embargo, quien ponga palos en la rueda de esta nueva y noble ilusión, cuando agonizan sin retorno digno de mención la tan cacareada “capitalidad mundial del diseño” y otros gestos puramente propagandísticos -humo de pajas- que constituyen el núcleo de la política municipal desde el cambio acaecido en 2015.

Y no será precisamente hoy, cuando se cumplen seis años del fallecimiento de Rita Barberá, Alcaldesa efectiva de Valencia durante veinticuatro prolíficos años, y Alcaldesa simbólica de España, como fuera Carlos III el mejor alcalde de Madrid. Ella no me lo perdonaría.

Esta Valencia suya, esta Valencia nuestra, con sus 800.000 habitantes (más de millón y medio en el Área Metropolitana; lo que en su día se llamó Gran Valencia) y un presupuesto municipal superior al millar de millones de euros, será en 2024 la decimoquinta capital europea -lo fue Vitoria en 2012- tras cumplir con los principales indicadores de un decálogo que va desde la calidad del aire hasta la “gobernanza” y que, naturalmente, incluye como ejes prioritarios: áreas verdes, biodiversidad, movilidad urbana sostenible y uso del agua. Porque lo cierto es que los cinco millones de metros cuadrados verdes -498 hectáreas de parques y jardines- que junto a los más de 150.000 árboles y los Parques Naturales de La Albufera y El Turia, y la Huerta constituyen un legado que Rita Barberá impulsó, gestionó con acierto y dejó para la posteridad tras su paso por la Alcaldía. Reconoce la candidatura una red de 160 kilómetros de carril bici, pero calla que 140 de ellos (el 87,5%) ya existían y se consolidaron con la planificación específica de 2013. Cierto es que se han ampliado anchos y repavimentado algunos. Tanto como que gran parte de los de nueva creación (un 12,5% en dos legislaturas del Rialto) son un caos de tráfico y, en muchas ocasiones, un peligro para los propios ciclistas, una marginación efectiva para el peatón y un dolor de cabeza para el automovilista.

 

La Valencia segura y saludable que Rita Barberá persiguió y gestionó con acierto, la Valencia Verde que construyó con denuedo y ahora se premia, como ya ocurrió con el reconocimiento de la Fallas como Patrimonio de la Humanidad, ella ya no la puede disfrutar.

Ha dicho ayer María José Catalá que el Puente de las Flores se llamará Rita Barberá, porque “ …es un sitio simbólico … y que representa lo que era la Alcaldesa para Valencia: alegría, ilusión y fuerza”. Y no le falta razón. La nota de prensa emitida ayer por el Grupo Popular Municipal, afirma que el PP bautizará el Puente de las Flores como Puente de las Flores Rita Barberá. Dios la oiga y le ayude para que así sea. Pero somos los valencianos los que podemos lograrlo votando en la próxima convocatoria electoral.

El objetivo vale la pena. La Valencia Verde de Rita Barberá será -ciertamente- la Valencia Verde de 2024. Y el Puente de las Flores Rita Barberá será santo y seña.

Esta tarde estaremos en el Funeral que organiza la familia en su recuerdo.