ESdiario

El pueblo de Asturias al que solo se puede acceder en funicular

Esta pequeña localidad conserva una forma de vida marcada por la montaña, el aislamiento y un funicular

Bulnes, Asturias

Bulnes, AsturiasFERNANDO CAMPOS VILLAFAINA

Antonio Bret
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Nos vamos de excursión al corazón de los Picos de Europa, al concejo de Cabrales. Allí, se encuentra un pueblo que parece apartarse del mundo y el tiempo parece haberse detenido: Bulnes.

Bulnes es uno de los espacios más singulares del territorio nacional: hasta 2001, la única forma de llegar era caminando por un escarpado sendero de montaña. Desde entonces, el funicular que parte de Poncebos ha facilitado la entrada y salida de vecinos y turistas, aunque esto no ha hecho que Bulnes haya perdido su singularidad.

Bulnes entrega al mundo una postal en la que vemos una aldea de piedra encajada entre montañas, donde los coches no llegan a las puertas y la vida diaria está condicionada por desniveles, horarios y condiciones propias de la alta montaña. El funicular conecta Poncebos con Bulnes y salva 402 metros de desnivel, con un recorrido de 2.227 metros y una ruta que tarda en recorrerse unos ocho minutos. Además, permanece abierto todos los días del año, ya que los vecinos solo disponen de este medio de transporte para bajar del pueblo.

Un pueblo al que se llega andando o en funicular

Lo que puede parecer algo incómodo se traduce como en la verdadera razón por la que Bulnes mantiene esa atmósfera única e irrepetible. Bulnes ha tenido que ir adaptándose durante décadas a la comunicación limitada y es un ejemplo de resiliencia, más allá del ‘decorado rural’ o el ‘atractivo turístico’. Además, Bulnes pertenece a la Asociación Los Pueblos Más Bonitos de España. Casi nada.

Esa dificultad de acceso ha marcado su arquitectura, su ritmo y su relación con el entorno. Las construcciones tradicionales de piedra caliza, los tejados rojizos, las puertas y ventanas de madera y la ausencia de tráfico refuerzan esa sensación de haber retrocedido varias décadas. No porque Bulnes viva fuera del presente, sino porque el presente allí avanza de otra manera: más despacio, condicionado por la montaña y por una logística que en otros lugares se da por hecha.

El funicular cambió Bulnes, pero no lo convirtió en un pueblo más

Desde que el funicular se pusiera en marcha en 2021, el Gobierno asturiano ha ido reforzando el servicio. En marzo de este mismo año anunció una ampliación de horarios durante todo el año, con más frecuencias tanto en temporada alta como baja, además de inversiones para modernizar la infraestructura. Según el Principado, el funicular transportó a 115.931 viajeros el año pasado y acumula más de 1,6 millones de usuarios desde su puesta en marcha en septiembre de 2001.

Bulnes, a pesar de todo, sigue manteniendo su condición de lugar remoto. El visitante puede subir en funicular, pero al llegar no encontrará una carretera, ni coches circulando, ni la comodidad inmediata de otros destinos rurales. Encontrará, más bien, un pueblo pequeño, de piedra, rodeado por el macizo Central de los Picos de Europa y vinculado visualmente al Picu Urriellu o Naranjo de Bulnes, una de las montañas más emblemáticas de Asturias.

Por eso Bulnes encaja tan bien en esa idea de ‘vivir casi como hace 50 años’, pero siempre con matices. No es un pueblo detenido en el tiempo, porque tiene servicios turísticos, funicular y una evidente proyección exterior. Pero sí conserva algo que casi ha desaparecido: la experiencia de vivir sin carretera, con el acceso condicionado y con la montaña imponiendo todavía sus propias reglas.

tracking