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Crucero fluvial

De Lyon a Aviñón: navegar por el Ródano a bordo del Riverside Ravel

Recorrer el valle del Ródano en un crucero fluvial permite enlazar ciudades históricas, viñedos y gastronomía sin cambiar de hotel. Una forma pausada de descubrir el sur de Francia siguiendo el curso del río.

Contemplar el paisaje es parte esencial de la travesía.

Contemplar el paisaje es parte esencial de la travesía.Cuco CUERVO

Fernando Letamendia
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Acostarse en Lyon y despertarse a la mañana siguiente en Vienne. Cenar mientras el barco continúa navegando hacia la siguiente escala y descubrir, al abrir las cortinas, que el paisaje ha cambiado por completo. En el Ródano, el viaje continúa mientras los pasajeros descansan, convirtiendo el propio trayecto en parte de la experiencia.

Navegar por el Ródano es una forma diferente de recorrer el sur de Francia. El río enlaza ciudades históricas, pueblos medievales, algunas de las regiones vinícolas más reconocidas del país y una gastronomía que forma parte de la identidad de cada escala. A bordo del Riverside Ravel, ese recorrido se realiza con la tranquilidad de quien no tiene que pensar cada día en aeropuertos, estaciones o cambios de hotel.

El Ródano discurre bajo la mirada de Châteauneuf-du-Pape.

El Ródano discurre bajo la mirada de Châteauneuf-du-Pape.Fernando Letamendia

Frente a la velocidad que suele marcar hoy nuestra forma de viajar, el Ródano invita a bajar el ritmo. Aquí el trayecto importa tanto como el destino. El paisaje cambia lentamente, las jornadas transcurren sin prisas y el río acaba convirtiéndose en el verdadero hilo conductor del viaje.

De Lyon a Aviñón siguiendo el curso del Ródano

El punto de partida es Lyon, considerada por muchos la capital gastronómica de Francia. La ciudad merece una visita antes incluso de embarcar. Desde la colina de Fourvière, coronada por su espectacular basílica, se obtiene una de las mejores panorámicas de la ciudad y de la confluencia entre el Ródano y el Saona. 

Los detalles de Fourvière revelan la riqueza artística de la basílica de Lyon.

Los detalles de Fourvière revelan la riqueza artística de la basílica de Lyon.fotos de Cuco CUERVO

Después, basta con perderse por las callejuelas renacentistas del Vieux Lyon, descubrir alguno de sus tradicionales bouchons o pasear por el animado barrio de Presqu'île para entender por qué sigue siendo una de las ciudades más atractivas de Francia. No en vano, buena parte de su casco histórico está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La primera escala lleva hasta Vienne, donde el pasado romano sigue formando parte del paisaje cotidiano. Su teatro romano, uno de los mejor conservados de Francia, podía albergar a miles de espectadores y sigue siendo hoy uno de los grandes símbolos de la ciudad. El templo de Augusto y Livia, situado en pleno centro histórico, completa un conjunto monumental que permite comprender la importancia que tuvo Vienne durante el Imperio Romano.

A medida que el barco avanza hacia el sur, el viñedo comienza a ganar protagonismo. En Tain-l'Hermitage, las laderas cubiertas de cepas acompañan el curso del río y dibujan una de las imágenes más reconocibles del valle. Frente a ellas, al otro lado del Ródano, Tournon-sur-Rhône parece observar el paso del tiempo desde la colina coronada por su castillo. Sus calles empedradas, las fachadas de piedra y el ambiente pausado convierten la visita en una de esas estampas que resumen a la perfección el carácter de esta región francesa. 

Viviers conserva intacto su carácter medieval junto al Ródano.

Viviers conserva intacto su carácter medieval junto al Ródano.Cuco CUERVO

Desde el barco, la mirada del viajero se dirige inevitablemente hacia la catedral de Saint-Vincent, que dibuja la silueta de Viviers desde lo alto de la colina. Esta pequeña localidad medieval parece haberse mantenido al margen del paso del tiempo. Sus calles estrechas, sus fachadas de piedra y el silencio que envuelve buena parte del casco histórico la convierten en una de las visitas más sorprendentes del recorrido.

La jornada suele completarse con una incursión en Châteauneuf-du-Pape. Aquí el vino vuelve a ser protagonista, pero también la historia. En Maison Bouachon, una cata de vinos y quesos franceses permite acercarse a una de las denominaciones más célebres del valle del Ródano y comprender mejor el vínculo de esta tierra con el papado de Aviñón.

El viaje concluye precisamente allí, en Aviñón, ciudad inseparable de su Palacio de los Papas. La antigua sede pontificia sigue dominando el perfil monumental de la ciudad, rodeada por murallas, plazas animadas y calles donde se mezclan historia, terrazas y vida provenzal.

Patios, murallas y salas góticas del Palacio de los Papas.

Patios, murallas y salas góticas del Palacio de los Papas.Fernando Letamendia

Más allá de sus monumentos, Aviñón invita a caminar sin rumbo por su casco histórico, asomarse a pequeñas plazas llenas de cafés y descubrir ese ambiente relajado que caracteriza al sur de Francia. Su famoso puente, las callejuelas empedradas y la luz que cae al atardecer sobre las fachadas de piedra ofrecen un final muy coherente para una travesía marcada por el patrimonio, el vino y la cultura del valle del Ródano.

Cada destino ofrece distintas opciones de visita, lo que permite adaptar la jornada al interés de cada viajero. Junto a los recorridos históricos y las catas de vino, el programa puede incluir propuestas tan diferentes como las Gargantas del Ardèche, la cueva de Saint-Marcel, la visita a una granja de trufas donde se muestra cómo los perros localizan este apreciado hongo o el elegante castillo de Grignan. Esa variedad ayuda a que el viaje no se viva como un programa cerrado, sino como una sucesión de días con margen para elegir.

Pero si las escalas explican una parte del viaje, otra igualmente importante transcurre entre una orilla y otra, mientras el barco continúa avanzando por el Ródano.

El lujo a bordo

Si el Ródano marca el recorrido, el Riverside Ravel define la forma de vivirlo. Con capacidad para algo más de un centenar de pasajeros, el barco ofrece una experiencia muy diferente a la de los grandes cruceros marítimos. Ambiente tranquilo, espacios nada masificados y una relación mucho más cercana con el entorno, que se contempla a escasos metros desde las cubiertas panorámicas y los amplios ventanales del barco.

Mientras las excursiones ocupan buena parte de las mañanas y las primeras horas de la tarde, la navegación suele desarrollarse al caer el día. Es entonces cuando el río adquiere todo su protagonismo. Los viñedos se reflejan en el agua, los pequeños pueblos aparecen en la distancia y el barco continúa avanzando silenciosamente hacia la siguiente escala.

Productos seleccionados y una puesta en escena a la altura del entorno.

Productos seleccionados y una puesta en escena a la altura del entorno.fotos de Cuco CUERVO

La gastronomía forma parte natural de la travesía. Los almuerzos buffet y las cenas a la carta reúnen mariscos, quesos, foie, carnes, pescados y una cuidada selección de vinos franceses. En determinadas jornadas, incluso se organizan propuestas especiales en cubierta, como una barbacoa de marisco al aire libre mientras el barco permanece atracado. Más allá de la variedad, la cocina funciona como una prolongación del propio viaje, permitiendo descubrir en la mesa los sabores de las regiones que el barco va dejando atrás a medida que desciende por el Ródano. En algunas escalas, el chef y su equipo recorren los mercados locales en busca de productos frescos que terminarán llegando a la mesa pocas horas después. No es raro cruzarse con ellos entre los puestos y descubrir dónde comienza realmente la experiencia culinaria del viaje.

Una barbacoa de marisco al aire libre, entre las propuestas más especiales del viaje.

Una barbacoa de marisco al aire libre, entre las propuestas más especiales del viaje.Fernando Letamendia

No resulta difícil enlazar una copa de Hermitage degustada durante la cena con los viñedos visitados horas antes, o relacionar los vinos de Châteauneuf-du-Pape con los paisajes que acompañan la navegación durante buena parte de la jornada.

La vida a bordo continúa después de la cena en el salón principal, donde cada noche un pianista pone música a las últimas horas de la jornada. A lo largo del viaje también se organizan actividades como masterclass de pastelería francesa o talleres de mixología, pensadas para quienes desean aprovechar el tiempo entre escala y escala.

Cada tarde, al regresar al camarote, los pasajeros encuentran el programa previsto para la jornada siguiente. Junto a los horarios de excursiones y actividades aparece también una pequeña tradición de la casa: el "cóctel del día", una creación diferente que puede disfrutarse en los distintos espacios del barco. Son detalles sencillos que contribuyen a generar una atmósfera relajada y muy alejada de la programación frenética habitual en otros cruceros.

La cubierta superior invita a viajar al ritmo del río.

La cubierta superior invita a viajar al ritmo del río.Cuco CUERVO

No todo ocurre durante las excursiones. A veces basta con tumbarse en una hamaca de la cubierta superior y contemplar cómo el río va dibujando el paisaje. Los viñedos se suceden en las orillas, aparecen pequeñas localidades junto al agua y el tiempo parece avanzar a otro ritmo. El barco cuenta además con piscina interior, gimnasio, zona de spa con servicio de masajes y bicicletas eléctricas para recorrer algunas escalas de forma diferente. Son esos momentos de calma, entre una escala y la siguiente, los que terminan convirtiéndose en algunos de los recuerdos más agradables del viaje.

El río como compañero de viaje

La flexibilidad es otra de las características que distinguen la propuesta de Riverside. La compañía opera diferentes rutas, barcos y duraciones, permitiendo que algunos viajeros embarquen o desembarquen en distintos puntos del recorrido según sus intereses o el tiempo disponible. Entre las distintas posibilidades figura una travesía de cuatro noches entre Lyon y Aviñón, con regreso posterior por carretera al aeropuerto de Marsella, aunque la oferta incluye múltiples combinaciones para adaptar el viaje a cada viajero.

Más allá de las rutas concretas, el gran atractivo de un viaje por el Ródano está en la sensación de dejarse llevar, sin cambiar de hotel, rehacer maletas, ni pasar horas organizando desplazamientos. El barco avanza mientras el viajero cena, conversa en cubierta o descansa después de una jornada de visitas.

Los amplios ventanales de camarotes y salones mantienen el río siempre presente

Los amplios ventanales de camarotes y salones mantienen el río siempre presente

Cuando cae la tarde y los viñedos comienzan a oscurecerse en las orillas, resulta fácil entender el atractivo de estos viajes. No se trata únicamente de las ciudades visitadas, de los vinos descubiertos en una cata o de los monumentos que aparecen en cada escala. También tiene que ver con algo mucho más sencillo: la posibilidad de detenerse a mirar el paisaje y dejar que el río marque el paso de los días.

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