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Pablo Iglesias carga contra el periodista agredido en la protesta contra Vito Quiles: "¿Era periodista o estaba infiltrado?"

La última del exlíder de Podemos: acusa a un reportero de 'El Español' de infiltrarse en sus cursos mientras el periodista aún se recupera de una brutal agresión en Pamplona. En ESdiario hablamos con el agredido, Ismael Martínez, que responde a las acusaciones.

Luis Sordo
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La polémica vuelve a rodear a Pablo Iglesias, el exvicepresidente del Gobierno y fundador de Podemos, quien no ha dudado en cargar públicamente contra un periodista que, además, fue víctima de una agresión durante una cobertura informativa en Pamplona.

El afectado es Ismael Martínez, reportero de El Español, que la semana pasada fue golpeado y apedreado por radicales de extrema izquierda cuando cubría una contramanifestación antifascista en el campus universitario de la capital navarra.

Lejos de condenar los hechos, Iglesias ha sugerido en redes sociales que el periodista “se infiltró” en un curso de formación que él mismo impartía y que podría estar “colaborando con la policía”. Una afirmación tan grave como insólita que ha generado indignación entre compañeros de profesión y en buena parte del mundo periodístico.

“Lo más grave no es solo que me acusen de infiltrarme”, explicaba Martínez en una entrevista televisiva, “sino que lo haga alguien que presume de haber defendido la libertad de prensa mientras justifica o resta importancia a una agresión a un periodista”.

El reportero relató que acudió a Navarra para investigar un suceso anterior y que, aprovechando su estancia, decidió cubrir el acto convocado por Vito Quiles, al que siguió una contramanifestación de tinte antifascista. Según su testimonio, mientras tomaba imágenes de la protesta fue identificado y brutalmente atacado por un grupo de encapuchados que le causaron heridas en el rostro y le obligaron a recibir cinco puntos de sutura en el ojo.

“No estaba infiltrado, estaba trabajando”

Martínez explicó que, efectivamente, meses atrás había asistido —previo pago— a un curso online impartido por Iglesias. Su objetivo era realizar una crónica informativa sobre el contenido del mismo. “No había restricciones a periodistas y el curso era público. Pagamos la matrícula y publicamos una pieza objetiva. No hubo manipulación ni infiltración”, aseguró.

Sin embargo, el exlíder morado utilizó aquella participación como argumento para insinuar que el periodista estaba “espiando” sus actividades.

“Si hubiera sido un curso de Vox o de Espinosa de los Monteros, ¿habría reaccionado igual? Lo dudo mucho”, añadió Martínez, quien considera que Iglesias pretende “desacreditar el trabajo de los periodistas que no le son afines”.

Silencio ante la violencia, ruido contra la prensa

Lo que más ha indignado a la profesión es la ausencia de condena por parte de Iglesias hacia los agresores. Ninguna palabra de solidaridad con un periodista herido mientras hacía su trabajo. Ninguna mención a los cuatro agentes de Policía Nacional también lesionados, ni al joven civil que resultó herido en el mismo suceso.

Mientras tanto, Iglesias vuelve a presentarse como víctima de la “caverna mediática”, al tiempo que señala y desacredita a quien ha sido víctima de una agresión.

Una actitud que, para muchos compañeros, cruza la línea roja del respeto democrático a la libertad de prensa.

La profesión responde

Desde distintos medios, varios periodistas han mostrado su apoyo público a Ismael Martínez y han recordado que el periodismo no se hace con consignas, sino con hechos.

La Federación de Asociaciones de Periodistas (FAPE) ha condenado repetidamente este tipo de ataques, subrayando que “ningún informador debería temer por su integridad física por ejercer su labor”.

En palabras de los presentadores del programa que entrevistó a Martínez:

“Ni somos fascistas ni antifascistas. Somos periodistas. Y lo único que hacemos es contar la verdad”.

Una verdad incómoda para algunos, pero imprescindible para todos.

Porque cuando los que se dicen defensores de la libertad empiezan a señalar a los periodistas, es cuando más falta hace el periodismo libre.

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