50 años de la muerte de franco
“La Transición que no llegó al País Vasco: miedo, exilio y resistencia frente a ETA”
La Transición nunca llegó del todo al País Vasco. Mientras España estrenaba democracia, Euskadi vivía bajo el miedo, el terrorismo y un exilio silencioso que marcó a toda una generación. José Eugenio Azpiroz repasa en esta entrevista la resistencia cívica que sobrevivió a ETA y la deriva política que hoy amenaza con borrar aquella verdad incómoda.
La entrega más reciente de la serie de Eugenio Narvaiza sobre la Transición puso el foco en el único territorio donde aquel proceso histórico no significó ni reconciliación ni esperanza, sino una larga noche de violencia: el País Vasco.
En esta ocasión, Narvaiza conversó con José Eugenio Azpiroz, figura esencial del constitucionalismo vasco, exdiputado y compañero de lucha de Gregorio Ordóñez, Miguel Ángel Blanco y tantos otros referentes cívicos.
La entrevista fue un ejercicio de memoria incómoda, un regreso al epicentro del miedo y de la dignidad.
La Transición que no llegó a ser
Mientras España despertaba a la democracia, en el País Vasco la violencia se intensificaba.
El proceso de Burgos, los estados de excepción durante el franquismo y el resentimiento acumulado tras la Guerra Civil alimentaron un caldo de cultivo explosivo.
La llegada de la democracia no trajo la pacificación: ETA mató más en los años de apertura que en los finales de la dictadura.
El referéndum constitucional dejó cifras insólitas:
- Participación media en las tres provincias vascas: 44%.
- Solo el 31% del censo total respaldó la Constitución.
El miedo era el primer elector.
“Nos marcaban. Vivíamos escoltados. Y aun así dimos la cara”
Azpiroz relata un hecho tantas veces repetido que aún hoy cuesta asimilar: la normalización de vivir amenazado.
Él mismo asumió el liderazgo provincial de AP cuando nadie quería hacerlo:
“Sabía que me jugaba la vida, pero alguien debía dar a la gente la posibilidad de votar a un partido constitucionalista”.
A su alrededor, una red de héroes anónimos —en su mayoría mujeres, recuerda— mantenía vivo un proyecto político acosado en cada mitin, en cada pegada de carteles, en cada esquina.
Los métodos eran casi artesanales: reuniones clandestinas, visitas casa por casa, actos en euskera en pueblos donde la libertad era un lujo inaccesible.
“Era una vida de cartujos. Lo normal era tener miedo. Lo excepcional era rendirse”.
La irrupción de Gregorio Ordóñez: el liderazgo que rompió el miedo
En medio de ese clima irrespirable surgió un nombre destinado a convertirse en símbolo:
Gregorio Ordóñez Fenollar.
Su llegada a AP —tras una casualidad profesional que lo llevó a San Sebastián como periodista— supuso un punto de inflexión histórico. Ordóñez conectaba con la gente, escuchaba sin sectarismo, resolvía problemas y hablaba como hablaba la calle.
“Hubiera sido alcalde de San Sebastián. Hubiera llegado lejos. La gente le quería”, resume Azpiroz con emoción.
Su asesinato a manos de ETA en 1995 marcó no solo a su partido, sino a toda una generación de vascos que vieron apagarse la voz que había logrado romper el silencio del miedo.
El exilio silencioso: 250.000 vascos expulsados de su tierra
Durante la entrevista, Narvaiza dedicó el programa a las 867 víctimas del terrorismo y a los 250.000 vascos que, presionados por el miedo, la extorsión o el aislamiento social, se vieron forzados a abandonar la tierra en la que habían nacido.
Él mismo forma parte de ese exilio.
Azpiroz no evita la pregunta que sobrevuela a toda esa generación:
“¿De qué sirvió tanto sacrificio si al final muchos tuvimos que marcharnos?”
Y su respuesta fue nítida:
“Hicimos lo que debíamos. Nadie podrá quitarnos eso”.
¿Sirvió de algo el Estatuto?
Azpiroz es contundente: el Estatuto de Gernika no pacificó el País Vasco. Fue, dice, una fuente permanente de reivindicación nacionalista, no de convivencia.
“El autogobierno no ha sido sinónimo de mayor libertad. Ha sido el instrumento político de quienes agitaban el árbol mientras otros recogían las nueces”.
El presente: un constitucionalismo desorientado
Hoy, con Bildu rozando el poder en Euskadi y con un clima social que banaliza el pasado reciente, la preocupación de Azpiroz es evidente:
“Muchos dicen que se alegrarán si cae el PNV… pero que se entristecerán si gobierna Bildu. Esa es la contradicción en la que vive hoy el País Vasco”.
Sobre la nueva generación de constitucionalistas, distingue una diferencia esencial:
“Nosotros nos jugábamos la vida cada día. Ellos, por suerte, no. Pero echo en falta un proyecto claro, una hoja de ruta, una defensa firme del pluralismo y de la libertad”.
Una conclusión amarga, pero firme
Tras casi dos horas de conversación, quedó una reflexión que resume 40 años de lucha, dolor y dignidad:
“Los vascos hemos sido constructores de España. Lo fuimos durante siglos. Y muchos quisimos seguir siéndolo. Pagamos un precio alto. Muy alto. Pero volveríamos a hacerlo”.