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El talón de Aquiles de Ábalos: podría tirar de la manta para que su hijo no entre en prisión

Luis Sordo
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La figura de Víctor Ábalos se ha convertido, a estas alturas, en el auténtico talón de Aquiles del exministro José Luis Ábalos. En el corazón del caso Koldo, donde cada semana aparecen nuevos indicios, los informes de la UCO sitúan al hijo del exministro en un papel que, según fuentes judiciales, podría haber sido ya objeto de imputación. Sin embargo, el Tribunal Supremo todavía no ha dado ese paso. De momento.

Pero el margen se estrecha. Y si algo está claro es que, si cae Víctor Ábalos, la reacción del exministro podría ser imprevisible. O más bien, perfectamente previsible: cantar, señalar hacia arriba y romper definitivamente con Pedro Sánchez, a quien responsabiliza en privado —según diversas fuentes— de haberlo dejado solo en esta caída.

Ábalos, presionado por donde más duele

Hasta ahora, Víctor Ábalos solo ha declarado como testigo. Pero los movimientos bancarios bajo sospecha, las presuntas comisiones y la conexión latinoamericana que la UCO atribuye al entorno familiar del exministro han dejado un escenario muy claro: el hijo pudo haber sido imputado perfectamente, pero el Supremo ha frenado ese paso.

¿Hasta cuándo? Esa es la pregunta que más resuena en los despachos.

Porque, según fuentes jurídicas consultadas por Esdiario, la imputación del hijo podría acordarse mañana mismo. No hay que esperar nuevos informes, ni grandes revelaciones. Los indicios, aseguran, están encima de la mesa desde hace meses.

Y ahí es donde entra la clave emocional. Ábalos podrá aguantar presiones, titulares, reproches internos y desplantes del partido… pero un hijo es otra cosa. Si Víctor Ábalos entra en el foco de la investigación, el exministro llegaría a su límite. Y, llegado ese punto, la posibilidad de que decida tirar de la manta no es un rumor: es una hipótesis muy seria que inquieta a Moncloa.

El reloj del juicio corre en su contra

Entre diciembre, las fiestas navideñas y el parón judicial, el margen parece estrecho. Pero los expertos coinciden: hay tiempo de sobra para que la imputación del hijo se materialice antes del juicio, previsto para febrero o marzo.

Y aquí viene la parte más peligrosa para el Gobierno: cuanto más se acerque la fecha del juicio, más claro verá Ábalos cuán comprometida está su situación. En su entorno aún creen que “hay margen para salir indemne”, pero esa confianza podría evaporarse en cuestión de semanas si el juez da un giro o si la Fiscalía aprieta.

Porque, si el exministro empieza a ver que la condena es prácticamente inevitable, la tentación de negociar un acuerdo de última hora —uno que incluya salvar a su hijo— sería demasiado fuerte como para ignorarla.

El riesgo real para Sánchez

En Ferraz y Moncloa saben perfectamente lo que significaría que Ábalos decidiera hablar sin filtros:

  • Revelaciones internas.
  • Contactos políticos.
  • Compromisos incómodos.
  • Las tripas del poder durante la pandemia y después.

Una caja de Pandora que nadie quiere abrir.

Y, aun así, el riesgo está ahí. Latente. A cada informe, a cada filtración, a cada paso procesal que acerca a Víctor Ábalos al banquillo.

Un exministro herido… y con memoria

Lo que se comenta ya en corrillos políticos es claro: Ábalos tiene sed de venganza. Y, si siente que su hijo está pagando por él o que el partido al que sirvió lo abandona en el momento crítico, el exministro no se quedará callado.

El choque final podría llegar más pronto de lo que muchos creen. El caso avanza. Los tiempos se acortan. Y en el centro de todo está un hombre herido que sabe demasiadas cosas.

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