acoso a los periodistas

La periodista de The Objective denunció en “Código 10” la operación de desgaste que, a su juicio, sufrió después de publicar las primeras informaciones comprometedoras sobre José Luis Ábalos.
Ketty Garat estalla y señala a Pablo Iglesias por una brutal campaña de acoso tras sus exclusivas sobre Ábalos
La periodista de 'The Objective' denuncia en “Código 10” la operación de desgaste que, a su juicio, sufrió después de publicar las primeras informaciones comprometedoras sobre el exministro socialista en la que medios afines al fundador de Podemos le acusaban, entre otras cosas, de consumir drogas.
La intervención de Ketty Garat en el programa 'Código 10' dejó uno de esos momentos televisivos que retratan como pocos el clima de trincheras que se vive desde hace años en la política y en el periodismo español.
La periodista de 'The Objective' relató en directo el calvario que asegura haber padecido desde 2020-2021, cuando comenzó a publicar las primeras exclusivas sobre José Luis Ábalos. Según expuso, aquellas informaciones desencadenaron no solo una reacción política, sino una auténtica operación de señalamiento personal con un objetivo muy claro: desacreditar al periodista que publica y amedrentar a los que puedan venir detrás.
Garat fue tajante al describir ese mecanismo: cuando un profesional empieza a investigar y saca a la luz datos sensibles, dijo, se activa una maquinaria de “cancelación, aislamiento, marginación y señalamiento público” como medida disuasoria. No solo para que calle quien informa, sino para que otros compañeros tomen nota y prefieran no meterse en determinados terrenos.
Un vicepresidente del Gobierno atacando a una periodista
La periodista situó el foco en Pablo Iglesias, entonces vicepresidente del Gobierno, al recordar un artículo en el que se la atacaba de forma brutal tras sus primeras revelaciones sobre el llamado caso Ábalos. Garat denunció que se vertieron contra ella descalificaciones gravísimas y vejatorias, vinculándola a prácticas escatológicas y al consumo de drogas, en un texto que pretendía reventar su credibilidad profesional y personal.
En plató, la periodista no ocultó su indignación. A su juicio, aquello no fue una salida de tono aislada, sino una demostración palmaria de cómo se utilizó el poder político y mediático para aplastar a quien estaba publicando informaciones incómodas. Y lanzó una pregunta que hoy resuena con más fuerza que entonces: si lo que publicó era “basura”, ¿por qué el tiempo ha terminado dando tanta relevancia judicial al caso?
Ese es precisamente el eje de su denuncia. Porque la situación de José Luis Ábalos ha dado un vuelco radical respecto a aquellos años. El exministro se encuentra en prisión preventiva y el Tribunal Supremo mantiene abierto el proceso judicial por el llamado caso mascarillas; además, la Fiscalía Anticorrupción reclama para él 24 años de cárcel y el juicio está señalado para comenzar el 7 de abril de 2026.
Con ese contexto, Garat sostuvo en televisión que las informaciones que publicó durante estos años han quedado respaldadas por la evolución de los hechos y por la dimensión judicial alcanzada por el caso. Su reproche a Iglesias fue directo: las disculpas, aseguró, siguen sin llegar.
El sucio juego democrático
La escena dejó además una reflexión incómoda para la profesión. Más allá del enfrentamiento político, lo expuesto por Garat reabre el debate sobre hasta qué punto en España se ha normalizado la deshumanización del periodista incómodo. No ya la crítica, que forma parte del juego democrático, sino el intento de destruir públicamente a quien molesta con sus investigaciones.
Porque una cosa es rebatir una información. Otra muy distinta es lanzar sobre un profesional una lluvia de insultos, acusaciones infamantes y campañas de desprestigio para convertirlo en objetivo político. Y eso, precisamente, es lo que Ketty Garat quiso recordar en prime time. Su mensaje fue claro: el problema no era solo ella. El problema era el aviso al resto.