23 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Alivio en Cs por el portazo de Rivera a un Valls desatado: "Tanta paz lleves..."

Valls flanqueado por Rivera y Arrimadas.

Valls flanqueado por Rivera y Arrimadas.

El líder de Cs ha aguantado al francés lo que a ningún otro candidato, hasta que la cuerda se ha roto. Algunos de sus más cercanos ya le advirtieron de las intenciones del exsocialista.

La operación Valls, su candidatura para las elecciones municipales bajo el paraguas de Ciudadanos, se cerró el verano pasado a caballo entre Barcelona y un lujoso hotel de Marbella, adonde el exprimer ministro francés viajó para algo más que veranear con su por entonces recién estrenada novia. 

Ya en aquellos meses hubo personas muy cercanas a Albert Rivera que le alertaron del peligro de asociarse con Valls. Porque Valls, le dijeron, no quería un socio sino una plataforma de lanzamiento en la Ciudad Condal. 

Pero Rivera desoyó las muchas advertencias y apostó por Valls, convencido de que su apuesta para Barcelona era la mejor de las posibles. Por eso la decepción personal ha sido tal. Se considera traicionado y ninguneado.

Y encima a sus oídos han llegado rumores cada vez más insistentes sobre la intención del francés de convertir la plataforma Barcelona pel Canvi, con la que se presentó el 26-M en coalición con Ciudadanos, en un partido de cara a las elecciones autonómicas que supuestamente el independentismo convocará una vez conocida la sentencia del juicio del procés. 

Este lunes se confirmó el divorcio entre Rivera y Valls por decisión personalísima del líder de Cs, harto del exsocialista y de sus aires. De hecho pilló con el pie cambiado a buena parte de su equipo. Entre el que una amplia mayoría recibió la noticia con alivio.

Hasta el domingo la portavoz de Cs y el secretario de Organización de Cs en Cataluña, Inés Arrimadas y Carlos Carrizosa, habían sugerido que la sangre no llegaría al río después de que Valls y dos de sus concejales votaran, por su cuenta y riesgo, a favor de la la investidura de Ada Colau. Decían que eran más los valores que les unían que lo que les separaba. Arrimadas incluso descartó la ruptura en El Objetivo de La Sexta.

Sin embargo, este lunes Rivera llegó a la Ejecutiva y puso encima de la mesa su decisión de romper con Valls. Ya no había marcha atrás. Los tres concejales de Cs que votaron en blanco el sábado,  Mariluz Guilarte, Paco Sierra y Marilén Barceló, tendrán grupo municipal propio. "Tanta paz lleves como descanso dejas", decía socarrón este lunes un diputado naranja. 

Ada Colau ha de estar frotándose las manos con la ruptura. Con sus 10 concejales, los 8 del PSC y los 3 de Valls, llega a la cifra mágica de 21, la mayoría absoluta. Así que siempre lo tendrá más fácil para negociar con el exprimer ministro que con Rivera los presupuestos, por ejemplo.

Las motivaciones del líder de Cs son variadas, pero hay tres por encima del resto. La constante crítica que viene haciendo Valls de la estrategia de pactos de Rivera, que incluye a Vox; su declaración de amor en Twitter al socialista aragonés Javier Lambán de este fin de semana; y, sobre todo, que el líder de Cs no está dispuesto a responsabilizarse en el futuro de las decisiones que tome Valls en apoyo a Colau.

 

Por el camino, el fallido experimento deja un grupo municipal partido en dos y otras heridas en Cs. Porque dentro de la formación ha habido una corriente -no muy numerosa- que sí ha aplaudido la decisión de Valls de apoyar a Colau para cerrar el paso a Ernest Maragall, de ERC. Luis Garicano la representa bien: 

 

En cualquier caso, nadie puede negar que a Valls se le vieron las intenciones muy rápido. En su mente nunca estuvo crear una candidatura que pudiera aunar al constitucionalismo, sino que intentó integrar al PSC y marginar al PPC porque decía que los populares restaban, no sumaban.

Los socialistas, no obstante, no se dejaron convencer. Y el resultado fue que el 26-M obtuvo únicamente un concejal más que Ciudadanos en 2015. A un precio muy alto para el partido que le acogió.

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