17 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Puigdemont pronostica la condena de Junqueras: "Y yo me pudro en el exilio"

Junqueras ha ganado la "batalla emocional" a Puigdemont: uno está en la cárcel y al borde del baqnuillo; el otro en una mansión en Waterloo. E intenta compensarlo dramatizando su "exilio".

El independentismo es un avispero donde se lucha, además de contra España, contra la otra marca: el pulso entre Puigdemont y Junqueras, entre la vieja CiU mil veces rebautizada y la ERC más poderosa desde 1978, explica buena parte de la tensión política nacional: está en juego la hegemonía en ese sector y, tal vez, el control del Gobierno autonómico.

Por eso cuentan los gestos y, en ese ámbito, Junqueras supera ampliamente a Puigdemont: uno se quedó en Cataluña, fue encarcelado y va a ser juzgado; el otro huyó a Bélgica, vive en una mansión y el próximo 12 de febrero verá el Tribunal Supremo desde el sillón de su casa. Incluso es consciente de que, para una parte notable del soberanismo, la prisión preventiva de nueve dirigentes catalanes es fruto de su fuga.

El expresidente de la Generalitat es consciente de ello, e intenta compensar su déficit emocional vendiendo la idea de que el destierro es tan terrible como la prisión. "Dejarme pudrir en el exilio para que nadie me escuche también es un tipo de castigo. El mejor escenario es que no me extraditen. Pasaré muchos años aquí", explicó este lunes en una entrevista para la agencia AP recogida por Europa Press.

 

Su supuesto calvario, trufado de imágenes en buenos restaurantes y de la imponente estampa de su casa en Waterloo, no resulta creíble para quienes aguardan el banquillo en Lledoners, Soto del Real o Alcalá Meco, ni tampoco para sus seguidores. Aunque pocos levantan la voz, de momento: reconocer que su cautiverio preventivo es culpa de quien más ha hecho por dar verosimilitud al riesgo de fuga equivaldría a restar dramatismo a la acusación contra el Estado opresor.

A más inrir, el exjefe de la Generalitat echa benzina a la hoguera judicial y ya se atreve a hacer un pronóstico: habrá condena y, anuncia, tendrá consecuencias: "Ese momento llegará y, cuando llegue, tendremos toda la legitimidad para tomar las decisiones que ya hemos decidido en el Parlament y ratificado en un plebiscito".

"Me quieren detener"

"Estamos en este camino y no dejemos que nadie lo olvide porque, pese a los inconvenientes, es válido y se puede activar cuando tengamos la convicción y la certeza"; " (la sentencia) no será un acto de justicia sino de venganza".

El remate melodramático no deja lugar a la duda sobre su déficit victimista frente a Junqueras y compañía, anunciado la reactivación de una nueva euroorden contra él que, en realidad, se desechó para no renunciar a juzgarle por rebelión, el delito que sorprendentemente no vio procedente la justicia alemana. Pese a ellos, Puigdemont insiste en que cualquier día intentarán detenerle:  "Lo damos por sentado".

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