Valencia comenzaba el año el 25 de diciembre

Si la Cocacola hizo lo propio con Papá Noel, en el caso de la Cabalgata de los Reyes Magos fueron El Corte Inglés y Galerías Preciados.

La fuerza política, económica, militar y cultural del Reino de Valencia alcanzó su punto más alto en el siglo que va desde 1350 hasta 1450. La idiosincrasia de nuestra Comunidad hizo que se erigiera en el referente más importante de la Europa Occidental frente a Francia o al Sacro Imperio. Su potencia le sirvió para dirigir la Corona de Aragón y transitarla hasta la unificación con la Corona de Castilla.

Pequeñas cosas definieron también la singularidad del Reino de Valencia frente al resto. Una de ellas fue la adopción de un calendario propio, el Calendario de la Natividad. Con él se determinaba que el último día del año fuera el 25 de diciembre, y no el 31 como en la actualidad. Esta forma de medir la anualidad se adoptó en 1358 en el Reino de Valencia, con Pedro IV el Ceremonioso. Con la adopción de este sistema de medición, Valencia y sus territorios se acercaban a Roma, que usaba el Año de la Natividad desde la Edad Media.

La confluencia del calendario en todo Occidente no se produjo hasta bastantes siglos después. De hecho, Rusia no lo adoptó hasta principios del siglo XX. Sin embargo, la mayor parte de Europa comenzó el cambio en el siglo XVI.

El Reino de Valencia, ya fusionado bajo la Corona de España, adoptó el sistema actual a principios del siglo XVII, uniéndose a la vanguardia que recorría otros países como Francia o Alemania. El más retrasado, como en otras muchas cosas, sería Cataluña, que esperaría todavía hasta el siglo XVIII para modernizarse.

El cambio en el calendario comenzó a dar también protagonismo a otros hechos o festejos destacados del cristianismo, como la llegada de los Reyes Magos. Si el 1 de enero coincidía con la fecha de la circuncisión de Jesús, la del 6 de enero daba entrada a la veneración del mesías por parte de Melchor, Gaspar y Baltasar.

La Cabalgata de los Reyes, otro de los hitos originales del Reino de Valencia exportado al resto del mundo, no se conformaría como tal hasta finales del siglo XIX. Alcoy fue su cuna. En esta pequeña población alicantina, un grupo de vecinos, organizados en torno a la Sociedad recreativa El Panerot, comenzó a organizar de forma oficial en 1885 la cabalgata, en la que destacaba la presencia del Tío Píam. Éste se encargaba de entretener a los niños con juegos y actividades mientras llegaban sus Majestades de Oriente.

El Panerot dejó de organizar la cabalgata en 1913. Pero era demasiado tarde para que esta tradición desapareciera. A partir de principios del siglo XX, la cabalgata se extendió por toda España, desde Granada hasta Barcelona. El acto pasó a formar parte de las actividades oficiales de la Navidad, reagrupando pequeñas tradiciones locales que se realizaban la víspera del 6 de enero y que unían fiesta con celebraciones cristianas.

La fuerza de esta costumbre típicamente valenciana traspasó fronteras para ir incorporándose a los festejos de otros países, como Andorra, México, República Checa Portugal o Polonia. Ésta última en fecha tan reciente como 2008, celebrándose el domingo más cercano al 6 de enero.

Y, como ha sido tónica habitual desde mediados del siglo XX, el consumo y el capitalismo han ayudado a consolidar la Cabalgata como un hecho tradicional. Si la Cocacola hizo lo propio con Papá Noel, en el caso de la Cabalgata de los Reyes Magos fueron El Corte Inglés y Galerías Preciados, que en los años 60 se volcaron con la celebración por las calles de Madrid.

Vicente Javier Más Torrecillas. Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana. Doctor en Historia Contemporánea

 

Comenta esta noticia