16 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Manuela Carmena azuza el polvorín entre Pedro Sánchez e Iglesias

Manuela Carmena.

Manuela Carmena.

En ella está la clave de un mayúsculo embrollo, la piedra Rosetta para entender lo que pasa en España, el juego de alianzas, las inquinas, los desafíos y el postureo típico de una precampaña

Para hablar del PSOE madrileño, citar a una bomba de relojería se queda corto. Y la imagen se refleja en el dislate de uno de sus principales dirigentes autonómicos, además alcalde de Alcalá, defendiendo a la vez, sin mucho éxito, el pacto con una marca blanca de Podemos que le dio a él la Alcaldía sin ganar y el de Pedro Sánchez con Albert Rivera para España.

Lo hizo hace bien poco en su propia ciudad, con otra estampa casi hilarante: de puertas para adentro, glosaba ante la mirada embelesada de Sánchez Castejón su acuerdo con Ciudadanos; en la puerta del auditorio, su socio en el Ayuntamiento y jefe local de Podemos, clamaba contra él. Y gobiernan juntos.

Es en ese escenario caótico donde hay que ubicar el polvorín existente dentro del PSOE, también dentro de Podemos en Madrid y, por último, entre las distintas facciones de cada uno de ellos con o contra el otro y a favor en contra de sus respectivas direcciones. Sí, parece un lío. Pero un episodio, de poderoso recorrido y sonado estreno, ayuda a entenderlo todo a través de la personalidad política con más peso en todo este embrollo.

Hablamos de Manuela Carmena, la alcaldesa de Madrid. Sabido es que su relación personal y política con Pablo Iglesias es, siendo benévolos, tirante: otros aseguran, conocedores del asunto, que “directamente no le soporta”. Pero en ella está la clave de un mayúsculo embrollo, la piedra Rosetta para entender lo que pasa en España, el juego de alianzas, las inquinas, los desafíos y, por qué no, el postureo típico de una precampaña electoral.

Mientras el PSOE afila cuchillos y en Podemos andan a tortas el ya exsecretario de Organización, Emilio Delgado, y su jefe, el oficialista Luis Alegre; la alcaldesa ha destapado sin querer el quid del asunto: se ha entregado a Pedro Sánchez, pidiendo a Podemos que lo apoye, para garantizarse el apoyo de los socialistas más cercanos a Ferraz y no poner en juego su Alcaldía.

Aquí merece la pena hacer un paréntesis: la mala relación de la alcaldesa con Iglesias, pese a que el casting lo hizo el pope de Podemos, no explica del todo esa actitud. Es más un guiño a los socialistas de Sánchez en el Ayuntamiento, encabezados por Puri Causapié, para que en el desafecto nacional no vaya incluida una pérdida de apoyo. Y algo más: para que esta parte del PSOE no entre en el Gobierno de Madrid ni insista demasiado en ello, algo que tendría a su vez dos efectos: de un lado, el cabreo monumental de Antonio Miguel Carmona y los suyos, que tiene prohibido a la alcaldesa hacer un movimiento en ese sentido mientras no sea con él, y en calidad de vicealcalde.

Carmona será vicealcalde si Sánchez cae”, aseguran fuentes socialistas. “Pero si antes algunos se quieren consolidar en un puesto que no es suyo, no lo permitirán. Y Carmena sabe que su Alcaldía depende de un voto. Con que un socialista se abstuviera en una moción de censura, perdería el poder”, explican.

La otra razón también es poderosa. Al lío que ya tiene Carmena en el Gobierno, del que es cara visible pero en el que tiene poco mando por no decir ninguno, se le añadiría el de incorporar al mando a políticos más expertos que ella y, no digamos, que sus concejales, muchos de ellos imberbes y frívolos. “La gestión es un desastre sin paliativos, si la gente lo viera con detalle, no daría crédito”, apunta un conocedor de los entresijos del Ayuntamiento que da dos datos: “Cuando se mire cómo se trabaja y cómo se gasta en las Juntas de Distrito, va a ser sonado. Y cuando se sepa todo lo que pasa en la Policía Municipal, con un jefe anarquista que tiene soliviantados a todos, peor aún”.

¿Y en el PSOE? La sensación es que la vendetta con Sánchez tendrá que esperar. Al menos a mayo o, si hay elecciones, a junio. “Nos hemos equivocado”, reconocen, “el mismo día 20D por la noche tenía que haber salido alguien pidiendo cambios”, añaden en referencia velada a Susana Díaz.

Pero las fuerzas siguen intactas y el abordaje llegará. Sara Hernández, la secretaria general entregada a Ferraz, tiene los días contados, salvo milagro ahora impensable. Y su mano derecha, el alcalde de Alcalá del comienzo del artículo, también. Especialmente si prospera la imputación de su teniente de alcalde, a más inri amigo y colaborador del propio Pedro Sánchez: la sombra de un delito de prevaricación urbanística planea sobre su cabeza, y el 15 de marzo puede llegar la confirmación del mazazo.

Con el PSOE a palos y Podemos también, al PP madrileño le sonríen los astros, aunque las dificultades de Rajoy ensombrecen el panorama. Un poco, no demasiado. Porque Cifuentes cada día se siente más cómoda y, aunque es pronto para dar el salto, tiene una pértiga guardada no muy lejos por lo que pueda pasar.

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