21 de Abril de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Exposición "El terror a portada. 60 años de terrorismo en España a través de la prensa" en el Centro Cultural Montehermoso de Vitoria-Gasteiz / Pablo González / Europa Press

Me parto y me parto… por no llorar

Llevamos catorce meses con el bozal, confinados, perimetrados, aislados de mil maneras de nuestro entorno y sufriendo a todos los cercanos trastornados que la epidemia y el encierro generan

| Manuel Avilés Edición Alicante

Ni las vacaciones de Semana Santa –confinados, perimetrados, pero llenos de forasteros. Cuando quieran don Ximo y doña Barceló les doy unos cuantos nombres y unas cuantas evidencias- han servido para relajarnos. Las noticias –todas con guerra política en sus intríngulis- se suceden y me ponen los pelos de punta. Me doblo de la risa para no deshacerme en llanto y que me lleven atado a la unidad psiquiátrica de San Juan.

Leo en un periódico que los alumnos valencianos podrán pasar de curso con suspensos y que repetir curso será excepcional. ¿Estamos fabricando  analfabetos a marchas forzadas? Menos mal que hace años algunos estudiaban medicina, química, farmacia, derecho o filología y debían dejarse las pestañas y aprobar para pasar de un curso a otro. De no haber sido así ahora, para hacer frente a la pandemia contaríamos con “youtubers”, “tatoos”, “influencers”, “tronistas”, “pretendientes en putiferios playeros” y cotilleadores en programas basura… un país preparado para hacer frente a cualquier emergencia. ¿Cómo le dice usted a un chico que estudie si va a pasar de un curso a otro de cualquier manera hasta llegar a hacerse un ‘nini’ que ni estudia ni trabaja?

 

Hablando de pesimismo pandémico. Llevamos catorce meses con el bozal, confinados, perimetrados, aislados de mil maneras de nuestro entorno y sufriendo a todos los cercanos trastornados que la epidemia y el encierro generan: lean en todos los medios el incremento de las patologías psiquiátricas, que no es cosa de tomarlas a broma. Veo en las televisiones cómo los británicos ya llevan treinta millones de vacunados y cómo los americanos dicen que el 4 de julio lo van a celebrar sin mascarilla porque las vacunas funcionan vertiginosamente. Aquí – lo oigo a diario y me indigno- se han atascado en los de ochenta años y, quitando a obispos, canónigos, conselleres, sindicalistas y gentes esenciales, por ejemplo, el colectivo de sesenta y cinco para arriba, anda olvidado en un limbo sin noticias.

Dicen que están citando por SMS a los de sesenta y cinco y setenta. No lo veo por ningún sitio. A mí, sin ir más lejos, en los catorce meses de epidemia nadie me ha llamado para nada. Las vacunas… un desastre, un desmadre, una calamidad. Como la limpieza del monumento a Miguel Hernández que dice el alcalde que se lo ha recordado al president, pero aún no he visto al jardinero ni al de la manguera por ese sitio. Ya vendrán las elecciones, ya. Entonces empezarán a mandar sobres al buzón pidiendo el voto y recordando las cosas buenas que han hecho por nosotros. Pura palabrería, puro ocupar el sillón y darse paseos y baños de multitudes para su uso y disfrute. ¿Conocen el chiste de un individuo que se condena por pecador y le preguntan si quiere ir al infierno inglés, al alemán o al español? Ya lo contaré algún día porque eso está pasando con las vacunas.

En 2002 ETA asesinó a Silvia Martínez en Santa Pola. Su único delito, como muchos otros, ser hija de un guardia civil

No tengo el menor compromiso con Marlaska, ya lo he dicho algún día. No tengo ningún interés en defenderlo, pero hay que hacer honor a la verdad. Me cae bien el coronel De los Cobos. La derecha ha montado un follón por su cese al frente de la comandancia de Madrid, que no es sino ruido y lío para acaparar titulares de periódicos. La gran putada que le han gastado a este señor ha sido no promocionarlo a general porque sus días se acortan para pasar a la reserva. La derecha – lo he visto en silla de pista como diría mi amigo Miguel Ángel Aguilar- cada vez que ha entrado en el poder ha hecho mesa limpia y se ha cargado “a mogollón” a todos los cargos de libre designación para poner a los suyos y la izquierda…casi también pero un poco menos. La frase era “libremente te designaron y libremente te quitan”. Yo he oído, a un altísimo cargo de la Administración, recién entrado el PP con Rajoy y recién puesto él, decir lo siguiente: “Lo estás haciendo bien, pero tenemos que quitarte porque debemos escenificar el cambio”. Tomen nota los voceros feroces porque he ahí una motivación poco jurídica: cambia el partido del poder y solo quieren a gente de su cuerda, porque no se puede tener enemigos a la espalda. Lo he visto mil veces con estos ojos que van a pasar en breve por el crematorio. Antes, incluso, de lo que me tocaría por la estadística, porque el asunto de las vacunas lo veo negro.

Mi editor de Esdiario me pasa una nota desgarradora. En el año 2002 ETA asesinó a Silvia Martínez en Santa Pola. Su único delito, como muchos otros, ser hija de un guardia civil. Un crimen odioso cometido por unos hijos de puta redomados, como tantas otras veces. La madre, evidentemente, está en su derecho de recordar a su hija, de odiar a los asesinos y de exigir lo peor para ellos. Yo  lo haría igual. Hablo con conocimiento de causa porque a mí ETA me jodió la vida bien jodida durante bastantes años: me privaron de vivir la adolescencia de mis hijos a quienes –viviendo lejos de mí- les aleccionaba para que dijeran que no me conocían de nada si alguien les preguntaba por su apellido.

He oído planificar mi muerte en grabaciones de Interior y vinieron a matarme hasta mi puerta por esas mismas fechas. Solo la pericia de la guardia civil y el mantener  la sangre fría con mi perro Gumersindo – mi agradecimiento eterno a la brigadilla de información: el Bolo, Nicasio, etc…- los hicieron fracasar. He estado un montón de años con escolta y, aunque he visto gilipollas a los que eso les hacía fardar y sacar pecho ante vecinos trastornados, es lo más incómodo del universo para los escoltas y para el escoltado. Sé de qué hablo cuando de víctimas de los etarras se trata. No tengo el menor síndrome de Estocolmo para con ellos.

 

¿Cuál es el problema? El problema es que el derecho, por regla general al menos yo no he visto jamás lo contrario, tipifica conductas, aplica sanciones a las que merecen reproche penal y no contempla ni la pena de muerte ni la cadena perpetua, ni tampoco la dispersión o el alejamiento del penado del lugar donde tenga la familia o el ambiente social al que retornara cuando salga en libertad. Digo esto consciente de que si a mí, ETA, me hubiese matado a un hijo, yo querría ver muertos a los asesinos como cualquier padre o madre a los de sus hijos.

ETA ha ocasionado un dolor inmenso durante más de cincuenta años y ahora ya no existe. Muchos han trabajado y muchos se han dejado la vida en ello. Cuando nació, muchos aplaudieron y más tarde – recuerdo el asesinato de Carrero Blanco porque estaba en tercero en la Universidad de Granada- algunos aplaudimos porque creíamos que era una organización antifranquista que trabajaba para librarnos de la dictadura. Juan José Etxabe, un etarra de mucho pedigrí, nos bajó de la nube diciendo: Nosotros no somos antifranquistas, nosotros somos antiespañoles.

Si la ley no nos gusta, cambiémosla pero la que hay es preciso cumplirla

Hoy ETA no existe y me fastidia que algunos que no han hecho ni el huevo se anden todavía colgando medallas por ello. Sin la banda terrorista actuando, hay que decirlo porque es la verdad, la dispersión, el alejar a un tío que es de Urnieta para que cumpla condena en Algeciras, no se ajusta ni a la letra ni al espíritu de la ley, que habla del arraigo social y de la vinculación familiar como elementos para hacer que el penado vuelva con posibilidades a la vida en libertad. La dispersión, sin la banda viva y actuando, solo es un sufrimiento añadido que, por más que pueda satisfacer a las víctimas, no se ajusta a la legalidad. Si la ley no nos gusta, cambiémosla pero la que hay es preciso cumplirla. Les recuerdo no obstante que fue Aznar, el que puso la primera piedra contra la dispersión terminando con el traslado de etarras a Canarias, Mallorca, Ceuta y Melilla. Recuerden los desmemoriados cuando Aznar negociaba en Zurich a finales de los noventa, con Arriola, Martí Fluxa, Zarzalejos y el obispo Uriarte y los etarras Albizu Iriarte y Belen González. Sí, sí, cuando hablaba del movimiento de liberación vasco.

No voto a Aznar ni voto a Sánchez ni a Iglesias y digo que la dispersión hoy no tiene sentido ni se ajusta a la ley porque fue ideada para luchar contra una banda que, por fortuna, ha dejado de existir. Lo dice uno que mandó a un montón de etarras al Acebuche, al Puerto de Santa María y al Salto del Negro y eso me costó que me pusieran una diana en la nuca durante todo el tiempo que duró su existencia. Y todo esto lo digo desde mi respeto y mi sentimiento de compartir el dolor con la madre de esta niña vilmente asesinada en Santa Pola  [1]

 

[1] Sin el menor ánimo de hacerme publicidad porque no he escrito ese libro para ganar dinero, lean “De prisiones, putas y pistolas” Ed.Alrevés. Sinficción, donde doy cumplida cuenta de estas andanzas, casi trabajos forzados, en la lucha contra el terrorismo.