20 de Junio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pablo Motos y Felipe González durante la entrevista en El Hormiguero
Pablo Motos y Felipe González durante la entrevista en El Hormiguero

Un gran futuro por detrás

González volvió a cautivar a la audiencia, como solo él ha sido capaz de hacer como político en la historia reciente de España, en la entrevista en que la cadena logró 3.417.000 espectadores

| Mónica Nombela Edición Alicante

La autobiografía del gran actor y director Vittorio Gassman, que fue premio Príncipe de Asturias y de la que se dijo en su momento que rompía esquemas, tiene este sugerente título, “Un grande avvenire dietro le espalle”, que he tomado prestado para mi columna de hoy traduciéndolo a mi modo, lo que además me lleva a ese otro juego de palabras también en italiano, “traduttore, tradittore”, es decir, que el que traduce acaba traicionando el texto original.  Mi colega por partida doble, Enrique Botella, confesaba en una firma de libros en la que coincidimos esta semana, él con su preciosa novela “El silencio y el mar” y yo con mi “A contratiempo”, que procura leer únicamente en la lengua vernácula en que están escritas las obras, por eso de los males que se les presuponen a las traducciones. Que, si bien las traiciones están servidas en nuestro propio idioma, imagínense las que nos podrían liar algunos en otros idiomas. Y yo, qué quieren que les diga, cada vez me declaro más decididamente italianófila, será por lo de que Italia funciona de hace años mágicamente, pese a que los sucesivos gobiernos brillan por su ausencia. Conste que lo mío viene de antiguo, desde antes de que me salieran los dientes y mi tío Giuseppe, Pino para los amigos, me hablara solo en su lengua materna. Puede que mi sentir por el país vecino se haya exacerbado más aún, si cabe, con lo de mi enamoramiento confeso de Damiano David, el chico de moda italiano, desde que ganara con su grupo Maneskin el pasado sábado noche el festival de Eurovisión. En fin, una cosa me lleva a la otra, y miren los pensamientos en cadena que me ha evocado la entrevista televisiva que realizó el otro día Pablo Motos a Felipe González. No sé lo que me está pasando últimamente, que ando tan caótica.

El del gran futuro a la espalda en este caso es el expresidente González, de quien me dejó estupefacta, visto con la perspectiva que solo pueden otorgar el tiempo transcurrido y la edad tanto suya como mía, asunto además sensible en la propia semana que he cumplido años, que dejara la política activa a una edad que ahora me parece temprana. O eso me gustaría creer. González volvió a cautivar y seducir a la audiencia el miércoles pasado, como solo él ha sido capaz de hacer como político en la historia reciente de España, en una entrevista en que la cadena desde la que se emitió en directo el programa el 26 de mayo logró 3.417.000 espectadores de audiencia media, esto es un 20,8% de cuota de pantalla. De las mejores cifras de la temporada. Y es que González ha conseguido despertar el interés de muchos nostálgicos, que se preguntan infructuosamente en qué momento la política se fue directamente a la mierda en nuestro país, así como levantar ampollas entre las filas de este PSOE al que no reconocería ni la madre que lo parió.

Que el Gobierno se empeñe en seguir adelante con los indultos es signo de una enorme debilidad y sumisión a los separatistas, que están demostrando quién manda de verdad

Motos cumplió con su cometido, haciendo las preguntas incómodas cuyas respuestas todos queríamos escuchar. “En estas condiciones yo no haría el indulto”, dijo aparentemente sin despeinarse González. Seguro que son palabras que habrán caído como una auténtica losa en el PSOE de Pedro Sánchez. Y siguió González haciendo didáctica, cuando dijo que nuestra Constitución no es militante, porque no obliga a defenderla contra todos los enemigos, como por ejemplo sí hacen la estadounidense o la alemana. En palabras de este jurista y político, nuestra Constitución admite que haya quien esté en su contra, pero no quien quiera romperla a la fuerza. Admitió haber hablado a fondo con Rajoy, de cara a cortar la deriva del independentismo, y se leyó entre líneas que su relación era mucho más estrecha con este otro expresidente que con Sánchez. Eso no hacía falta que lo jurara, ya se daba por hecho que no son íntimos. La proclamación de la DUI y la aprobación de las “leyes de desconexión” en Cataluña fueron la última oportunidad, en su opinión, para dar una solución política a la situación catalana, por la deslealtad que suponían hacia las reglas del juego democrático. Considera González que la manía de meterse debajo de las togas y judicialización de la política son un desastre, lo que comparto. Sin embargo, y sin desdecirle un ápice, considero que una vez acaecidas las circunstancias que tuvieron lugar en Cataluña, habiendo sido juzgados los hechos acaecidos y condenados los responsables a penas elevadas, que además no han mostrado signo alguno de arrepentimiento, y con el contundente informe en contra de los indultos emitido por el Tribunal Supremo, que el Gobierno se empeñe en seguir adelante con los indultos es signo de una enorme debilidad y sumisión a los separatistas, que están demostrando quién manda de verdad en Moncloa. La deslealtad hacia España y nuestra Constitución que se desprende de todo ello es más que evidente. Todo esto es muy grave.

Nuestro expresidente socialista se erigió en representante de aquella época dorada de la política española, tan diferente de la actual, que andamos huérfanos a más no poder de verdadero liderazgo. En aquel entonces, y perdónenme si me pongo en modo abuela cebolleta, los políticos tenían una presencia y un discurso estable, que generaba una sensación de paz y confianza en las instituciones por parte de la ciudadanía. Es imprescindible que tomemos nota de estas decisiones gubernamentales y no les restemos importancia. Que miremos hacia el pasado para hacerlo mejor en el futuro. Hemos de ser conscientes de las arenas movedizas en que la actual política tiene sus bases, y que no tengamos la memoria tan flaca, para tomar en conciencia las decisiones oportunas cuando llegue el momento de acudir a las urnas.

Mónica Nombela Olmo

​Abogada y escritora