| 05 de Diciembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Funcionarios de prisiones del colectivo Tu abandono me puede matar
Funcionarios de prisiones del colectivo Tu abandono me puede matar

Tu abandono me puede matar

Con la noticia berlanguiana protagonizada por una funcionaria no termino de creerme las informaciones que leo: denuncia falsa, simulación de delito, mensajes que se envía a sí misma…

| Manuel Avilés Edición Alicante

Jubilado arrumbado después de cuarenta años en la cárcel –lo saben de sobra los asiduos a estas columnas- me dedico a la literatura y a vigilar obras con mi secretario general, Santiago González, haciendo el ejercicio indispensable cada mañana para no terminar anquilosado y gilipollas – más aún-. Así es como acaban los que se dedican a la caja tonta, a los putiferios isleños y el mariconeo rampante en busca de audiencias estratosféricas que disparen los dividendos de la publicidad.  Cada día estoy más convencido de que el blindaje del Alzheimer requiere de una actividad que mantenga flexibles, engrasadas y con fluidez en la comunicación a las neuronas. No he pisado un gimnasio en vida ni pienso hacerlo.  El “turbo packet special” – magnífico viaje de Alicante a Madrid con Fernando J. Muñez, el autor de La cocinera de Castamar y los Diez escalones, glosando la caracterización imprescindible del hortera de playa, “turbo packet special”. Esa estética me impide acudir a sitios en los que se ande en gayumbos o con mallas intramusculares y no he ido jamás a esos templos de la musculatura porque me ha dado pudor de acudir con pantalón de deporte comprado a dos euros en el mercadillo de babel o en el del “polígamoelmasallá” de mi tierra, también conocido como la marcha verde, que allí entras en bolas y sales vestido de etiqueta por diez euros. Me niego a rellenar – por aquello de causar impresión y dejar abucharao al personal- el turbo packet con discos de algodón desmaquillantes; me niego a arrastrar pesas o a tirar de poleas elásticas en un intento inútil de parecer un Sansón de quinta mano; me niego a esas duchas colectivas – como en la mili en El Ferral- o a tanta crema y tanto afeite para emerger brillante y resbaladizo como recién salido de un accidente por inmersión en una almazara. Muere mucha más gente haciendo deporte que en los bares. De ahí que mi secretario general y yo – aun con turbo packet special, incluido el paquete de marlboro y el mechero clíper en la cinturilla, y el peine para repasarse en el lado contrario de la munición- de ahí digo que vayamos más a los bares especializados en pinchos de tortilla que a esos sitios de máquinas diabólicas para hacer sufrir al género humano.

Los jubilados antisistema y en bancarrota tenemos que limitarnos, tras vigilar las obras que renacen en la ciudad, a contar los pobres nuevos que cada día piden limosna en las esquinas del Estado de Bienestar, y a comentar en voz baja los tacones vertiginosos para que no nos imputen por acoso ni por miradas que sugieren estados libidinosos.

Me viene a la mano un periódico atrasado y veo cómo las mujeres están emergiendo con fuerza como poderes incontestables en la política. ¡La madre del cordero la que ha liado Cayetana! Esa señora de apellidos nobles: Álvarez de Toledo y Peralta Ramos. Si esto sigue así, en busca del abolengo, me voy a poner De Avilés y Gómez y Camarero de Pedregosa y Guzmán de Alfarache, a ver si consigo subir algún peldaño en la escala social.

A lo que voy, que dice la señora que Casado no tiene poder porque se lo ha entregado todo a Teodoro – aquel que era campeón mundial, o algo así, lanzando huesos de aceitunas. Afirma con claridad que el enjuague para elegir a los miembros del Constitucional ha sido un espectáculo desolador. Tira con bala y habla del “poder testosterónico” de Teodoro, que es lo más parecido al “turbo packet special” que he oído en los últimos años. Voy a llamar ahora mismo a Planeta porque ardo en deseos de entrevistar a esta señora junto a mi Luz Sigüenza y de traerla a las cenas literarias para reventar el Maestral y que tengamos que hacer la cena en tiendas de campaña y comiendo bocadillos, ante la incapacidad de cualquier local al uso de contener tal avalancha.

Ayuso manda en Madrid y el pequeñito que han mandado a esa guerra como fámulo no le llega ni a la alpargata

 

Las mujeres no paran y su asalto al poder es ya inevitable e indisimulable. Por si alguien no se lo cree, pase y vea – como en los circos- la batalla campal desatada contra Ayuso. Cayetana la llama irracional, pero es una campaña absolutamente estudiada. Dice Cayetana que en su partido – no la echan porque sería un escándalo, pero ese antiguo periodista con aspecto frailuno ya le ha enseñado la puerta- en su partido, repito, dice que hay una vigilancia soviética. ¡Virgen santísima! He ahí el punto de encuentro de la derecha más rancia con los bolcheviques. ¡Dónde vamos a llegar!

Teodoro y Casado – ese es el orden de jerarquía según Cayetana- no pueden ir abiertamente, con armas y bagajes, con artillería pesada y con la infantería a tope porque la Ayuso manda en Madrid y el pequeñito que han mandado a esa guerra como fámulo, con todo su golpe de abogado del estado, no le llega ni a la alpargata. Me gusta Ayuso.

Me gusta casi tanto como esa comunista peligrosa que, el día que se arregle el picaporte, aun sin esperanza alguna por mi parte, tengo preparado el envío para mandarle la “Antología de las mejores poesías de amor en lengua española”. La de Luis María Ansón, que ahí es donde está eso de “Desmayarse, atreverse, estar furioso/ áspero, tierno, liberal, esquivo/alentado, mortal, difunto, vivo…”. Confieso que antes de pensar mandársela a ella – comunista peligrosa, dicen los ultras- se la mandé a Luz Sigüenza y me contestó inmediatamente: Querido Manuel – dijo- acuso recibo de tu encendida propuesta de amor. Receptiva, como soy, no dudes de que iré a visitarte al asilo y te llevaré bombones y alguna petaca de bourbon para que sobrelleves el aislamiento y esperes a la Parca colocado y al loro, como propugnaba tu admirado Tierno Galván.

Yolanda Díaz, con su empuje y su eclosión – ella sola es imposible que arregle el drama del paro, problema con mil y una vertientes que analizar- está haciendo reflexionar a Sánchez, con cierto canguelo, y hay hasta socialistas que hablan ya de que “el efecto Yolanda”, que le puede comer la tostada a Sánchez en la calle. Hasta Tezanos, maestro en cocinar estadísticas maquillándolas a gusto del jefe, está acojonado.

En estas andaba yo, con mi secretario general, leyendo periódicos atrasados y admirando de reojo los tacones lustrosos de unas bancarias que desayunan en la mesa de al lado, cuando me abordaron un chico y una chica, ambos de donoso porte.

Yolanda Díaz, con su empuje y su eclosión está haciendo reflexionar a Sánchez, con cierto canguelo

 

Estos no vienen a venderme mecheros ni peines porque les enseño los que llevo preparados en el turbo packet – pensé remirando su aspecto-. Se presentaron educados: somos funcionarios de prisiones. ¡Hostias! – pensé- vienen a mantearme, seguro. Hemos leído su artículo de  Esdiario sobre los terceros grados y nos gustaría hablar con usted porque estamos de acuerdo con lo que dice. Somos miembros de la asociación Tu abandono me puede matar, TAMP, para entendernos porque así sale en todos los medios.

 

¿Vosotros tenéis liberados?  No, respondieron a la vez. ¿Abundan en vuestra asociación las comidas con gambas y cigalas? No ¿Estáis financiados, subvencionados o untados de alguna manera, como otros? No, solo nos surtimos de las cuotas de los asociados. Vamos bien, respondí. Usted, que tiene experiencia…, dijeron -cuarenta años de talego pueden ser llamados experiencia sin el menor problema- ¿aceptaría hablar con nosotros de algunos asuntos en los que podría valernos lo vivido en los sitios por los que ha pasado?

Y me estuvieron contando algunas historias -que son para no dormir por lo esperpéntico- y de las que daré cuenta en próximos artículos. Hoy, con la noticia berlanguiana protagonizada por una funcionaria, hay que esperar a que esa historia se aclare. No termino de creerme las informaciones que leo: denuncia falsa, simulación de delito, mensajes que una persona se envía a sí misma… Todo presuntamente hasta que se aclare. ¡Señor, llévame pronto!