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Vox avisa al PP: “apretará un poco más” en Castilla y León porque se sabe más fuerte que en Extremadura y Aragón

Los de Santiago Abascal endurecen el listón negociador con Alfonso Fernández Mañueco y recuerdan que en la comunidad tienen un peso electoral superior al de otros territorios donde ya arrancaron vicepresidencias y consejerías al PP.

Portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster

Portavoz nacional de Vox, José Antonio FústerVox

Luis Sordo
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Vox ha decidido subir el precio de su apoyo al Partido Popular en Castilla y León. La formación de Santiago Abascal considera que su fuerza parlamentaria y electoral en la comunidad le permite “apretar un poco más” al PP en las negociaciones para reeditar un gobierno de coalición, siguiendo el modelo ya aplicado en Extremadura y Aragón, pero con mayores exigencias.

Así lo ha dejado claro este lunes el portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, durante una rueda de prensa en la sede nacional del partido, en la calle Bambú de Madrid. Fúster ha admitido que las conversaciones con los populares avanzan “más despacio” de lo que les gustaría, aunque ha lanzado un mensaje inequívoco al PP: Castilla y León no será una negociación cualquiera.

Vox mide sus fuerzas ante el PP

En Castilla y León tenemos más fuerza, y se incrementó en Aragón respecto a Extremadura; en cada acuerdo se puede apretar un poco más”, ha señalado Fúster, marcando así la estrategia de Vox en una comunidad clave para la derecha española.

El argumento de Vox se apoya en los números. La formación cuenta con 14 procuradores en las Cortes de Castilla y León, los mismos escaños que obtuvo en Aragón, pero con un porcentaje de voto superior: un 18,9% frente al 17,9% logrado en la comunidad aragonesa. Esa diferencia, aunque aparentemente estrecha, es suficiente para que Vox reclame un mayor peso político en el futuro Ejecutivo autonómico.

En Aragón, los de Abascal consiguieron una vicepresidencia con consejería propia y otras dos consejerías. En Extremadura, donde Vox obtuvo 11 parlamentarios, el pacto con el PP se tradujo en una vicepresidencia con competencias y una consejería adicional. Ahora, en Castilla y León, Vox quiere que esa escala negociadora se note.

Mañueco, ante una negociación incómoda

El PP de Alfonso Fernández Mañueco se enfrenta así a una negociación delicada. La experiencia de los últimos años demuestra que Vox no quiere limitarse a facilitar investiduras ni a sostener gobiernos desde fuera. Quiere entrar en los ejecutivos, controlar áreas de gestión y dejar una huella política visible.

La relación entre PP y Vox en Castilla y León no parte de cero. Ambas formaciones ya compartieron gobierno tras las elecciones autonómicas de 2023, al igual que ocurrió en Aragón y Extremadura. Sin embargo, aquella etapa terminó abruptamente cuando Vox decidió romper sus acuerdos autonómicos con el PP por las discrepancias en torno a la acogida de menores migrantes no acompañados.

Aquel choque marcó un antes y un después en la relación entre ambos partidos. Vox acusó entonces al PP de plegarse a las políticas migratorias impuestas desde el Gobierno central, mientras que los populares intentaron mantener un perfil institucional y evitar una ruptura total con sus socios territoriales.

Abascal quiere convertir Castilla y León en aviso nacional

La posición de Vox en Castilla y León tiene además una lectura nacional. Abascal pretende demostrar que su partido sigue siendo imprescindible para que el PP gobierne en buena parte del mapa autonómico. Y, sobre todo, que ese apoyo no será gratis.

El mensaje de Fúster llega en un momento en el que el PP intenta recomponer mayorías y proyectar una imagen de estabilidad institucional. Pero Vox quiere marcar territorio y recordar que allí donde sus votos sean necesarios, exigirá poder real, no simples gestos programáticos.

Castilla y León se convierte así en un nuevo pulso entre Génova y Bambú. El PP necesita cerrar un acuerdo que le permita gobernar con estabilidad; Vox, por su parte, quiere aprovechar su peso para elevar sus condiciones. Y Fúster ya ha dejado claro cuál será la línea de salida: más fuerza, más exigencias.

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