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Los investigadores alertan de un posible nuevo brote de tularemia en Castilla y León para 2027

Una revisión científica sitúa a la comunidad como principal foco de esta enfermedad en España y apunta a un patrón de reaparición que podría desembocar en un nuevo episodio

(Foto de ARCHIVO) Un topillo, vulgarmente llamado ‘Rata de agua’ que puede transmitir tularemia 30/7/2019

(Foto de ARCHIVO) Un topillo, vulgarmente llamado ‘Rata de agua’ que puede transmitir tularemia 30/7/2019AYUNTAMIENTO DE PAMPLONA

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Jaime Sanz de la Iglesia

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Castilla y León podría registrar un nuevo brote de tularemia en 2027. Es la hipótesis que plantean investigadores de la Universidad de Valladolid y del Hospital Universitario Río Hortega tras analizar la evolución de esta enfermedad durante las últimas décadas y el repunte de casos registrado recientemente en la comunidad. Los autores sostienen que los focos endémicos del noroeste peninsular podrían favorecer nuevos episodios de transmisión con una periodicidad aproximada de una década.

La advertencia aparece en una revisión científica publicada en la revista Medicina Clínica, elaborada por los microbiólogos Marta Hernández y José María Eiros, de la Universidad de Valladolid y el Hospital Universitario Río Hortega, junto a José Antonio Oteo, del Hospital Universitario San Pedro-CIBIR de La Rioja. En el trabajo, los investigadores revisan los últimos avances científicos relacionados con la tularemia, una infección causada por la bacteria Francisella tularensis. "Podríamos estar ante un nuevo brote previsiblemente para 2027", señalan.

La posibilidad de que la enfermedad vuelva a ganar presencia en Castilla y León está relacionada con los antecedentes de la comunidad. En ella se produjeron los dos mayores brotes de tularemia registrados en España. El primero tuvo lugar entre 1997 y 1998 y afectó a 585 personas, principalmente en la comarca de Tierra de Campos, en la confluencia de las provincias de León, Valladolid, Palencia y Zamora.

Aquel episodio estuvo relacionado fundamentalmente con la manipulación de liebres infectadas durante actividades cinegéticas y domésticas. Diez años después, entre 2007 y 2008, se produjo un segundo gran brote, que afectó a 507 personas y coincidió con una explosión demográfica del topillo campesino (Microtus arvalis), un roedor ampliamente distribuido por las zonas agrícolas de Castilla y León.

Los análisis moleculares citados en la revisión científica encontraron además que la bacteria responsable de ambos episodios pertenecía al mismo grupo genético. Según los investigadores, este resultado apunta a que la reaparición de la enfermedad no estaría relacionada con nuevas introducciones del microorganismo, sino con la existencia de reservorios locales.

Más de 200 casos en Castilla y León

Los datos de los últimos años constituyen otro de los elementos analizados por los expertos. Entre marzo de 2024 y septiembre de 2025 se confirmaron 206 casos en Castilla y León, una cifra que prácticamente alcanza los 227 registrados durante todo el periodo comprendido entre 2018 y 2022.

En el conjunto de España también se ha producido un incremento. En 2024 se notificaron 119 casos, frente a los seis registrados en 2022 y los tres de 2023. Los investigadores relacionan este escenario con una reactivación de la vigilancia epidemiológica y una mayor circulación de la bacteria, aunque advierten de que las cifras deben interpretarse con cautela.

La tularemia es una zoonosis que puede transmitirse de animales a personas y que afecta especialmente a los entornos rurales. El contagio puede producirse mediante el contacto con animales infectados, la inhalación de partículas contaminadas, el consumo de agua o alimentos contaminados o las picaduras de artrópodos como las garrapatas.

Los autores también apuntan a distintos factores que podrían favorecer la reaparición de la enfermedad, entre ellos los ciclos ecológicos de los roedores, las condiciones ambientales y el cambio climático. El aumento de casos no se limita además a España, ya que durante 2024 y 2025 se registraron incrementos de incidencia en Austria, Francia y Eslovenia, así como en Estados Unidos.

Sin embargo, la revisión científica subraya que parte de ese incremento puede estar relacionado con una mejora de los sistemas de vigilancia, la generalización de técnicas diagnósticas moleculares y una mayor capacidad para detectar infecciones que anteriormente podían pasar desapercibidas.

Entre los avances recogidos en el trabajo se encuentran precisamente las nuevas herramientas para diagnosticar la tularemia. Las técnicas de PCR y secuenciación genómica permiten identificar la bacteria con mayor rapidez y caracterizar su origen sin necesidad de recurrir al cultivo microbiológico.

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