Alarma en Zarzuela: Sánchez pone ahora en serio riesgo a la Familia Real
Lo del Gobierno contra la Casa Real es algo que no es ningún secreto pero cuando la situación puede afectar a la seguridad, la cosa ya cambia y sube el nivel de gravedad

Los Reyes Felipe y Letizia, se despiden de la Princesa Leonor el pasado enero.
Una alarma demoledora recorre los pasillos de la Comisaría Especial de la Casa del Rey. Y es que les amenaza una realidad: “No se podrán dar adelantos”. No hay dinero. No en las cajas, no en las cuentas, no en los bolsillos de quienes custodian a las figuras más expuestas del Estado. El sistema, sencillamente, ha dejado de funcionar. Un gravísimo problema que salpica el Rey Felipe VI.
Las cajas pagadoras, ese mecanismo casi invisible que permite a una comisaría seguir respirando —pagar dietas, cubrir desplazamientos, abastecer materiales— están vacías. No es una metáfora: están literalmente vacías. Lo están en Madrid, lo están en Sevilla, lo están también en la Comisaría Especial que se encarga de escoltar a la Familia Real. Y lo están hasta el punto de que agentes que deben acompañar a las Infantas Elena, Cristina o Margarita en sus desplazamientos oficiales han tenido que pagar de su propio bolsillo la gasolina, la comida o el alojamiento.
“No hay reposición de fondos. Los pagos se retrasarán hasta nuevo aviso”, dice el comunicado. Lo que no dice, pero ya se sabe, es que este caos financiero está afectando también a otras unidades críticas, como los antidisturbios destinados a garantizar la seguridad en la cumbre de la ONU que se celebrará en Sevilla. A punto estuvieron de tener que costearse ellos mismos el traslado. Un parche de última hora evitó la vergüenza, pero no el bochorno.
Desde el Ministerio del Interior, Fernando Grande-Marlaska ha intentado calmar las aguas: asegura que se ha aprobado una partida extraordinaria de tres millones de euros. Pero en las comisarías ya no creen en comunicados: “Esa modificación es específica para la cumbre. No llena las cajas”, aclaran con una mezcla de rabia y resignación.
Las consecuencias empiezan a notarse. Hay dependencias policiales donde ya no se repara el aire acondicionado, donde los patrulleros no tienen gasolina suficiente, donde el material básico —desde papel hasta chalecos— se estira como un viejo sueldo precario. El malestar ha pasado de los susurros a los gritos. Desde Jupol, el sindicato mayoritario, Ibón Domínguez lanza una denuncia que hiela la sangre: “El sistema ha colapsado. Estamos actuando como si esto fuera un país en vías de desarrollo”. No descartan movilizaciones. Ni acciones legales.
Y en medio de este desconcierto silencioso, surge la paradoja: los agentes que deben proteger lo más alto del Estado —el núcleo mismo de su representación institucional— no tienen ni para pagar sus propios desplazamientos. Según ha podido saber ESdiario, varios responsables policiales admiten que esta situación, aunque no compromete la profesionalidad de los escoltas, sí amenaza con desgastarlos emocionalmente. “Esto no es una cuestión de negligencia operativa. Pero sí puede afectar al ánimo, a la motivación. Y eso, en seguridad, también pesa”, explican.
En otras palabras: la seguridad de la Familia Real no está comprometida… pero lo está el temple de quienes la garantizan. Un capítulo más de la guerra abierta de La Moncloa y Pedro Sánchez contra el Rey la Casa Real.
No es solo una cuestión de contabilidad. Es una cuestión de respeto, de estructura, de dignidad profesional. Porque cuando un agente del orden tiene que tirar de tarjeta para escoltar a una infanta, no es él quien falla. Es el sistema entero el que ha dejado de estar a la altura.
Chismógrafo
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David Lozano