ESdiario

Terremoto judicial por el caso de Íñigo Errejón: denuncia que lo cambia todo

El ex portavoz de Sumar en el Congreso aprovecha unos adios de su denunciante para darle la vuelta a la tortilla y complicarle la vida a Elisa Mouliaá.

Elisa Mouliaa junto a su abogado Alfredo Arrien.

Elisa Mouliaa junto a su abogado Alfredo Arrien.GTRES

David Lozano
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Comenzó con un audio, como tantas veces sucede en los tiempos modernos: una voz que llega por WhatsApp, una súplica entre amigas. Elisa Mouliaá, rota o tal vez desesperada, le pedía a Soraya que midiera sus palabras. Que pensara en ella como madre, en lo que podía perder, en lo que aún no se sabía si era delito o sólo una sombra difícil de nombrar.

Ese audio —filtrado y publicado por El Confidencial— ha sido la cerilla que ha prendido la mecha de un caso ya inflamable. En él, la actriz, que mantiene una denuncia activa contra Íñigo Errejón por un presunto delito de agresión sexual, parecía dudar, matizar, incluso retroceder. Pero su entorno lo dejó claro: no es lo que parece, el contexto lo es todo. Un contexto que ella misma ha tratado de reconstruir desde sus redes sociales.

Pero en esta historia no basta con matices. Porque lo que está en juego no es solo la reputación de una actriz o la inocencia de un expolítico, sino el relato público de una verdad en disputa. Y a medida que pasan los días, lo que empezó como una denuncia se ha transformado en una guerra. Judicial, sí. Pero también emocional, mediática, casi ideológica.

El conflicto ha escalado: Errejón ha amenazado con querellarse, pero no por el contenido del famoso audio, sino por unas declaraciones recientes de Mouliaá en redes sociales, en las que va más allá del hecho original y acusa al que fuera portavoz de Sumar de extorsionar a testigos. “No inventéis la realidad”, escribió ella. Pero para el político, eso ya no es solo una opinión: es una calumnia grave.

En medio del caos, los abogados han tomado posiciones. Alfredo Arrién, desde la acusación particular, respalda la versión de Mouliaá con informes periciales firmados por José Cabrera y José Capote, psiquiatra y psicólogo forense, que han validado su testimonio. Por su parte, la defensa del ex portavoz de Sumar en el Congreso de los Diputados contraataca con lo que define como un acto de conciliación previo a una querella formal: le piden a Mouliaá que se retracte, que borre sus palabras, que indemnice con 10.000 euros por los daños causados.

La batalla, sin embargo, no se juega solo en papeles y juzgados. Se libra también en los pasillos de opinión pública. ¿Quién influenció a quién? ¿Quién se acercó a los testigos? ¿Hubo manipulación? Uno de ellos, Borja, habría confesado al juez que preguntó a Errejón “cuál era el plan para el juicio”. La defensa del político lo matiza: dice que fue el testigo quien se acercó voluntariamente por correo electrónico, y que no hubo contacto previo con Soraya, solo con Mouliaá.

En el fondo, ya no se trata solo de probar un delito. Se trata de ganar el relato, de sobrevivir al barro. La justicia dirá si hubo abuso a Elisa Mouliaá, extorsión o calumnia. Pero el daño ya está hecho. Y ambos saben que, pase lo que pase, saldrán distintos del otro lado.

tracking