La Infanta Elena causa un cisma en Zarzuela: filtran sus críticas a Leonor y Sofía
Las tensiones familiares vuelven a producirse y, de nuevo, con un protagonista principal, el Rey Juan Carlos I que sigue muy presente en el día a día

La Infanta Elena en la plaza de toros de las Ventas, este pasado 15 de junio.
La Infanta Elena ha guardado silencio durante años. Lo ha hecho por respeto a su padre, por lealtad a la institución y, también, por no convertirse en una piedra más en el zapato de la monarquía. Pero ahora, tras tanto tragar, empieza a dejar ver su hartazgo. Y lo hace con una queja tan íntima como contundente: no entiende cómo Leonor y Sofía siguen negándose a visitar a su abuelo.
Porque si algo duele de verdad a Elena de Borbón no son los escándalos, ni los titulares de los últimos años, ni siquiera el exilio silencioso de Juan Carlos I. Lo que más le pesa —y así lo ha hecho saber en su entorno— es el vacío que sus propias nietas le están haciendo al hombre que, para bien o para mal, fue Rey y cabeza de familia.
Desde 2020 el Rey Emérito ha recibido visitas de casi todos: de sus nietos mayores, de amigos fieles, de sus hijas. Pero las dos únicas que no han aparecido ni una sola vez han sido la Princesa Leonor y la Infanta Sofía. Ni un gesto. Ni una escapada discreta. Ni una visita privada. Ni siquiera una foto pactada que sirviera para tapar la herida. Nada.
Y eso, según publica EnBlau, para Elena, es inaceptable. No ya como hermana o como hija, sino como tía. Porque entiende las razones institucionales, las resistencias en la Zarzuela, el blindaje de la imagen impecable de la heredera. Pero no logra comprender cómo no hay espacio para lo más básico: un mínimo gesto humano hacia su abuelo.
Dicen que la Reina Letizia pone freno. Que no quiere a sus hijas cerca de una figura tan comprometida como Don Juan Carlos I. Que lo evita por cálculo, por imagen, por preservar a la corona de otra tormenta. Elena no lo discute, pero tampoco lo aprueba. Porque para ella no se trata de política ni de estrategia. Se trata de familia.
Y ahí es donde más le duele: que el Rey Felipe VI lo consienta, que las niñas sigan creciendo con la idea de que la distancia es lo prudente y no lo ingrato. Porque todos los nietos han hecho esfuerzos por ver al abuelo, incluso en sus peores momentos. Todos menos las hijas del Rey.
Elena, que ha estado con su padre en los días más oscuros, que le ha defendido en público y en privado, que incluso le buscó lo que puede ser su futura vivienda en Portugal, la llamada operación Cascais que les hemos contado en ESdiario, solo esperaba un gesto. No para redimir, ni para justificar. Solo para acompañar. Pero ni eso.
Ahora, el Rey Juan Carlos vive con la esperanza ya casi extinguida de que sus nietas más jóvenes acudan alguna vez. Las ha invitado. Ha escrito. Ha preguntado. Y siempre ha recibido la misma respuesta: el silencio.
“Si hoy son quienes son, es también gracias a él”, ha dicho Elena en su entorno. Lo dice con dolor, no con reproche. Pero el mensaje es claro: la desmemoria también es una forma de traición.
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David Lozano