Conmoción en Casa Real: el Emérito ya no camina y vive una situación crítica
Don Juan Carlos ha sufrido un inesperado deterioro de su salud en las últimas semanas y eso le ha pasado factura en un momento muy delicado que han sufrido sus amigos en Galicia

Don Juan Carlos, en el aeropuerto de Vigo, el pasado 12 de mayo.
No fue solo un tropiezo. Fue una escena que heló la sangre a quienes la presenciaron. Juan Carlos I, a sus 87 años, cayó—casi literalmente—ante los ojos de todos. Sucedió este fin de semana en Sanxenxo, durante una cena con amigos, pero el eco ha llegado directamente a Zarzuela, donde la preocupación por su estado de salud ha subido varios grados. La imagen no podía ser más elocuente: el Rey que un día lo fue todo, forcejeando con su cuerpo maltrecho, negándose a la silla de ruedas, empeñado en caminar unos pasos que su pierna izquierda ya no le permite dar.
Quiso mostrarse firme, pero el resultado fue desolador. Casi se desploma delante de todos. Y no se trató de un descuido, sino de una terquedad casi crónica. Como si su orgullo se negara a cederle el protagonismo a la decadencia. El episodio, descrito por testigos como “humillante y doloroso”, ha hecho saltar todas las alarmas en la Casa Real. Fue un momento crítico, según describen los presentes.
Fuentes próximas a Zarzuela, citadas por el portal Monarquía Confidencial y EFE, confirman que el Rey Emérito ya no puede moverse sin ayuda. La silla de ruedas es hoy una extensión inevitable de su anatomía, pero Don Juan Carlos sigue rechazándola, como si asumirla fuera firmar su sentencia final. Prefiere el dolor a la rendición. Pero su fragilidad no se puede maquillar más. Ni la seguridad que le rodea consigue evitar escenas de riesgo, como la vivida en Galicia, que por poco no acaba en tragedia.
Y mientras su cuerpo cede, también lo hace su vínculo con la institución. La Casa del Rey no permitió su asistencia al cumpleaños de la Infanta Cristina, una celebración privada pero con significado dinástico, como todo en esa familia. El gesto ha sido leído en clave simbólica: la desconexión entre el Rey Felipe VI y su padre ya no es solo protocolaria, sino personal. Una ruptura silenciosa que se agrava con cada aparición del Emérito, tal y como les ha venido contando ESdiario en los últimos tiempos.
Hace más de una década que el entonces Rey Juan Carlos abdicó. Pero su presencia sigue pesando. Cada vez que aparece, lo hace rodeado de escoltas, bastones, incomodidad... y de ese silencio que se ha impuesto, más allá de los saludos protocolarios, el propio Emérito. La Corona, lo esquiva y oficialmente no se pronuncia sobre las andanzas del ex Jefe del Estado. La estrategia es clara: centrar los focos en la Princesa Leonor, en una monarquía que quiere parecer joven, renovada, sin fracturas ni fantasmas. Pero el pasado insiste en no desaparecer.
En Zarzuela hay verdadera inquietud, según ha podido saber ESdiario. No solo por su salud, sino por lo que representa. Su caída pública, además de física, ha sido institucional. El monarca que simbolizó la transición democrática es hoy una figura incómoda para la Monarquía, es la cruda realidad para el padre del actual Rey.
Y, como viene siendo habitual en los últimos años, Juan Carlos I no se pronuncia.
Su agravamiento de la salud, o por lo menos de la movilidad, podría acelerar la llamada Operación Cascais, su regreso a casa. No a España pero sí a la península ibérica, cerca de Madrid y también de su querida Sanxenxo.
Chismógrafo
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David Lozano