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Malestar en Zarzuela: “No, Leonor no es una cadete más en San Javier”

La Princesa cumple una semana en su nueva casa, la Academia General del Aire, en lo que es ya su última etapa de formación castrense

La Princesa Leonor en la Academia General del Aire.

La Princesa Leonor en la Academia General del Aire.Europa Press

David Lozano
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El pasado 1 de septiembre arrancaba el nuevo curso en todos los hogares y empleos. Por ejemplo, en lo periodístico con la incorporación progresiva de las estrellas, en los centros educativos con la vuelta de los profesores para tener todo listo para recibir a una legión de los alumnos de todas las edades y condiciones y en el Ejército también con la puesta en largo de sus Academias y Escuelas para recibir a los nuevos alumnos y también a quienes ya se convirtieron en cadetes.

La Princesa Leonor era una de las novedades en la Academia General del Aire de San Javier. Desde hace tiempo en el Ejército del Aire y del Espacio se están preparando para esta situación, que no es nueva porque el Rey Felipe VI, entonces Príncipe de Asturias, ya pasó por la misma experiencia.

Desde la Casa Real y Defensa se transmite la idea de que Leonor de Borbón y Ortiz es una cadete más, pero nada más lejos de la realidad. Alessandro Lequio, en Vamos a Ver de Telecinco, ya lo advertía en directo con bastante rotundidad y su habitual elevado tono de voz, casi a gritos: “¡No, Leonor no es una cadete más! ¡A quién se le ocurre pensar que la Princesa de Asturias va a ser una más!”, decía el conde televisivo dejando ver que la heredera tendrá privilegios en la que ya es su última etapa de formación militar.

Unas palabras que, tal y como ha podido saber ESdiario de fuentes próximas a la Zarzuela, no han sentado nada bien en Palacio, más aún por quien las dice, Lequio, emparejado con la Familia Real española.

El 1 de septiembre. San Javier amaneció con la prensa en formación. No era para menos: la Princesa Leonor pisaba la Academia y, de pronto, los cadetes pasaban a ser figurantes de lujo. La rutina militar convertida en desfile mediático, como si cada saludo, cada paso, cada mirada de la heredera tuviera que escribirse en los anales de la patria.

Dicen que venía a aprender a volar. Quizá. Aunque en realidad parecía que ya había aprendido a flotar: sobre el murmullo de los críticos, sobre el aplauso fácil, sobre la propaganda que convierte una matrícula en épica nacional.

Leonor saludó con esa mezcla de protocolo y timidez que aún le queda. Nada fuera de lo común. Pero el eco que se levantó alrededor fue el de un acontecimiento histórico. ¿De verdad lo era? ¿O lo convertimos en tal porque necesitamos símbolos a falta de certezas?

Los aviones rugían a lo lejos, recordándonos que aquello es una Academia militar y no un plató. Aunque en días como este cuesta distinguir la diferencia. Porque la princesa no sólo venía a someterse a la disciplina de los instructores: venía a exhibirse como el rostro del futuro, aunque el futuro aún esté en prácticas.

Habrá quien lo celebre como una prueba de compromiso. Otros lo leerán como marketing institucional. Y, entre medias, los cadetes de siempre, los que no tienen apellido real, seguirán despertando al toque de corneta sin que nadie les escriba columnas.

Al final, San Javier seguirá siendo lo que era: un lugar donde se aprende a volar. Pero hoy nos lo vendieron como si el cielo cambiara de dueño.

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