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Esta es la verdad de la guerra entre Tamara Falcó y Boris Izaguirre: de íntimos a enemigos a muerte

El silencio pesa más que las palabras: la ausencia de la marquesa de Griñón en el 60º cumpleaños del venezolano confirma que el cisma con Isabel Preysler sigue vivo

Tamara Falcó y Boris Izaguirre, en una imagen de archivo de 2019.

Tamara Falcó y Boris Izaguirre, en una imagen de archivo de 2019.GTRES

David Lozano
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En la alta sociedad, los desencuentros se disfrazan con sonrisas y corrección política. Nadie grita, nadie rompe platos, pero basta ver quién no contesta a una invitación para adivinar dónde está el hielo. Y en el triángulo formado por Isabel Preysler, Tamara Falcó y Boris Izaguirre, no hace falta lupa para saber quién se ha quedado fuera del calor.

La herida se abrió en octubre de 2022. Tamara Falcó, en un discurso religioso en México, deslizó unas frases que sonaron a crítica de la diversidad sexual. La polémica estalló. Boris, que nunca ha escondido su defensa del colectivo, respondió en el diario El País con un artículo demoledor. Desde ese momento, Isabel Preysler y su hija levantaron un muro de silencio contra él. Un muro que, a día de hoy, no termina de caer, tal y como recoge el portal Mujerhoy.

Tamara tuvo que dar explicaciones en El Hormiguero de Antena 3. Negó haber atacado al colectivo LGTBIQ+, pidió disculpas “si alguien se había sentido ofendido” y trató de apagar el incendio. Pero el daño ya estaba hecho. En los salones dorados de la jet-set, las palabras resuenan más tiempo del que duran en los titulares.

Desde entonces, ha sido Boris quien más ha hablado de sus ex amigas. Por exposición mediática y por carácter, es él quien se enfrenta a la alcachofa y deja titulares que alimentan la prensa rosa. Preysler y Falcó, mucho más esquivas, han optado por el silencio. Un silencio que dice tanto como las declaraciones.

No siempre fue así. Boris conoció a Isabel en el año 2000, de la mano de Terenci Moix, nada menos que en la mansión de La Moraleja. Aquella noche, Tamara era apenas una adolescente a punto de cumplir 18. Acabaron bailando en Joy Eslava, estrenando una amistad que parecía destinada a ser eterna. Pero la eternidad, ya se ve, no siempre resiste a las hemerotecas.

En los últimos meses, Boris ha querido suavizar el relato: reencuentros puntuales, mensajes con Isabel, incluso una cena en el restaurante de Íñigo Onieva, a recomendación de la propia Preysler. En público no escatima elogios a Tamara: “Todo lo hace bien”, dijo recientemente. Pero la sensación es clara: aunque el contacto se haya retomado, ya no es lo mismo.

La prueba más evidente llegó con la gran fiesta de cumpleaños de Boris, que celebró sus 60 rodeado de un ejército de amigos en el barrio de Salamanca. Eugenia Martínez de Irujo, Amaia Salamanca, Ana Belén, Álex de la Iglesia... Un desfile de rostros conocidos. ¿Y Tamara? Ni rastro. Cuando le preguntaron si acudiría, Boris solo acertó a responder: “No tengo el control de quién viene. No sé si viene Tamara”. Una frase que sonó a resignación.

En este juego de gestos y silencios, las mieles verbales no logran endulzar lo evidente: la relación entre Boris, Isabel y Tamara ya no es la que fue. Pueden perdonar. Olvidar, eso es otra historia.

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