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El hijo mayor de Vargas Llosa borra la sonrisa de Isabel Preysler: polémico ajuste de cuentas

La guerra sigue abierta. Tras la publicación de las memorias de la socialité, la familia del escritor tiene todavía algo que decir. Y lo ha dicho.

Mario Vargas Llosa, Patricia Llosa y Álvaro Vargas Llosa en 2023.

Mario Vargas Llosa, Patricia Llosa y Álvaro Vargas Llosa en 2023.GTRES

David Lozano
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Diez días después de que Isabel Preysler presentara en el hotel Ritz sus memorias Mi verdadera historia rodeada de focos, cámaras y viejos conocidos del glamour, llega una respuesta inesperada… y sutil. Álvaro Vargas Llosa, el hijo mayor del Nobel, ha concedido una entrevista a El País en la que habla del tramo final de la vida de su padre, Mario Vargas Llosa, con una delicadeza que tiene mucho de homenaje y algo —bastante— de mensaje.

El periodista y escritor peruano, heredero del marquesado familiar, rara vez se presta a declaraciones personales. Por eso, su decisión de hablar justo ahora, cuando la sombra mediática de Preysler vuelve a sobrevolar el apellido Vargas Llosa, no puede entenderse como una mera coincidencia. En los círculos culturales y mediáticos se interpreta como un dardo discreto pero directo: una forma de recordar que la verdadera historia del Nobel no se escribió en Puerta de Hierro, sino en los reencuentros silenciosos con Patricia Llosa, la mujer que lo acompañó toda su vida.

El marco era aparentemente neutro: la VI Bienal Vargas Llosa celebrada en Cáceres, entre el 22 y 25 de octubre. Un encuentro académico, rodeado de homenajes, seis meses después del fallecimiento del escritor. Sin embargo, El País optó por un titular con alma de revista del corazón. No en vano, el testimonio más emotivo de Álvaro giró en torno a la reconciliación de sus padres, a la ternura del último tramo vital de su progenitor y al valor simbólico de ese regreso.

“La reconciliación con mi madre es lo más hermoso que ocurrió en la etapa final de su vida”, declaró.

Detrás de esa frase, tan simple como devastadora, hay una reivindicación: la del afecto verdadero frente al oropel mediático, la del perdón íntimo frente al escaparate. Y, de paso, una desautorización implícita al relato que Isabel Preysler ha intentado instalar con su libro: el de la mujer herida que compartió vida con el Nobel y que, al perderlo, reclama el papel de protagonista en su memoria sentimental.

La familia Vargas Llosa siempre ha cultivado el silencio público. Por eso, que Álvaro conceda una entrevista en este momento tiene un peso inusual. En ella, describe los últimos meses junto a su padre recorriendo lugares emblemáticos de Perú, reavivando recuerdos y cerrando círculos vitales. Un viaje íntimo y casi fúnebre en el que, dice, “intenté activar los recuerdos de mi padre a través de la literatura y su geografía sentimental”.

Es imposible no leer ese relato como un contrapunto a la narrativa de Preysler, que sigue proyectando el amor perdido como una novela rosa con título propio. Frente al brillo superficial, el hijo del Nobel opta por la contención, la familia, el regreso a lo esencial.

La reconciliación que lo cambia todo

Álvaro describe con emoción la recuperación del vínculo entre Mario y Patricia, después de años de distancia y heridas. “Física y mentalmente ya no era quien fue, pero ese reencuentro tuvo un valor inmenso”, asegura. En sus palabras se percibe una mezcla de duelo y gratitud: la sensación de haber ayudado a su padre a morir en paz, acompañado por la mujer de su vida.

Esa frase resume algo más profundo: la historia oficial que la familia Vargas Llosa quiere que prevalezca. No la de la socialité madrileña que convirtió su relación en un fenómeno mediático, sino la del escritor que regresó a casa antes de marcharse para siempre.

Álvaro Vargas Llosa, por cierto, tampoco dejó pasar la oportunidad de marcar distancias con el mundo que encarna Preysler. “No le tengo cariño a la prensa del corazón”, dijo, reprochando su falta de límites y de sentido de la oportunidad. 

En definitiva, la entrevista no solo honra la memoria de Mario Vargas Llosa, sino que redefine su legado y, de paso, corrige el relato sentimental que Isabel Preysler ha intentado convertir en su última exclusiva.

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