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Preysler y la política: el ultimátum de Alfonso Guerra que forzó a Felipe González a sacrificar a Boyer

La reina de corazones inició su romance con el ministro socialista Miguel Boyer en 1982, fascinado pese a su ideología de derechas y el PSOE de él, convirtiéndose en portada política y rosa.

Isabel Preysler

Isabel PreyslerIEuropa press

David González
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Isabel Preysler redondeó su interés mediático cuando en su vida se cruzó la política. O viceversa. Lo cierto es que la 'reina de corazones' alcanzó el culmen de su popularidad cuando inició su relación sentimental con Miguel Boyer, uno de los primeros espadas de la vida política española en los años ochenta. El todopoderoso ministro de Economía, Hacienda y Comercio. La relación se hizo pública en julio de 1985, aunque habían empezado a salir en la primavera de 1982 cuando les presentó Mona Jiménez.

En su libro Mi verdadera historia, la Preysler por primera vez habla de política. Se confiesa como una mujer de derechas. Por eso su primer encuentro con Boyer, miembro del PSOE, no auguraba la historia que iban a vivir: "¡Un socialista! Mejor no le dirijo la palabra, porque no querrá ni hablar conmigo". Pronto, Isabel caería fascinada por uno de los nombres clave del PSOE. "A los cuarenta y tres años, y ya en esa primera impresión, me pareció un hombre especialmente atractivo, con la frente despejada y algunas canas en su pelo rizado. Usaba unas gafas de pasta de color negro, que le daban mucha personalidad, y detrás de los cristales se escondían unos ojos azules que me sonreían", recuerda Isabel en su libro Mi verdadera historia. Boyer se ofreció a llevarla ese día en su coche, iniciando una historia de amor clandestina condenada a ser portada política y rosa obligatoria.

La relación sentimental entre ambos supuso todo un revulsivo en la vida política española.

Isabel, que siempre había pasado de hablar de asuntos políticos, por primera vez en su libro autobiográfico, analiza las consecuencias que tuvo su romance en el Gobierno de Felipe González. Señala abiertamente a Alfonso Guerra como enemigo de su pareja: "los guerristas le tumbaban todas sus propuestas. Incluso cuando planteó la Ley Boyer, le desacreditaron diciendo que su intención era favorecer a los ricos. Para evitar que siguieran produciéndose estas situaciones, Felipe había prometido a Miguel que le nombraría vicepresidente para que pudiese llevar a cabo todas las políticas económicas que tenía planeadas. Pero Alfonso Guerra se opuso con fuerza a este nombramiento y amenazó con dimitir. Felipe se vio obligado a elegir. Con la integridad que le caracterizaba y después de mucha reflexión y dadas las condiciones a las que se enfrentaba tomó una decisión muy dolorosa: no podía seguir en el Gobierno".

Queda claro que Isabel es más felipista que guerrista. Algo que ya intuíamos. Sin embargo, achaca a los medios de comunicación de derechas crear un mito, el de 'beatiful people', ese magma donde se mezclaban políticos, banqueros y famosas del colorín y ocuparon portadas por presuntos escándalos financieros. "Ciertos miembros de aquel grupo protagonizaron algunos de los escándalos económicos de más repercusión de aquella época. Mariano Rubio, Gobernador del Banco de España, y Manolo de la Concha, Síndico de la Bolsa de Madrid y presidente de Ibercorp, acabaron en la cárcel tras cometer una serie de ilegalidades", escribe Isabel. La propia Preysler y Boyer acabaron imputados por este caso y luego exonerados.

Miguel Boyer.

Miguel Boyer.Europa Press

La relación de los Boyer-Preysler con Felipe González siguió siendo cercana. Prueba de ello es que, cuando Isabel tomó la decisión de prestar su imagen a marcas comerciales, la primera que la tentó fue Galería Preciados. La cadena de centros comerciales pertenecía a Rumasa y tras la expropiación que decidió Miguel Boyer se reprivatizó adquiriéndola el millonario venezolano Gustavo Cisneros, íntimo amigo de la pareja. Una amistad que generó muchos resquemores e interpretaciones negativas en la prensa de la época.

Respecto al trabajo como imagen de Galerías según Isabel "Miguel me recomendó que no lo aceptara". Incluso, aunque ya estaba fuera del Gobierno, lo consultaron con Felipe González que le restó importancia ya que si había críticas harían público "el estudio de mercado encargado por la compañía" sobre lo idóneo de la filipina como imagen. Sin embargo, Boyer tomó la decisión de no seguir adelante con la idea.

Lo cierto es que, mal que le pese, Isabel Preysler es un icono de una época socipolítica que los españoles recuerdan marcada por los escándalos sociales y económicos.

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