Así fue la última cacería del franquismo: la extraña visita de un Nobel de Medicina
El 1 de octubre de 1975, Franco realizó su última aparición pública en la Plaza de Oriente, visiblemente debilitado por el párkinson, en un acto de apoyo al régimen tras los fusilamientos de septiembre. Días después, a pesar de un infarto y su grave estado, presidió un Consejo de Ministros monitorizado y, según testimonios, redactó su testamento político.

Francisco Franco en una cacería.
El 1 de octubre de 1975 fue la última aparición pública de Francisco Franco Bahamonde. Un baño de masas en la plaza de Oriente de Madrid. El motivo era celebrar una de las fechas importantes de su régimen: su ascensión a la Jefatura del Estado el 1 de octubre de 1936. Además, la fecha fue utilizada como un acto de adhesión al régimen después de los fusilamientos de septiembre que supusieron una campaña internacional contra la dictadora en la que tomaron postura hasta figuras como la reina de Inglaterra o el papa Pablo VI.
La imagen de Franco fue de una extrema debilidad haciéndose evidentes los efectos del párkinson. Quince días después de madrugada sufrió un infarto silente. Ese día, a pesar de la situación, recibió durante horas audiencias en El Pardo y el día 17 presidió su último Consejo de Ministros. Así lo recuerda el colaborador de ESDiario David González en su reciente libro, La familia Franco. 50 años después (La Esfera de los Libros). Fue en una situación inquietante y estando monitorizado. Desde una sala contigua su médico de cabecera, el doctor Vicente Pozuelo, controlaba el estado del general. Una reunión frenética de apenas 20 minutos. “Al día siguiente, el dictador se levantó de la cama y se encerró en su despacho. La creencia generalizada es que redactó ahí su testamento político”, escribe González en su libro.
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A partir de esos días, todo Madrid se llenó de rumores sobre la salud del Jefe del Estado. En medio de esta situación complicada, “los días 16 y 17 de octubre el doctor sudafricano Christiaan Barnard, conocido mundialmente por ser el primero en realizar un trasplante de corazón [por lo que recibió el premio Nobel de Medicina], asistía una cacería en Ciudad Real”.
“La visita en esa fechas de Barnard a España disparó los rumores en la calle y en las redacciones. ¿Había pedido el marqués de Villaverde a su amigo que visitar España para ocuparse de su suegro? Lo cierto es que la revista ¡Hola! publicó un reportaje sobre la cacería a la que asistía el médico sudafricano junto a los Villaverde. La propia Pilar Franco, siempre dispuesta a comentar cualquier rumor, echaría leña al fuego en su memorias”, se puede leer en La familia Franco, 50 años después.
La cacería estaba organizada por el empresario Eduardo Barreiros, el empresario de automoción conocido como el motor del régimen. Un evento que retrato la revista del saludo porque allí estuvo convocado el redactor jefe de la publicación, Jaime Peñafiel, que estaba, obviamente, al tanto de lo que se rumoreaba en Madrid.
El veterano periodista recuerda esta por dos motivos: Carmen Franco, la única hija del dictador, quiso quitar importancia y, por otro lado, su marido el marqués de Villaverde no se separaba de un extraño aparato que emitía comunicaciones que sólo el parecía entender. En un momento dado, según Peñafiel, el yerno de Franco vació el cargador de una ametralladora de uno de sus escoltas contra una pared al grito de: “¡Hay que estar preparados porque van a venir a por nosotros!”.
Estos detalles no los reveló Peñafiel hasta muchos años más tarde. Y es que la última cacería del franquismo apenas tuvo repercusión y se limitó a un escueto reportaje en la revista rosa con los matrimonios Bernard y Villaverde.
“El sábado 18 de octubre Jaime Peñafiel recibió tres llamadas en su despacho de ¡Hola!. Eran Alfonso Fierro, el ministro Manuel Arburúa y Eduardo Barreiros. Todos querían lo mismo: no salir en el reportaje de la cacería. Habían reflexionado que era mejor que no se supiera que habían estado de asueto si en esos días la salud de Franco empeoraba aún más. Más papistas que el papa si tenemos en cuenta que el reportaje apareció solo con los Barnard… y con los Villaverde. Cuando las fotos llegaron a los quioscos, la situación del dictador ya se había tornado irreversible y había empezado de verdad la cuenta atrás”, remata David González en La familia Franco. 50 años después.