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El Rey Felipe corta y abronca a Pedro Sánchez en plena cena de gala y ridiculiza a Moncloa

El desconocimiento del protocolo vuelve a perseguir al presidente del Gobierno: un gesto del monarca, un instante para el ridículo y un recuerdo incómodo en Palacio

La Reina Letizia, la primera dama, Elke Büdenbender, el Rey Felipe y el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, saludan a Pedro Sánchez,

La Reina Letizia, la primera dama, Elke Büdenbender, el Rey Felipe y el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, saludan a Pedro Sánchez,Europa Press

David Lozano
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La escena apenas duró unos segundos, pero dejó una marca indeleble en el aire solemne del Palacio Real. Durante la cena de gala en honor del presidente de la República Federal de Alemania Frank-Walter Steinmeier y su esposa, Pedro Sánchez estuvo a punto de cometer otro de esos deslices que ya se han vuelto parte de su biografía institucional.

El presidente del Gobierno volvió a quedar en ridículo, cuando el himno alemán estaba a punto de sonar, y con el comedor principal en un silencio casi litúrgico, el presidente del Gobierno se inclinó para sentarse antes de tiempo. Fue entonces cuando el Rey Felipe VI, con ese instinto que solo se adquiere tras toda una vida respirando protocolo, levantó ligeramente la mano y frenó el movimiento con un gesto suave, casi imperceptible… pero decisivo.

El Rey ni siquiera necesitó palabras. Bastó la mirada. Y Sánchez, tal y como recoge el portal Monarquía Confidencial, sorprendido en pleno gesto, se detuvo de inmediato. Los asistentes presentes captaron aquella coreografía involuntaria: el monarca corrigiendo con naturalidad, el presidente rectificando con una rigidez visible, y un silencio que lo dijo todo. Durante los himnos, Pedro Sánchez permaneció erguido y serio, aunque hubo quien señaló que el intercambio previo había dejado en él una sombra de incomodidad difícil de disimular.

Tal y como les venimos contando en ESdiario, las relaciones entre La Moncloa y Zarzuela están rotas. También entre Sánchez y Don Felipe.

La sombra del otro incidente que no se olvida

No era, desde luego, la primera vez que el protocolo y Sánchez se cruzaban de manera poco armoniosa entre los muros del Palacio Real. Tiempo atrás, durante un besamanos oficial —uno de esos actos donde cada centímetro está previsto y cada paso está perfectamente medido y calculado—, él y Begoña Gómez protagonizaron un episodio todavía recordado con una mezcla de incredulidad y hastío entre los funcionarios de Zarzuela. La pareja se colocó junto a los Reyes, invadiendo el lugar reservado exclusivamente a la Familia Real, como si formaran parte del saludo institucional.

Hubo un instante de desconcierto general antes de que el equipo de protocolo tomara la decisión inevitable: acompañar discretamente a Sánchez y a su esposa fuera del salón, dejándoles claro que no les correspondía ocupar ese espacio. Aquel movimiento, camuflado con toda la elegancia que permite la urgencia, se comentó durante días entre quienes viven de organizar la liturgia monárquica. No por maldad, sino por incredulidad: no era habitual que un presidente del Gobierno —cualquier presidente— confundiera su posición en un acto tan codificado.

Torpeza aislada… o comportamiento que vuelve

Por eso, el episodio de la cena de gala no ha pasado desapercibido. Para muchos, ha sido el recordatorio de una conducta recurrente: un Pedro Sánchez que tropieza una y otra vez con el ceremonial, que ignora detalles que un jefe de Gobierno debería tener interiorizados y que, en más de una ocasión, ha obligado al Rey a intervenir para evitar un error mayor.

En la cena con la delegación alemana, el gesto del monarca evitó otro pequeño traspiés institucional en un acto donde cada minuto es escrutinio. Y, como suele ocurrir, lo que para unos fue un detalle sin importancia, para los conocedores del protocolo fue una señal más de un patrón que se repite: Sánchez y el ceremonial, una relación tan incómoda como inevitable.

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