Traicionan a Froilán filtrando sus duras palabras sobre Abu Dabi y el Rey Emérito
La fiesta celebrada en el Palacio del Pardo a finales del pasado mes está dando mucho material. Ahora conocemos cómo expresaba sus quejas el hijo de la Infanta Elena. Así se siente de verdad en su ‘exilio’

Victoria Federica y Froilán de Marichalar, en septiembre de 2024.
La fiesta celebrada en El Pardo el pasado 22 de noviembre, con motivo de la restauración de la monarquía, dio para algo más que fotografías y saludos diplomáticos. Ese reencuentro familiar, tan poco habitual, reunió a los Reyes, a la Reina Sofía, a las Infantas, a los Borbón repartidos por Europa y hasta a parte de la Familia Real griega. Una postal histórica que invitaba a los comentarios sobre si Don Juan Carlos estrechó la mano de la Reina Letizia o si los primos se miraron más o menos de reojo. En medio de ese rumor constante, casi inevitable, hubo un detalle que pasó casi desapercibido: la confesión de Felipe Juan Froilán ante quien quisiera escucharle.
Según relataba después un asistente, el hijo de la Infanta Elena repetía una frase que parecía tener necesidad de salir una y otra vez: “Estoy harto de vivir en Abu Dabi”. Lo decía sin disimulo y con esa sinceridad espontánea que a veces parece su marca personal. Desde principios de 2023, Froilán reside en Emiratos Árabes Unidos y, aunque su presencia en ocasiones se interpreta como parte de la “protección” del Rey Emérito, lo cierto es que su propia vida allí dista mucho de ser un cuento dorado.
Entre conversación y conversación, asegura en una información el portal Vanitatis, el joven explicaba que sus días transcurren entre una oficina aburrida, trámites burocráticos y horarios estrictos. Apenas alguna actividad deportiva para mantener la cabeza despejada y la sensación de que la vida, en aquel paisaje de lujo y silencio, es mucho más monótona de lo que nadie imagina. Nada que ver con Madrid, ni con la imagen pública que siempre lo ha acompañado. Él mismo definía su existencia allí como “sosa”, casi con ironía, pero dejando ver una cierta resignación.
Eso sí, existe una razón que le impide cerrar la puerta de Emiratos: su abuelo. Froilán contaba que estar al lado del Rey Juan Carlos I le resulta reconfortante, como si esa cercanía hubiera acabado convirtiéndose en una misión íntima. No solo afecto, sino una especie de responsabilidad elegida: acompañar al monarca en un tiempo en el que su círculo se ha reducido y en el que pocas presencias cercanas permanecen a diario.
Se ríe, sin embargo, de quienes lo imaginan como asesor del Emérito. No hay consejos, ni estrategias palaciegas, afirmaba. Solo la relación familiar de un abuelo con su nieto. Una convivencia sencilla que, paradójicamente, lo mantiene atado a un país donde siente que la vida se le escapa más despacio que nunca. Porque, aunque insiste en que se marcharía mañana mismo, la obligación laboral y esa sensación de deber lo retienen todavía allí.
La celebración terminó entre despedidas y corrillos, como terminan casi todas las reuniones familiares. Pero quienes hablaron con él ese día salieron con la idea de haber escuchado la versión más honesta del supuesto “exilio dorado” del que tanto se habla. Para Felipe Juan Froilán, dorado tiene poco. Más bien se parece a una jaula reluciente de la que, mentalmente, hace tiempo comenzó a buscar la salida
Chismógrafo
Temor en Casa Real: el Emérito tiene una palacete secreto cerca de Zarzuela para volver a Madrid
David Lozano