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Las duras exigencias del Rey Felipe al Emérito que Zarzuela evita que vean la luz

Está claro que las relaciones se han deteriorado en los últimos tiempos por culpa de Don Juan Carlos y sus excesos con Reconciliación o el vídeo de la discordia. Hay consecuencias.

El Rey Juan Carlos durante su última visita a Sanxenxo.

El Rey Juan Carlos durante su última visita a Sanxenxo.Europa Press

David Lozano
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Cinco años después de aquel vuelo rumbo a Abu Dabi, Don Juan Carlos I sigue viviendo en un exilio dorado que, sin embargo, tiene un matiz profundamente amargo: la distancia emocional con su propia familia. Cómo les hemos venido contando en ESdiario, el Rey Emérito volvió a España el pasado 22 de noviembre para asistir a los actos por el 50 aniversario de la restauración de la Monarquía. Una cita cargada de simbolismo —y melancolía— que culminó en un almuerzo en el Palacio de El Pardo, ese palacio que todavía respira historia borbónica y memoria franquista y que acogía un acto familiar, con casi 70 invitados, pero no exento de tensión, precisamente por culpa del monarca Emérito y sus memorias recogidas en el polémico libro Reconciliación.

Allí se reencontró con viejos aliados, con ramas familiares casi olvidadas e incluso con nombres que arrastran operaciones financieras hoy discutidas. Pero lo importante no era eso. Lo que realmente esperaba el Emérito era otra cosa: ver a la Princesa Leonor y a la Infanta Sofía. Una escena que España lleva años esperando… y que sigue sin producirse para la galería pública.

Porque, aunque ha habido contactos privados, no existe una sola fotografía oficial del abuelo con sus nietas desde hace casi un lustro. En el entorno del Rey Emérito creen que esa ausencia es deliberada, casi preventiva: como si posar a su lado fuera un riesgo para la imagen de la heredera. Y así es, Zarzuela ha establecido un cordón sanitario con la Princesa de Asturias y la Infanta y Don Juan Carlos. Es algo que no se le escapa a nadie y que el mismo Emérito confiesa en sus memorias.

Esa grieta familiar explica parte de su insistencia en volver a España de manera estable. Según publica el diario madrileño El País, Juan Carlos I llegó a plantearle al Rey Felipe VI residir aquí varios meses al año. La respuesta fue un cortés pero rotundo no. No mientras su fortuna siga siendo un misterio.

Porque el Rey Felipe VI ha fijado tres condiciones muy claras: transparencia total, declaración íntegra y tributación en España. Tres exigencias imposibles para quien lleva años instalado en un paraíso fiscal y cuya presencia en avión privado y estilo de vida en Abu Dabi serían difíciles de justificar en España sin levantar interrogantes fiscales y la vuelta del ruido de quienes no quieren bien a nuestra monarquía parlamentaria.

Así, el Rey Emérito sigue atrapado en un exilio paradójico: lejos de su país y, sobre todo, lejos de esas dos personas cuya relación se ha convertido en la herida que más le duele. Y mientras tanto, la fotografía que podría cerrar esa brecha sigue guardada bajo llave. Como si fuera una amenaza.

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