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Los hermanos Urdangarin: de ninis a estar todos colocados en apenas semanas

Son los mediáticos hijos de la Infanta Cristina y su ex, Iñaki. De algunos ellos hemos conocido son bandazos académicos y dificultad para encontrar un empleo, pero ahora la cosa ha cambiado considerablemente

Juan Urdangarin, Pablo Urdangarin, Miguel Urdangarin y Johanna Zott en El Pardo.

Juan Urdangarin, Pablo Urdangarin, Miguel Urdangarin y Johanna Zott en El Pardo.Europa Press

David Lozano
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Hace tiempo que los cuatro hijos de la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarin dejaron de ser aquellos niños que aparecían en eventos familiares o acompañando a sus padres en grandes citas de la monarquía. Hoy, convertidos en adultos forjando sus propias sendas, cada uno ha encontrado un rumbo distinto en medio de la compleja herencia familiar que arrastran desde hace más de una década.

En la primera gran aparición de Iñaki Urdangarin desde que salió de prisión, concedida al programa Pla Seqüència de RTVE, el ex duque desgranó detalles hasta ahora poco conocidos sobre sus hijos, sus etapas vitales y, en algunos casos, sus trabajos y aspiraciones profesionales. Fue la primera vez que, sin intermediarios, habló del presente de los cuatro hermanos y de la manera en que han afrontado el peso del apellido y las circunstancias propias de su familia real diluida por el Caso Nóos.

Como recoge el portal Mujerhoy, el mayor de todos, Juan Valentín de Todos los Santos Urdangarin y Borbón, ha llevado siempre un perfil discreto, muy lejos de los focos españoles. Residente en Londres, trabaja como ejecutivo en una empresa vinculada a la Fórmula E, especializada en lanchas eléctricas, un sector tan particular como ajeno al balonmano de su padre o a la biología marina de su hermano menor. Su estabilidad sentimental y profesional han sorprendido a quienes esperaban un tránsito más turbulento tras años de exposición mediática intermitente.

Pablo Urdangarin, el segundo, ha seguido los pasos deportivos en una carrera que ha logrado salir del ala de la herencia familiar para consolidarse por mérito propio. Como jugador de balonmano, milita en el Fraikin BM Granollers, donde su apellido pesa menos que sus goles y su temple competitivo. Radicado en Barcelona, Pablo combina deporte y vida personal con normalidad, respaldado por una relación estable con Johanna Zott, su pareja desde hace tiempo.

El tercer hijo, Miguel Urdangarin, ha dado un giro que muchos no esperaban y que resume la heterogeneidad de los cuatro hermanos. Tras estudiar Biología Marina en el Reino Unido, una carrera que parecía anunciar un futuro en el ámbito científico, Miguel ha recalado en el mundo de las finanzas —o en lo que algunos llamarían un híbrido entre inversión y sostenibilidad— trabajando en un fondo de inversión en Madrid. Aunque podría parecer una paradoja para un biólogo, el fondo donde trabaja tiene proyectos tecnológicos y de investigación ambiental, lo que encaja directamente con su formación académica.

La menor de todos, Irene Urdangarin y Borbón, está en plena etapa formativa. Aunque pasa muchos meses fuera de España, cursando estudios universitarios en Inglaterra —en Oxford, según datos familiares— no deja de mantener fuertes lazos con sus hermanos y su madre. Su vida académica y la distancia física no han mermado la cohesión familiar, que ha demostrado ser mayor incluso que la dispersión geográfica del clan.

Es interesante observar cómo estos cuatro perfiles reflejan una ruptura con el pasado inmediato de la familia. Mientras algunos optan por carreras vinculadas a su educación o intereses personales, otros encuentran nichos sorprendentes que les permiten construir identidades propias sin depender de la notoriedad del apellido. Un proceso que tiene tanto que ver con la necesidad de normalidad como con la voluntad de no cargar con décadas de historia familiar complicada.

La Infanta Cristina, por su parte, ha pasado en los últimos años de una semi-ausencia pública —ideal para preservar la intimidad familiar— a una presencia más sutil pero constante, organizando reencuentros, apoyando a sus hijos en sus etapas vitales y consolidando vínculos que, lejos de romperse tras los escándalos judiciales, parecen haberse reforzado.

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