Ira en Casa Real: maniobra de Pedro Sánchez contra el Rey Felipe tras el accidente de trenes
Las relaciones entre La Moncloa y Zarzuela están rotas, pero en Palacio no dejan de sorprenderse por lo que es capaz de hacer el presidente para dejar mal a la monarquía.

Pedro Sánchez, en Adamuz, este lunes 19 de enero.
Había pasado apenas una noche desde que España se despertó con la noticia de la tragedia en las vías de Adamuz —dos trenes de alta velocidad colisionados, decenas de muertos, un pueblo volcado en auxilio y un país entero aún sin entender cómo pudo ocurrir algo así— cuando, en el interior de Moncloa, alguien decidió que no bastaba con palabras. Era lunes 19 de enero y en la agenda oficial de Pedro Sánchez no estaba previsto ningún desplazamiento a la zona del accidente.
La rueda de prensa de última hora, encabezada por el propio ministro de Transportes, Óscar Puente, resonó en la noche con esa mezcla de desolación y urgencia: nadie sabía aún con precisión las causas, los equipos de investigación habían empezado sus trabajos, y el presidente del Gobierno se preparaba para decretar tres días de luto oficial.
Pero mientras las cámaras se apagaban y los micrófonos quedaban en silencio, en Moncloa ya había otra decisión tomada: Sánchez adelantaría su visita a Adamuz y no esperaría a nadie. Ni a los Reyes, que estaban en Atenas asistiendo al funeral de la Princesa Irene de Grecia, ni a ningún otro líder. Y así lo hizo.
No era una visita más. Fue una llegada rápida, calculada, casi a contrarreloj, con un objetivo que pocos se atreven a escribir en voz alta pero que muchos ya murmuraban: colocarse en primera línea antes de que otros ocuparan ese lugar en el imaginario colectivo. Ya no se trataba solo de acompañar el dolor de las víctimas, era también tomar la delantera en el relato del momento —aparecer allí donde la tragedia reclamaba respuestas.
Al pie de las vías, con el casco reflectante y la bandera ondeando a media asta, Sánchez se dirigió a los medios con la firmeza que exige una tragedia que ha dejado al menos 41 muertos y decenas de heridos.
A su lado, la ministra de Hacienda y vicepresidenta primera, María Jesús Montero, y otros miembros del Ejecutivo reforzaban la presencia gubernamental en un escenario donde la política y la empatía se mezclan con la urgencia de las imágenes. Era lunes, día de luto, y Sánchez había hecho del lugar del desastre un podio improvisado para visibilizar una respuesta institucional que, aunque necesaria, estaba teñida de la sensación de que hay una carrera silenciosa por ocupar espacios en momentos de crisis.
Este movimiento ha vuelto a causar indignación en la Casa Real. Porque los Reyes, Felipe VI y Letizia, que algo más temprano habían expresado desde Atenas su “profunda preocupación por la magnitud del siniestro” y trasladado su pésame a las familias, no querían dejar de estar presentes en este dolor colectivo. Pero su agenda estaba condicionada: primero el funeral, luego el retorno, y finalmente la visita que tendrán este martes 20 de enero a Adamuz, acompañados por la vicepresidenta Montero, y el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno, en un gesto de solidaridad institucional y apoyo a las víctimas.
Mientras Sánchez aprovechaba la mañana para reivindicar liderazgo político ante las cámaras, Felipe y Letizia dejaban atrás el silencio de la Catedral Metropolitana de Atenas, donde habían asistido al responso por Irene, para preparar su regreso y ajustar su agenda a la nueva realidad. Este martes están en Córdoba recorriendo la zona afectada y mostrando —con calma, paso medido y sin cronómetros— el acompañamiento de la Corona en un momento en que, más que nunca, las instituciones parecen medir su presencia en función del impacto mediático y del simbolismo público.
Además, Sánchez quería huir de la agenda de los Reyes porque, ellos sí, se van a rodear de gente tanto en el hospital como en el centro social que van a visitar, cara a cara con los heridos y sus familias.
Andalucía
La investigación del accidente ferroviario de Adamuz se centra en fallos del material
Manuela Herreros