Irene de Grecia hizo millonarias a Irene Urdangarin y Victoria Federica en pleno funeral
Grecia despedía a su Princesa entre las lágrimas de la Familia Real. Pero la ceremonia fúnebre nos ha dejado unas pistas fruto de la última voluntad de la hermana de Doña Sofía.

Victoria Federica e Irene Urdangarin en la catedral Ortodoxa Griega de San Andrés y San Demetrio
Atenas fue el escenario de un adiós que parecía tener capas invisibles además del dolor compartido. El lunes 19 de enero de 2026, en la Catedral Metropolitana, la Familia Real griega y española se reunió, tal y cómo les venimos contando ampliamente en ESdiario, para despedir a Irene de Grecia, la hermana menor de la Reina Sofía, fallecida a los 83 años tras años de deterioro cognitivo y una vida marcada por la música, la espiritualidad y el altruismo.
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David Lozano
El tono del funeral fue de respeto y recogimiento, cierto, pero también de leyendas no escritas y símbolos que hablaron más alto que los discursos. Ni siquiera el aire claro de Tatoi —el cementerio donde reposan los padres de Irene y su hermano Constantino— pudo ocultar una verdad que, para muchos, ya estaba a la vista: las elecciones de afecto y de legado no siempre coinciden con las líneas de protocolo.
Porque cuando tía Pecu —como la llamaban con cariño sus allegados— decidió sobre su patrimonio vital, eligió poner una lápida invisible sobre lo que consideraba más importante en su vida. A diferencia de lo que muchos podrían esperar en una Familia Real, su testamento no incluyó a las hijas de los Reyes Felipe VI y Letizia —la Princesa Leonor y la Infanta Sofía— como beneficiarias directas de su legado material. La única nieta mencionada de manera destacada fue su ahijada, Irene Urdangarin, a quien legó una parte significativa de su patrimonio, junto a sus hermanos, con quienes mantuvo vínculos más estrechos y constantes en los últimos años de su vida.
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David Lozano
Esa elección no fue un detalle menor: fue una declaración silenciosa sobre quién ocupaba un lugar de preferencia en el corazón de Irene de Grecia. Un gesto íntimo que ya había empezado a cobrar sentido incluso durante el propio funeral, mucho antes de que se supiera el contenido de su testamento.
Mientras el cortejo fúnebre avanzaba por la nave central de la catedral, dos figuras juveniles portaban con solemnidad las insignias asociadas a la princesa fallecida. No eran meras acompañantes protocolarias: Victoria Federica de Marichalar e Irene Urdangarin, ambas sobrinas nietas de la difunta, caminaban detrás del féretro con el peso simbólico de un vínculo afectivo que no se mide en títulos ni en jerarquías dinásticas, sino en tiempo compartido y cercanía emocional. Esa imagen, que muchos testigos captaron y que pronto circuló ampliamente en redes, fue interpretada por algunos como una señal anticipada de las prioridades afectivas de la tía Pecu. No era solo quién estaba presente, sino quién representaba, con más fuerza y reconocimiento, la conexión humana con Irene en ese momento de despedida.
Mientras tanto, Leonor y Sofía estaban presentes con respeto y compostura, elegantes en su solemnidad.
Pero en paralelo, las miradas hacia quienes portaban las insignias de la Princesa griega: Victoria Federica e Irene Urdangarin. Es como si el funeral mismo hubiera ofrecido pistas de un mapa emocional y la decisión final sobre su millonaria herencia.
En Zarzuela, el impacto no ha sido menor: la ausencia de Leonor y Sofía en el testamento directo —y la prominencia de Irene Urdangarin como beneficiaria— ha generado comentarios dentro y fuera de los círculos familiares. Las insignias han señado también a los Marichalar como principales beneficiarios y se ha visto en el mismísimo funeral.
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