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Felipe VI y Letizia contra Sánchez: Casa Real difunde que mirarán a los ojos a las víctimas

Las relaciones entre Zarzuela y Moncloa están rotas. El accidente de Adamuz ha vuelto a poner de manifiesto las diferencias entre el Gobierno y la Jefatura del Estado y el pueblo toma partido. Los Reyes irán a Huelva.

Julio Rodríguez relata a los Reyes que fue de los primeros en llegar al accidente.

Julio Rodríguez relata a los Reyes que fue de los primeros en llegar al accidente.JOAQUÍN CORCHERO / EUROPA PRESS

David Lozano
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El accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba), una tragedia que dejó decenas de muertos y heridas profundas, se ha convertido en algo más que un luto colectivo. Lo que empezó como una catástrofe humanitaria ha terminado por convertirse en otro duro traspié para el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, uno de esos momentos en los que la política se cruza de lleno con el dolor de las familias y la percepción pública sobre quién realmente da la cara.

Desde el primer momento, los Reyes Felipe VI y Letizia supieron que aquel suceso no podía reducirse a cifras ni a notas oficiales. Por eso, abandonaron sus compromisos en el extranjero para estar cerca de las víctimas; su presencia en la zona cero, su visita a los hospitales, y la manera en que escucharon y acompañaron a quienes sufren todavía el impacto del siniestro no fue solo un gesto de Estado, sino un acto profundamente humano de empatía. “Todos somos responsables de no retirar la mirada cuando se limpian los escombros de una catástrofe”, dijo la Reina Letizia con una frase que resonó más allá de la geografía del dolor y que invitaba a no cerrar los ojos ante la tragedia ni ante sus consecuencias humanas.

Ese énfasis en acompañar de forma directa, en mirar —literal y simbólicamente— hacia las víctimas, contrastó inevitablemente con la reacción del Gobierno. Porque aunque desde Moncloa se había pactado originalmente con la Junta de Andalucía un homenaje de Estado para el 31 de enero en Huelva, la respuesta de muchas familias cambió por completo el guion político.

Un número significativo de allegados de los fallecidos rechazó la presencia del Ejecutivo en ese homenaje, responsabilizando al Gobierno por el accidente y expresando un no rotundo a participar en un acto donde estuviera representado políticamente el poder que consideran responsable de lo ocurrido.

El resultado fue un aplazamiento del homenaje de Estado, anunciado en consenso entre el Gobierno y la Junta, pero interpretado por muchos como un golpe directo a la gestión de Sánchez y de un ministro, Óscar Puente, que miente más que habla, No era solo un acto protocolario lo que se caía del calendario, sino la intención de proyectar unidad institucional frente al dolor. Ese aplazamiento ha dejado al presidente en una posición incómoda: no solo ausente de un acto que debería haber sido de reconocimiento y recuerdo, sino en el centro de una polémica de responsabilidad política y moral.

Y en ese contraste, los Reyes se han destacado de forma silenciosa, pero clara. Su presencia y sus palabras —más cercanas, menos institucionales— han generado una narrativa distinta: la de una Corona que escucha y acompaña sin imponer discursos ajenos al sufrimiento de los ciudadanos. Mientras tanto, el Gobierno ha visto cómo su propuesta de homenaje, diseñada para mostrar apoyo oficial, ha sido rechazada por quienes más importan en este momento: las familias de las víctimas.

Es difícil escindir lo emocional de lo político en estos momentos. La cancelación del homenaje no es solo un ajuste logístico: es un síntoma de que, en la España de hoy, la legitimidad y la presencia pública no se regalan; se ganan con acciones que las personas puedan sentir como verdaderas y sensibles. Y cuando la sociedad percibe distancia, cuando siente que las grandes gestiones quedan reservadas a las explicaciones técnicas o a los despachos, se produce un desgaste.

El resultado, en este caso, ha sido que un acto concebido para honrar a las víctimas se ha convertido —sin quererlo, quizá— en una expresión de rechazo al Gobierno. Y en ese giro, los Reyes han salido reforzados no por competir por el espacio público, sino por ofrecer una mirada que no se aparta del dolor ajeno, un gesto que ha sido captado por muchos como más auténtico, más cercano, más humano.

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