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Humillante palo a Doña Sofía: la juerga del Emérito en Europa causa la intervención de Zarzuela

Se había dicho que Don Juan Carlos tenía que permanecer en casa por consejo del médico. Pero la realidad es bien distinta: hizo miles de kilómetros para ir a una fiesta. Y sin Froilán.

La Reina Sofía y el Rey Juan Carlos en una imagen de archivo.

La Reina Sofía y el Rey Juan Carlos en una imagen de archivo.Europa Press

David Lozano
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Durante días se intentó imponer una versión edulcorada y compasiva para justificar la ausencia de Juan Carlos I en el funeral de Irene de Grecia. Se habló de salud delicada, de recomendaciones médicas, de la imposibilidad física de afrontar un viaje largo. Un relato pensado para cerrar el asunto rápido y evitar preguntas incómodas. El problema es que no era verdad.

La muerte de Irene de Grecia, hermana de la Reina Sofía y figura discreta pero muy querida en el entorno familiar, reunió en Atenas a buena parte de las casas reales europeas y a los miembros más directos de la Familia Real española. Tal y cómo les hemos relatado en ESdiario, estuvieron los Reyes, estuvieron las Infantas, estuvo la Emérita. El gran ausente fue el Rey Emérito, cuya no presencia llamó poderosamente la atención por el vínculo personal que le unía a la fallecida y por la trascendencia simbólica del acto.

Desde su entorno se filtró rápidamente la coartada habitual: Don Juan Carlos no había acudido por motivos de salud. A sus 86 años —se dijo— los médicos le habrían desaconsejado desplazamientos, especialmente viajes largos. La explicación fue aceptada inicialmente, aunque con cierto escepticismo, teniendo en cuenta que no era la primera vez que se recurría a ese argumento para justificar ausencias incómodas. Froilán se habría quedado con él para cuidarle...

Pero la versión empezó a resquebrajarse, tal y cómo les adelantamos en ESdiario, cuando salieron a la luz datos que apuntaban en una dirección muy distinta. Lejos de encontrarse recluido por prescripción médica, el Emérito se encontraba en Suiza, participando en una celebración privada y compartiendo mesa y copas con viejos amigos. Asistiendo a una fiesta con motivo del cumpleaños de Fuad II de Egipto, en un ambiente distendido y social que poco encaja con la imagen de un hombre impedido para viajar.

Las imágenes y testimonios que sitúan a Juan Carlos I en Ginebra desmontan por completo el relato oficial. Porque si su estado de salud le impedía volar a Madrid o a Atenas para despedir a su cuñada, resulta difícil de explicar cómo sí podía desplazarse a Suiza para asistir a una celebración privada. No es una cuestión de agenda, sino de credibilidad.

El desmentido, recoge MujerHoy, posterior de su biógrafa y persona de máxima confianza, Laurence Debray, lejos de aclarar el asunto, ha añadido más confusión. Negó el viaje y aseguró que el Emérito permanecía en Abu Dabi, pero sin aportar pruebas concluyentes ni explicar las imágenes conocidas. Un intento de apagar el incendio que no ha logrado sofocar las dudas, sino reforzar la sensación de que se ha vuelto a mentir para proteger al personaje.

Lo ocurrido no es un simple detalle anecdótico. Tal y cómo ha podido constatar ESdiario, en Zarzuela ha caído muy mal este nuevo capítulo del Emérito y ha sido reprendido por Casa Real. De nuevo han vuelto a exigir a Don Juan Carlos que sea discreto y le han afeado su "poca sensibilidad" con quien es todavía su mujer.

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