ESdiario

Nuevo enfrentamiento entre el Rey Felipe y Pedro Sánchez: Leonor, en el foco

En el calendario de la Princesa está marcado el próximo 17 de febrero. Su padre presidirá una sesión conjunta en el Congreso por la Constitución de 1978. Pero las tensiones con Moncloa pueden arruinar la fecha

Felipe VI, María Jesús Montero,Carmen Calvo y Pedro Sánchez, el pasado diciembre.

Felipe VI, María Jesús Montero,Carmen Calvo y Pedro Sánchez, el pasado diciembre.Europa Press

David Lozano
Publicado por

Creado:

Actualizado:

La Casa Real ha puesto en la agenda un acto solemne que, a primera vista, debería ser una fiesta institucional de unidad y continuidad —una ceremonia oficial de relevancia que podría traer de vuelta a la Princesa Leonor a Madrid para dar visibilidad a la futura Reina.

El 17 de febrero, la Constitución de 1978 será la más longeva de la historia de España. Para conmemorar este aniversario, el Rey Felipe VI presidirá una sesión conjunta en el Congreso de los Diputados, un acto que promete reunir a las más altas instituciones del Estado.

Pero lo que debería ser una foto de consenso, está a punto de convertirse en un escenario cargado de tensiones públicas no resueltas entre el Palacio de la Moncloa y el Palacio de la Zarzuela.

Todo parecía prever que el acto en cuestión —incluido ya en la agenda institucional de la Casa Real— podría suponer el regreso de Leonor a la capital y, con ello, una oportunidad para que la heredera se muestre en un contexto solemne ante instituciones y sociedad.

Sin embargo, aún no hay confirmación oficial de si finalmente asistirá. En un gesto que habla más de relaciones tensas que de protocolo, la presencia de Leonor depende de que Moncloa dé el visto bueno a la propuesta de Zarzuela, algo que hasta ahora no se ha hecho público, lo que refleja una negociación velada que va mucho más allá de un simple “sí” o “no” institucional.

Que a estas alturas no se haya cerrado ese acuerdo —cuando el acto está prácticamente encima— dice mucho de la relación enrocada entre el Gobierno y la Corona.

El telón de fondo: tensiones por Adamuz

El escenario no es ajeno a la fractura pública, una más. que se produjo hace apenas semanas tras el accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), con cerca de 45 víctimas, y la misa funeral celebrada en Huelva a la que sí asistieron el Rey Felipe VI y la Reina Letizia.

Pero Pedro Sánchez no estuvo allí. El presidente delegó en la vicepresidenta, María Jesús Montero, y en varios ministros, y no ofreció explicaciones concretas ante la ausencia. Ese gesto fue leído como un desaire simbólico hacia la Casa del Rey, justo en un momento de dolor nacional. Muchos analistas señalan que el Ejecutivo quiso evitar posibles abucheos o reacciones populares duras —un efecto que Sánchez ya ha sufrido en actos públicos pasados—, pero lo cierto es que está dejando intacto un roces que ya eran evidentes entre Zarzuela y Moncloa.

La ausencia de Sánchez en Huelva no fue una anécdota menor: no solo se interpretó como una falta de empatía, sino como una señal política, especialmente cuando se compara con la presencia de los Reyes, que sí ofrecieron condolencias y apoyo público a las familias de las víctimas.

Ese episodio ha subrayado que la relación entre la Monarquía y el Gobierno actual no es meramente institucional, sino que está cruzada de tensiones que emergen en los momentos más visibles y simbólicos.

Y ahora, con un acto solemne que debería haber sido un punto de unidad, la incógnita en torno a la presencia de la Princesa Leonor se ha convertido en un termómetro de esas tensiones.

Zarzuela quiere a la heredera mostrando un frente unido, mientras que desde Moncloa todo apunta a que se está ponderando cada gesto, cada foto y cada implicación pública de la Corona en un contexto político que sigue siendo volátil.

La intención de Zarzuela es clara: la Casa Real busca profundizar la visibilidad de Leonor en actos de Estado, consolidar su papel institucional y mostrar continuidad histórica.

Pero sin el visto bueno explícito del Gobierno —o con una respuesta tardía— esa intención podría quedarse en un gesto frustrado que refuerce aún más los recelos públicos entre dos instituciones que no terminan de reconciliar su narrativa ante la opinión pública.

tracking