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Camilín, ‘Sheila Devil’, toma una decisión tras años de excesos, drogas y más

El hijo del cantante Camilo Sesto ha entendido que su situación es límite y que no puede continuar así Acaba de iniciar un proceso de rehabilitación para apartarle de las sustancias y vida tóxica

Camilo Blanes, en Madrid, en octubre de 2024.

Camilo Blanes, en Madrid, en octubre de 2024.GTRES

David Lozano
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Hay vidas que parecen condenadas a vivir bajo el foco incluso cuando lo que más necesitan es oscuridad y silencio. La de Sheila Devil —nombre con el que hoy se presenta públicamente Camilo Blanes Ornelas— lleva años moviéndose precisamente en ese territorio ambiguo donde la fama heredada, la exposición constante y los problemas personales terminan entrelazándose hasta formar un relato tan mediático como inquietante. Ahora, tras una larga etapa marcada por la polémica, su historia parece entrar en un capítulo distinto: el de la rehabilitación.

Sheila Devil, hija del mítico Camilo Sesto, ha iniciado un proceso para tratar sus adicciones después de varios años de episodios que han preocupado profundamente a su entorno y han alimentado titulares constantes en la prensa. El ingreso en una clínica llega tras un problema de salud sufrido a finales de 2025 que habría actuado como detonante definitivo, un momento límite que obligó a asumir algo que durante mucho tiempo parecía aplazarse una y otra vez: la necesidad de parar y comenzar un tratamiento.

La historia, tal y como recoge el portal El Cierre Digital, tiene algo de tragedia moderna. Durante años, el público conoció a Camilo Blanes como “Camilín”, el único hijo del legendario cantante alicantino y heredero de una fortuna considerable y de un legado artístico inmenso. Pero tras la muerte de su padre en 2019 la vida empezó a tomar un rumbo errático.

Las redes sociales se convirtieron en una ventana permanente hacia una realidad que muchos interpretaron con preocupación: imágenes desconcertantes, fotos explícitas sexuales, mensajes crípticos, cambios constantes en la identidad y un entorno que, según personas cercanas a la familia, no era el más recomendable. Poco a poco, el personaje mediático fue creciendo al mismo tiempo que la sensación de fragilidad personal se hacía cada vez más evidente.

En medio de ese escenario ha estado siempre Lourdes Ornelas, madre de Sheila Devil, que durante años ha intentado reconducir la situación con una mezcla de discreción y perseverancia. Su batalla ha sido silenciosa pero constante: proteger a su hija, preservar el legado artístico del cantante y tratar de apartarla de un círculo que consideraba perjudicial. No ha sido un camino fácil.

El episodio de salud cambió el tono de la historia. Funcionó como un punto de inflexión, una señal de alarma imposible de ignorar. A partir de ahí se tomó la decisión de iniciar un tratamiento de rehabilitación, un paso que para muchos en su entorno representaba la única salida posible después de años de altibajos. Nadie cercano a la familia se atreve a hablar de soluciones rápidas; saben que el primer paso es el más difícil.

La historia de Sheila Devil también refleja algo que la cultura popular ha visto repetirse muchas veces: el peso de crecer bajo la sombra de una figura mítica. Ser hija de Camilo Sesto significa convivir con una herencia enorme, no solo económica sino simbólica. Significa que cada decisión, cada fotografía, cada gesto termina comparándose inevitablemente con el recuerdo de un artista que marcó a varias generaciones. 

La figura pública de Sheila Devil se convirtió en un personaje mediático lleno de controversias, alimentando debates constantes sobre identidad, fama, excesos y vulnerabilidad. Entre quienes defendían su libertad para vivir como quisiera y quienes advertían signos evidentes de deterioro personal.

Ahora, sin embargo, el relato parece girar hacia otro lugar. La rehabilitación abre una etapa distinta, más silenciosa y menos expuesta, en la que el objetivo ya no es alimentar titulares sino reconstruir una vida que durante demasiado tiempo se movió entre la polémica y la preocupación pública. Nadie sabe cuánto durará ese proceso ni qué resultado tendrá, pero sí hay algo claro para quienes siguen de cerca la historia: después de años de ruido, escándalos y excesos, el verdadero desafío empieza precisamente ahora. 

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