La resurrección silenciosa de la Infanta Cristina: su regreso estratégico a Barcelona y vuelta al redil real
Tras años de escándalos y polémicas que la situaron en el ojo del huracán mediático, la infanta Cristina parece haber encontrado su propio camino.

Las infantas Elena y Cristina junto a su madre en la Semana Santa de Murcia.
Cuando en 2012 el Caso Noos estaba en su máximo apogeo desde el Estado y la Casa Real hubo un objetivo claro: salvar a la infanta Cristina de las quema en la hoguera judicial. El juez instructor del caso, José Castro, ha relatado en un reciente libro de memorias las presiones a las que se vio sometido para no imputar a la hija de Juan Carlos I. Desde Zarzuela, estaban dispuesto a dejar caer a Iñaki Urdangarin. Como así fue. Al fin y al cabo, él era familia política.
Sin embargo, el escándalo fue tan mayúsculo y la corona estaba tan tocada que cuando Felipe VI llegó al trono una de las decisiones que tomó fue, precisamente, apartar de la institución a su hermana y hasta se la retiró el título de duquesa de Palma.
Chismógrafo
Giro radical de la Infanta Cristina: reniega de Barcelona y se muda a una ciudad inesperada
David Lozano
Casi una década después, todo parece muy lejano. Incluso el miembro cercenado, Iñaki Urdangarin, se ha divorciado de la hermana del rey y ha publicado unas memorias descafeinadas donde insinúa poco y cuenta menos. Así las cosas, de manera lenta y paulatina, la imagen de la infanta Cristina se revitalizando y blanqueando y su presencia en el entorno ‘zarzuelero’ molesta menos.
En este contexto, la infanta Cristina atraviesa un periodo de cambios personales marcado tanto por su activa presencia pública como por su progresivo traslado de Ginebra a Barcelona. Mientras reorganiza su vida entre ambas ciudades, ha mantenido una agenda constante durante la Semana Santa, desplazándose por distintos puntos de España con un perfil discreto pero cercano.
Chismógrafo
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David Lozano
Tras unos días en Mallorca, la infanta viajó a Murcia y Cartagena, donde compartió el Jueves y Viernes Santo con la reina Sofía y la infanta Elena, participando en procesiones y mostrando cercanía con el público, pese a tratarse de actos fuera de la agenda oficial. Días después, su presencia se trasladó a un ámbito muy distinto: asistió al partido entre el Atlético de Madrid y el FC Barcelona en el Metropolitano, donde coincidió con Enrique Cerezo, en una aparición que refleja su vínculo con el deporte, reforzado tanto por su pasado con Iñaki Urdangarin como por el seguimiento de la carrera de su hijo, Pablo Urdangarin.
Paralelamente, Cristina está llevando a cabo un traslado progresivo desde Ginebra a Barcelona, cerrando una etapa iniciada en 2013. La mudanza se realiza por fases, trasladando muebles y enseres personales con la intención de reutilizar lo que ya posee. Su vivienda en Ginebra irá perdiendo protagonismo frente a su piso en la avenida de Pedralbes, adquirido hace tres años y recientemente reformado, donde planea establecerse de forma más estable.

La Infanta Cristina asiste al partido de balonmano de su hijo Pablo Urdangarin.
En este nuevo hogar ya reside Pablo Urdangarin, quien se ha asentado en Barcelona por su carrera como jugador del Granollers y atraviesa un buen momento profesional tras debutar con la selección española. Mientras tanto, mantiene una relación con Johanna Zott, centrada actualmente en sus estudios.
A nivel profesional, la infanta continúa vinculada a la Fundación la Caixa y mantiene una rutina que combina estancias en Barcelona y Ginebra con frecuentes viajes internacionales. En conjunto, este proceso refleja una etapa de transición en su vida personal y familiar, en la que, sin renunciar a su discreción habitual, sigue presente en la vida pública mientras afianza su futuro en la capital catalana. Ha dejado de ser una rémora incómoda del juancarlismo para el reinado de su hermano.