El 'paseo de la vergüenza' de Jonathan Andic que puede ser clave ante un jurado
La defensa del heredero del imperio Mango prepara su estrategia y tiene claro que se enfrentan a un complicado juicio, por eso guardan un as en la manga

Jonathan Andic llegando al Juzgado de Instrucción 5 de Martorell.
Hay imágenes que persiguen durante años. Fotografías que se convierten en una condena antes de que exista una sentencia. Y pocas han sido tan demoledoras en las últimas semanas como la de Jonathan Andic caminando esposado entre agentes de los Mossos d'Esquadra a las puertas de los juzgados de Martorell.
Cabizbajo. Rodeado de policías. Expuesto a las cámaras. Y señalado públicamente como el principal sospechoso de la muerte de su padre, el fundador de Mango, Isak Andic.
Lo que para muchos fue una imagen más de la crónica judicial podría terminar convirtiéndose en una de las principales bazas de su defensa.
Porque el denominado "paseíllo policial" —o, como algunos juristas ya empiezan a definirlo en privado, el auténtico "paseíllo de la vergüenza"— ha pasado de ser una fotografía incómoda a convertirse en un argumento procesal de enorme relevancia.
La estrategia del abogado Cristóbal Martell ya apunta claramente en esa dirección. La defensa sostiene que la exhibición pública de Jonathan Andic esposado vulneró su presunción de inocencia y generó una condena social anticipada cuando todavía ni siquiera existe una resolución judicial sobre el fondo del asunto.
Y no se trata de una cuestión menor.
Si la causa acaba llegando a juicio, serán nueve ciudadanos anónimos quienes deberán decidir si Jonathan Andic es culpable o inocente del presunto homicidio de su padre. No un tribunal profesional. Un jurado popular. Precisamente por eso, cualquier elemento susceptible de contaminar la percepción pública adquiere una importancia extraordinaria.
Las imágenes dieron la vuelta al país. Se reprodujeron en televisiones, periódicos y redes sociales. Millones de personas vieron a Jonathan Andic esposado antes de escuchar una sola prueba de cargo o de descargo. Antes incluso de que pudiera defenderse públicamente.
Ese es el corazón de la batalla que se está librando ahora.
La defensa intenta trasladar una idea muy concreta: que su cliente no solo se enfrenta a una investigación judicial, sino también a una narrativa pública que lo presenta como culpable antes de tiempo. De hecho, los recursos presentados en los últimos días denuncian expresamente una "condena social anticipada" alimentada tanto por las filtraciones como por determinadas actuaciones policiales.
No es casualidad que los abogados hayan incorporado el episodio del esposamiento a su estrategia. Tampoco que cuestionen la necesidad misma de aquella detención. Jonathan Andic conocía desde hacía meses que estaba siendo investigado, había colaborado con los requerimientos judiciales y no existían indicios de fuga. Por eso, la pregunta que sobrevuela el procedimiento sigue siendo la misma: ¿era realmente necesario mostrarlo públicamente esposado?
Mientras tanto, la investigación continúa marcada por una fuerte confrontación entre acusación y defensa. Los abogados de Andic sostienen que informes de la propia Unidad de Montaña de los Mossos no permiten determinar ni las causas exactas de la caída de Isak Andic ni la participación de terceras personas, una circunstancia que consideran incompatible con la contundencia de las acusaciones formuladas hasta ahora.
Pero más allá de los informes, los teléfonos móviles o las huellas analizadas en Montserrat, existe una realidad difícil de combatir.
La primera imagen que millones de personas conservarán de Jonathan Andic no será la de un empresario. Ni la de un heredero. Ni siquiera la de un investigado. Será la de un hombre esposado.
Y precisamente por eso, el mismo paseíllo que dañó gravemente su imagen pública podría convertirse mañana en uno de los argumentos más poderosos para cuestionar que haya tenido un juicio verdaderamente limpio.
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