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Tensión: el verano secreto del Emérito por Europa alarma al Rey Felipe

Unos meses de viajes, reencuentros y dolorosas despedidas, Don Juan Carlos lleva semanas viajando continuamente por el continente europeo y preocupa especialmente al Rey Felipe

El Rey Emérito, en una imagen de mayo de este año en Sanxenxo.

El Rey Emérito, en una imagen de mayo de este año en Sanxenxo.GTRES

David Lozano
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Juan Carlos I no parece dispuesto a pasar un verano tranquilo en Abu Dabi. A sus 88 años, el Rey Emérito continúa encadenando desplazamientos por distintos puntos de Europa y España, una actividad que, más allá de su dimensión personal, comienza a generar inquietud en Zarzuela. Fuentes próximas a la Casa del Rey aseguran que Felipe VI sigue con atención estos movimientos y que en el entorno del actual monarca existe preocupación por la salud de su padre ante una agenda de viajes que consideran especialmente exigente para su edad.

El último capítulo ha tenido como escenario Barcelona. El pasado jueves 20 de agosto, el avión privado en el que se desplaza Juan Carlos I aterrizó en la capital catalana procedente de uno de sus destinos anteriores. El motivo era profundamente personal: acudir a despedir a Josep Cusí, fallecido a los 92 años, y acompañar a su viuda y a su familia. El antiguo monarca quiso estar personalmente junto a los allegados de quien fue durante más de medio siglo uno de sus amigos más íntimos.

El viaje a Barcelona es especialmente significativo. Juan Carlos I llevaba más de una década sin pisar la ciudad y decidió romper ese prolongado paréntesis para despedir a Cusí. No hubo acto oficial ni agenda institucional: fue un desplazamiento estrictamente privado, motivado por una amistad que se remontaba a los años setenta y que sobrevivió incluso a la distancia impuesta por la marcha del emérito a Abu Dabi.

Pero el viaje a Barcelona es solamente la última parada de un verano particularmente intenso. El padre de Felipe VI ha pasado por distintos puntos de España y Europa, con estancias en Sanxenxo, Mallorca, Ginebra e Italia, entre otros destinos. Antes de viajar a Barcelona, el emérito había disfrutado de unos días en una villa situada a orillas del lago de Como.

Y es precisamente esa sucesión de desplazamientos la que empieza a preocupar en Zarzuela. Fuentes próximas a la Casa del Rey señalan que Felipe VI contempla con inquietud el ritmo de viajes de su padre y que tanto el monarca como su entorno permanecen muy pendientes de su estado de salud. No se trata, por tanto, de cuestionar que Juan Carlos I quiera mantener una vida activa ni de impedir sus desplazamientos privados, sino de la lógica preocupación de un hijo por un padre de 88 años que continúa sometiéndose a un ritmo de viajes considerable.

La situación tiene además una particularidad evidente. El Emérito reside desde 2020 en Abu Dabi y sus desplazamientos a Europa implican viajes largos, normalmente en avión privado, además de los posteriores traslados por carretera y las actividades que desarrolla durante sus estancias.

Su regreso temporal a España ha sido una constante. Sanxenxo continúa siendo uno de sus refugios habituales, especialmente por su relación con la vela y con el Real Club Náutico. Este verano también regresó a Mallorca después de siete años, reencontrándose allí con familiares y amigos.

Y después llegó Italia. El lago de Como fue otra de las escalas de este verano antes de que la muerte de Josep Cusí alterase sus planes y le llevara hasta Barcelona. La pérdida tuvo un impacto especial en el Emérito porque Cusí no era simplemente un amigo: fue durante décadas su compañero de regatas, armador del Bribón y una de las personas de su máxima confianza.

La relación entre ambos explica que Juan Carlos I no dudara en volver a coger un avión para despedirse de él. Cusí había sufrido un ictus en 2021 y, aunque su salud había deteriorado considerablemente su movilidad, ambos mantuvieron el contacto durante los últimos años mediante llamadas y videollamadas.

Pero en Zarzuela observan el conjunto, no solamente el motivo concreto de cada viaje. Felipe VI entiende perfectamente el componente emocional de algunos de estos desplazamientos, especialmente cuando se trata de despedir a amigos de toda una vida.

La preocupación tiene además un componente inevitablemente familiar. Juan Carlos I se acerca a los 90 años y buena parte de las personas que forman parte de su círculo histórico tienen también edades avanzadas. En las últimas semanas ha tenido que afrontar la muerte de varios amigos cercanos, entre ellos Alfonso Fanjul y ahora Josep Cusí. La pérdida de personas de su generación está adquiriendo una presencia cada vez mayor en su vida.

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