El Rey Felipe cita al Ejército, salta la alarma en Moncloa y sentencia a Pedro Sánchez

Las diferencias entre el presidente del Gobierno y Zarzuela no solo se rebajan sino que son cada vez más notables. La situación es de ruptura total y Casa Real pasa a la ofensiva

La reunión en Zarzuela que ha sentado muy mal en Moncloa.Casa de S.M. el Rey

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El Rey Felipe ha decidido mover ficha ante la parálisis que mantiene bloqueado su viaje a Ceuta. El Rey no ha querido quedarse de brazos cruzados mientras la crisis fronteriza continúa y la visita que tiene previsto realizar a la ciudad autónoma sigue sin concretarse. Ante la falta de avances, el Monarca ha optado por llevar la situación de Ceuta hasta el Palacio de La Zarzuela y reunir allí a la cúpula de la Defensa para conocer de primera mano qué está ocurriendo sobre el terreno. Un movimiento de enorme carga institucional que vuelve a marcar distancias con Pedro Sánchez.

La reunión se celebró con la máxima discreción y no figuraba  en la cobertura oficial de la Casa del Rey. Felipe VI recibió en Zarzuela a la ministra de Defensa, Margarita Robles, al Jefe de Estado Mayor de la Defensa, al comandante general de Ceuta y a los principales mandos operativos. El objetivo era claro: disponer de información directa sobre el despliegue militar, las capacidades operativas y la situación de seguridad en la ciudad autónoma después de la crisis migratoria de finales de julio.

Monarquía Confidencial cuenta que el Rey se ha movido por la demora de Pedro Sánchez para autorizar o impulsar el desplazamiento del Rey a Ceuta. Según fuentes próximas a Zarzuela, ante la falta de concreción para que Felipe VI pueda desplazarse personalmente hasta la ciudad, la Corona decidió trasladar el análisis de la situación a su propia residencia oficial. Una decisión que adquiere todavía más significado teniendo en cuenta que el jefe del Estado ostenta constitucionalmente el mando supremo de las Fuerzas Armadas.

Y es aquí donde aparece el verdadero trasfondo político de la maniobra. Felipe VI no ha esperado a que Moncloa termine de despejar el camino para obtener información sobre una crisis que afecta directamente a un territorio español. Ha convocado a quienes pueden ofrecerle una radiografía militar de la situación y ha tomado la iniciativa desde Zarzuela. Un gesto que difícilmente puede desligarse del creciente malestar que rodea la relación entre la Casa del Rey y el Ejecutivo de Sánchez.

Las circunstancias que rodean la crisis de Ceuta hacen todavía más relevante el movimiento. Más de 70.000 personas cruzaron irregularmente hacia la ciudad autónoma durante los días 30 y 31 de julio, según las informaciones publicadas sobre aquella crisis, y miles de personas continúan en Ceuta. Además, la desclasificación de documentación del CNI ha revelado que los servicios de inteligencia habían comunicado previamente la existencia de convocatorias para intentar acceder a la ciudad, aunque el Gobierno sostiene que aquellas comunicaciones no constituían una alerta formal sobre la magnitud posterior de los acontecimientos.

En este contexto, la decisión del Rey adquiere una dimensión que va más allá de una simple reunión informativa. Mientras el Gobierno trata de administrar las consecuencias políticas de la crisis y defiende que no existió una alerta formal que anticipara su magnitud, Felipe VI ha querido conocer personalmente la situación desde la perspectiva de la Defensa. Y lo ha hecho reuniendo en Zarzuela a los máximos responsables militares relacionados con Ceuta.

El movimiento no ha sentado bien en Moncloa. Fuentes próximas a Zarzuela aseguran que la convocatoria extraordinaria de la cúpula militar incomodó profundamente a Pedro Sánchez y que pone de manifiesto las diferencias de criterio entre el Gobierno y la Casa del Rey sobre la gestión y la visibilidad institucional de la crisis.

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El Gobierno parece medir cada paso para evitar una escalada diplomática con Marruecos, mientras que desde Zarzuela se transmite una preocupación directa por la seguridad y la soberanía de Ceuta. El resultado es una fotografía institucional cada vez más incómoda: un Rey que quiere estar sobre el terreno, un Gobierno que demora ese desplazamiento y una Corona que, mientras tanto, busca información directamente de la cúpula militar.