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Terror en el concierto de Shakira: riesgo extremo en la grada alta

La primera actuación de la colombiana en Madrid deja quejas por el movimiento de las gradas superiores, personas atendidas por ansiedad y largas esperas para acceder al recinto.

Las gradas VIPs del primer concierto de Shakira

Las gradas VIPs del primer concierto de ShakiraGTRES

David Lozano
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El primer concierto de Shakira  en Madrid estaba llamado a ser una noche de celebración. La cantante colombiana regresaba a España después de ocho años y lo hacía por todo lo alto, inaugurando una residencia de doce conciertos en el recinto Iberdrola Music de Villaverde, rebautizado para la ocasión como Macondo Park. Más de 50.000 personas llenaron el estadio para asistir al espectáculo, pero para algunos de los asistentes la experiencia terminó muy lejos de la fiesta que habían imaginado.

El motivo se encontraba en las gradas superiores. Varios espectadores aseguran haber vivido momentos de auténtico miedo debido al movimiento de las estructuras durante el concierto. Algunos de ellos llegaron incluso a abandonar sus localidades y desplazarse hacia los pasillos ante la sensación de inseguridad que, según sus testimonios, les provocaba el balanceo de las gradas. Una situación que habría llevado a varios asistentes a sufrir crisis de ansiedad y a necesitar atención de los servicios sanitarios del recinto.

Una de las espectadoras que acudieron a ver a Shakira explica que se encontraba en la zona C2, en las partes superiores, y que la grada "se movía muchísimo cuando la gente se movía". Según su relato, la sensación llegó a ser tan intensa que "no bailaba nadie del miedo que tenía la gente". La misma espectadora asegura que algunas personas sufrieron crisis de ansiedad y tuvieron que ser atendidas por los servicios médicos.

La situación tuvo además un componente especialmente delicado para quienes acudieron acompañados de niños. Esta espectadora había acudido con su hija pequeña, que vivía su primer concierto, y asegura que durante buena parte de la actuación percibió el miedo de la menor. "Me decía que le agarrara la mano", relata. Para ella, la noche terminó siendo "agridulce", porque la preocupación por el comportamiento de las gradas impidió disfrutar plenamente de un espectáculo que llevaba meses esperando.

Otros asistentes describen sensaciones similares. Una de las personas entrevistadas asegura que las gradas "se balanceaban" y recuerda la presencia de bomberos y personal de seguridad revisando la zona. En redes sociales también aparecieron testimonios de espectadores que hablan de ansiedad y de personas que decidieron bajar hasta los pasillos de las zonas inferiores ante el temor que les producía permanecer en las últimas filas.

La controversia tiene, además, un elemento técnico que conviene poner en contexto. Algunos asistentes recuerdan que las estructuras de este tipo pueden estar diseñadas para presentar cierta flexibilidad y absorber los movimientos del público. Otros, sin embargo, sostienen que el balanceo experimentado aquella noche fue excesivo en comparación con otros conciertos a los que habían asistido. Por el momento, los testimonios recogidos reflejan fundamentalmente la percepción de los espectadores y su preocupación, y no permiten por sí solos determinar si existió un problema estructural o de seguridad.

Y las gradas no fueron el único foco de malestar durante el estreno. El acceso al recinto también provocó numerosas quejas. Algunos asistentes aseguran que tuvieron que esperar hasta dos horas para poder entrar, mientras que otros denunciaron las largas colas para comprar comida y bebida una vez dentro de Macondo Park. Las primeras informaciones del propio viernes ya apuntaban a retrasos en la apertura de las puertas y a importantes aglomeraciones en los accesos.

La magnitud del dispositivo explica en parte el desafío. El recinto tiene capacidad para unas 50.000 personas y Macondo Park ocupa alrededor de 220.000 metros cuadrados, con diferentes espacios dedicados a la música, la gastronomía, la literatura, la moda y otras actividades. La primera jornada, sin embargo, puso a prueba la organización ante una afluencia masiva que provocó esperas y momentos de tensión.

Todo ello dibuja una cara B del espectacular desembarco de Shakira en Madrid. 

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