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Esto es lo que no hacer si quieres mejorar tu acné, confirmado por esta experta en médicoestética

Los tratamientos, según los expertos,  no son tan efectivos si se hace alguna de estas cosas, especialmente a la hora de tratar el acné adulto

Silvia Suárez Jiménez

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El acné es una de las afecciones dermatológicas que más afectan a la población nivel mundial, y en distintas etapas de la vida, ya que aunque suele asociarse principalmente con la adolescencia, sus síntomas pueden aparecer a cualquier edad. De hecho, se estima que alrededor del 85% de los adolescentes entre los 12 y 24 años experimentan algún grado de acné (debido a cambios hormonales) pero también un 40-50% de los adultos entre 20 y 30 años continúan presentándolo, así como mujeres de los 30 a los 40, especialmente.

Este trastorno de la piel, en el que los folículos pilosos se obstruyen con grasa (sebo) y células muertas, da lugar a la aparición de espinillas, puntos negros, quistes o inflamaciones antiestéticas. Más allá de su impacto físico, el acné también puede afectar significativamente a la calidad de vida de quienes lo padecen, por lo que comprender sus causas, evolución y tratamientos es fundamental. Para ello, Olalla Álvarez, enfermera y experta en medicina estética en Madrid, destaca que seguir unos buenos hábitos (que van desde la alimentación a los hábitos de limpieza en casa) es tan importante como el skincare y los tratamientos.

“Si hay algo que veo constantemente en consulta es que muchas pacientes invierten en buenos tratamientos y cosmética, pero siguen manteniendo hábitos que perpetúan o incluso empeoran el acné; y ahí está muchas veces el problema”, relata la fundadora de Olalla Álvarez Aesthetic Medicine.

De hecho, Álvarez revela que donde más flaquean sus pacientes suele ser en la dieta y el control del estrés. “En consulta es superimportante que combinemos tanto la prescripción dermatológica con buena alimentación y control del estrés, así como otros tratamientos (como el láser) y una rutina clara y efectiva”, dice como parte de su exclusivo protocolo para mejorar cicatrices de acné.

La experta en el tratamiento del acné en su clínica de Madrid.

La experta en el tratamiento del acné en su clínica de Madrid.

A pesar de que, respecto a la alimentación, la experta en medicina estética señala que lo que más impacto tiene “no es un alimento aislado, sino el conjunto”, recomienda prestar atención a tres grandes grupos que conviene reducir para mejorar la piel de verdad: azúcares simples, ultraprocesados y, en algunos casos, lácteos. “Todo lo que genera picos de insulina favorece la inflamación y la producción de sebo, y eso se traduce en más brotes”, detalla.

Además, otro de los errores en los que no suele caer en la cuenta la mayoría de las personas afectadas por este problema es el alcohol. “Es un punto clave, ya que no solo deshidrata, sino que altera la función barrera de la piel y favorece la inflamación”, señala Álvarez. “Si alguien tiene acné activo, reducir su consumo marca  completamente la diferencia”, dice, señalando que es habitual ver pacientes que muestran más brotes tras el fin de semana de excesos. 

Otro aspecto interesante de la alimentación es el de valerse de aquellos productos que regulan la inflamación y la respuesta hormonal. “Por ejemplo, alimentos ricos en omega 3 como el salmón, las sardinas o las nueces, que ayudan a reducir la inflamación cutánea”, explica. También verduras de hoja verde y alimentos ricos en antioxidantes (como frutos rojos o zanahoria), que son los que van a “proteger la piel del estrés oxidativo”.

Además, y no menos importantemente, es mantener estable la glucosa. “Aquí entran los alimentos de bajo índice glucémico: legumbres, arroz integral, avena o quinoa. Evitar picos de insulina es fundamental para no estimular la producción de sebo”, tercia. Asimismo, el zinc también juega un papel fundamental en la piel, por lo que alimentos como semillas de calabaza, huevos o marisco pueden ser buenos aliados.

“Y algo básico que muchas veces se olvida: una buena hidratación. Beber suficiente agua no ‘cura’ el acné, pero sí ayuda a que la piel funcione mejor y a que los tratamientos sean más eficaces”, tercia Álvarez.

Al final, su recomendación global pasa por un baremo infravalorado: el estilo de vida. “Dormir mal, algo muy típico con cambios de hora o estrés, altera el cortisol y eso impacta directamente en la piel. Veo muchos brotes que no son por cosmética, sino por falta de descanso”. “Y luego están los pequeños hábitos que parecen insignificantes, pero no lo son: no cambiar la funda de la almohada con frecuencia, tocarse la cara constantemente o no limpiar bien el móvil; son focos continuos de bacterias que mantienen el acné activo”, aclara.

Por eso, cuando planteamos un tratamiento en consulta, no se trata solo de lo que aplicamos en la piel, sino de acompañarlo de estos cambios. “Si no, el resultado nunca es completo”, concluye la experta. A pesar de que es cuando ajustamos todo (hábitos, alimentación y tratamientos; “la clave está en combinarlo todo”, añade), en el momento en el que realmente vemos mejoras radicales, los pequeños gestos son claves para mejorar el acné desde los hábitos del día a día.

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